viernes, 25 de julio de 2008

Javier en el shopping.

Javier terminó lo que estaba haciendo, cerró la computadora y le dijo a su secretaria que iba a salir un rato. Al otro día era el cumpleaños de su esposa y quería pasar por el shopping para comprarle un buen regalo. La pobre, con el aguante que le tenía, se merecía que al menos una vez postergara el trabajo por ella.
-Vaya, señor. No se preocupe, yo me encargo de todo – le contestó la secretaria, dedicándole una sonrisa que le confirmaba lo que él ya sabía: era el marido perfecto.
Recorrió distintos negocios sin poder decidirse, hasta que se detuvo frente a uno. “Con esto la mato”. Sin pensarlo dos veces, entró a la lencería. Un señor maduro pero tan buen mozo y elegante como él no podía ocasionar otra cosa que no fuera una estampida de empleadas.
-Estoy buscando algo especial para mi esposa, no sé, un camisón o un pijama de seda, tal vez ustedes puedan asesorarme.
-Por supuesto – contestó la que supo adelantarse -. ¿Tiene idea de cuánto quiere gastar?
-El dinero es lo de menos.
Todas murieron. Javier, que sabía hacer valer el azul de sus ojos, no paraba de hablarles de su mujer y sus dos hijos. Todo esto sin dejar de observar distintos modelos de camisones, camisolines y baby dolles que levantaba y extendía para verlos mejor o posabas ligeramente sobre alguna de las chicas para imaginarse cómo le quedaría a su esposa. Finalmente, dijo:
-Este, me quedo con éste. ¿Puede ser también una robe y unas pantuflas que hagan juego?
“Este hombre es un divino”, pensó la cajera, que hacía rato lo miraba con el mentón apoyado en el puño y una tierna semi sonrisa. “Cuándo será el día que el flaco me compre aunque más no sea una bombacha. Mejor me dejo de pensar estupideces y le hago el cupón de la tarjeta”. Javier firmó y salió con dos enormes cajas envueltas en papel de seda violeta y moños dorados, dejando a las chicas con tema de charla para todo el día.
Apenas había cruzado la puerta cuando le sonó el teléfono.
-Te tenemos rodeado. En cuanto asomes la nariz te matamos.
Click.
El socio le había advertido que con esos tipos no se jodía, que si no pagaban la coima prometida, ellos se la iban a cobrar de alguna manera. Nunca pensó que llegarían a tanto. Pero no, no podían ser ellos. Profesionales así no iban a cometer una desprolijidad tal como matarlo a la vista de todo el mundo. Seguro que lo apretarían, pero con otros métodos más lógicos en estos tiempos. Y Javier estaba preparado para enfrentarlos en ese terreno. Sin embargo, alguien lo había amenazado y no podía darse cuenta de quien. Decidió que lo mejor era quedarse a almorzar en el patio de comidas. A lo mejor era una broma. Tal vez si pasaba el tiempo y no salía, se acobardaban. La hamburguesa se le hizo un bollo en el estómago. El café que se tomó sin acordarse de la úlcera, casi lo mata. No sabía si irse o no. Tenía una reunión a las tres y no quería llegar tarde. Iba a hacer un intento y aunque más no fuera asomarse. Por las dudas, antes de cruzar la puerta llamó al socio para que pagara de inmediato lo que debían.
-Pero che, ¿por qué tanto apuro?
-Después te explico.
-Ok, si vos lo decís.
-Te llamo en un rato para que me confirmes que ya está.
Diez minutos y cuatro cigarrillos después lo llamó.
-Listo, quedate tranquilo. No sabés, los tipos no podían creerlo, ya habían dado la guita por perdida. Como mucho no podían hacer para no ponerse en evidencia… Al final tenías razón vos, no eran tan peligrosos.
-Sí, sí, chau.
La puta, había pagado al pedo. Ahora estaba convencido de que había sido una broma. Caminaba hacia el estacionamiento con pasos largos y rápidos, mientras pensaba cómo averiguar quién había sido el gracioso y cómo cobrarle a él la plata. Dos metros antes de la puerta de salida, volvió a sonar el teléfono.
-No te olvides que te estamos esperando.
Click.
Trató de escuchar algo más, pero fue imposible, sólo pudo captar un ruido extraño de fondo que no llegó a distinguir. ¿Sería el hermano de Isabel? El flaco era medio raro, no trabajaba, no estudiaba, pero tenía un auto y una moto, en algo debía de andar. No, tampoco podía ser. Ya hacía dos años que había terminado con Isabel. Era verdad que ella había quedado bastante mal después del aborto, pero tampoco podía pretender que él, con una familia ya formada, se hiciera cargo del pibe. Además, ella había estado de acuerdo. Le compró el departamento y la mantuvo durante un año. ¿Qué más quería? Plata. Seguro que el hermano quería chantajearlo con contarle a su mujer. No se iba a dejar ganar por un vago. Sin dudarlo, la llamó y le contó una historia de una secretaria que él había echado por inútil y que ahora, para vengarse, había desparramado el rumor de que ellos habían sido amantes y un montón de cosas más.
-Así que si te llaman, mi amor, ya sabés que es todo una mentira.
-¿Seguro que no tuviste nada que ver con ella?
-Te lo juro.
-Bueno, está bien. Cuando llegues a casa hablamos... Ah, gracias.
-Por favor, amor, ¿cómo no te iba a avisar?
-No, gracias por este lindo regalo de cumpleaños, boludo.
Click.
Bueno, parecía que hoy todo el mundo le cortaba. Para colmo, no se la escuchaba muy convencida. Ya que estaba en el shopping, le iba a comprar otro regalo; el reloj o la gargantilla con esas piedras que ni se acordaba cómo se llamaban pero que a ella le encantaban. Lo importante era que si ese hijo de puta volvía a llamar, él lo podía mandar a la mierda. Pero no, había hablado de matarlo. Entonces, no buscaba sólo plata. A lo mejor, Isabel estaba deprimida, peor, se había suicidado y el pibe lo quería matar en serio. Quién sabe había hablado de más, ahora encima su esposa sospechaba. Tenía que tranquilizarse y no mandarse más cagadas. Para despejarse y hacer más tiempo, se metió en el cine. No aguantó la película y se fue a la mitad. Con el apuro ni se había fijado qué daban y justo hoy era una de aquella época. ¿Serían algunos de sus ex compañeros? Nunca lo iban a perdonar. Era cierto que ante el primer grito que escuchó, largó todo lo que sabía, pero qué pretendían, ¿qué él fuera el único héroe? Para qué hacerse matar al pedo. “Pero no, ¿qué estás pensando, Javier?”, se dijo. “Esa gente hace años que te perdió el rastro, ¿cómo van a tener este número? Aunque nunca se sabe…” No sabía qué hacer, si salir y enfrentarlos o pasar la noche escondido en el shopping. Otra vez el teléfono.
-Todavía estamos acá.
Y otra vez el ruido, que ahora Javier sí llegó a distinguir. Era un tren. “¿Un tren? ¿Un tren? Si acá no hay ninguna vía cerca”, pensó al mismo tiempo que decía:
-Perdón, señor, pero…
-Topo, no la estirés más que nos estamos cagando de frío y total ya sos boleta.
-Topo, ¿qué Topo? Yo soy Javier Arándana, señor.
Otro tren.
-Che, negro, ¿quién carajo te dio este número? Está mal. Qué cagada, la puta que lo parió.
Click.

11 comentarios:

Trini dijo...

Menudo elemento el tal Javier, si a poco que le atizacen la conciencia... Un ejemplo de marido, de amigo, de amante: un cobarde como una catedral.

Me gustó el relato.

Saludos

Cameron West dijo...

jaajajaja pobre tipo.... pagó, se quemó con la jermu... y todo al pedo. buenisimo.

TU MADRE dijo...

Nombe, mi vecino se llama Javer y le paso lo mismo tambien jajaja. Muy buen relato. Muy buena vida para vos.

Adriana Menendez dijo...

trini, sevillana querida, es como con las brujas, no sé si existen pero que los hay, los hay.
gracias, beso.

cameron: el problema del tipo es que no leía libros de autoayuda

mi madre: javier es el esposo de emilia???!!! me muero! gracias, buena vida para vos también

T.R.Devlin dijo...

Me gusta el giro final. ¿Hay segunda parte de las andanzas de Javier? Me quedé con ganas de saber cómo recibe su mujer el ragalo. Saludos!

Adriana Menendez dijo...

dicen las malas lenguas, devlin, que las segundas partes nunca fueron buenas... pero nunca se sabe; saludos

Marce D´Onofrio dijo...

Qué buen cuento.
El argumento es muy bueno, y es interesante cómo se le va cayendo la estructura al tipo.
"gracias por el regalo de cumpleaños, boludo"...esa frase es genial.
Los tiempos están muy bien manejados. Da gusto leer algo así.

Me voy a ir poniendo al día con este blog que es extraordinario.

Un beso.

MD

Adriana Menendez dijo...

mi querido compañero noctámbulo d'onofrio: qué emoción recibir tan elogioso comentario a estas horas!! muchas pero muchas pero muchas gracias
beso
pd: yo también estoy poniéndome al día con tu blog

rastelman dijo...

ay javi javi... se ve que tenes unos molares y colmillos en esa conciencia que ante el menor disparados acuden en tropel cantidad de muertitos que crees bien sepultados. Cuanto vimos o leimos sobre gente con pasados culposos o miserables que en algun momento se les plantan enfrente... muy bien contado doña. Te seguiré leyendo

Adriana Menendez dijo...

gracias don rastelman!

Juliana dijo...

Muy buen cuento! Me atrapó, y me encantó el final.
Gracias por invitarme a tu sitio!