miércoles, 27 de agosto de 2008

La Emilia 1 - Presentación.

La Emilia es un personaje que, con diferentes nombres, pieles y cáscaras, ya ha aparecido en varios de mis cuentos. Decidí independizarla para que pueda gritar, patalear y putear en paz. Tiene unos treinta y pico y una compulsión irrefrenable a decir lo que piensa.








PD: tu corazón ha muerto.

Me cago en la hostia, decía mi abuelo asturiano; ¿qué se puede hacer con esto? Si lo intelectualizo, ya sé que nada, pero el intelecto no te sirve en estos casos, como no te sirve en realidad en casi ninguno. La teoría también te abandona. Y entonces, ¿qué se hace? ¿Se sigue la intuición o no? El sábado el tipo no estaba conmigo, parecía que sí pero ya no. Culpa, dolor, impotencia, angustia, omnipotencia desbaratada. ...... La muerte es infinita, no perdona ni al que se muere ni a los demás. Tiene más vueltas que la vida, la hija de puta. Es absurda. “No sirve para nada”, me dijo el viejo; “para una mierda”, agrego yo. La gente dice boludeces todo el tiempo. “Pobre, todo lo que se perdió”, es una de las frases más escuchadas. Pero cómo es posible que no entiendan que no ganó, ni perdió, que simplemente se murió. “Hay que vivir todos los días como si fuera el último porque algún día vas a tener razón”, dijo una, poseída por el espíritu de Heidegger después de haber leído las obras completas de Bucay. Y todos los que la rodean asienten en un silencio respetuoso, como en misa. ¿Cómo vamos a vivir así, manga de pelotudos? Cuándo se van a avivar que hoy puede ser un gran día es sólo una linda canción, nada más. Imaginate la situación: como pienso que hoy puede ser el último día; me levanto, desayuno cinco porros, salgo a la calle, levanto todo los tipos que pueda, cualquiera, me hago una fiesta y realidad todas mis fantasías; a la tarde me voy al shopping, me lo compro entero, visto a todas mis amigas hasta que cumplan sesenta y cinco años, vuelvo a casa, llamo a toda la gente que quiero, hago otra fiesta, alcohol, drogas, sexo y rock and roll hasta caer dormida en el piso, a esperar la muerte… pero me despierto. Y entonces vuelta a empezar porque no hay que olvidarse que hoy puede ser el último día… a la semana soy drogadicta, tengo el orto roto en siete partes y, lo que es peor, soy indigente y entonces….. me suicido. Al final la boluda tenía razón…. Uy, me colgué pensando qué pasaría si se muriera y me fui a la mierda, pero no se va a suicidar porque es él el que me dejó a mí. Qué hijo de puta.

8 comentarios:

Marce D´Onofrio dijo...

Emilita entendió muy bien que el desamor es lo más cercano a la muerte. Y en el medio de todo eso, aparece todo aquello que nos acerca al fin un poco más...Parece que todas las ecuaciones siempre dan cero.
Por lo pronto habrá que seguir averiguándolo...

Un beso.

Intimo y oscuro dijo...

me encantó, duro y gracioso a la vez.

Monotributo dijo...

quien sepa caducar sus fracasos volvera a sentir la vida plena............
quien tome el pincel al reves se manchara la mano...estan dentro de los 5.000.000 de mis pensares...se que es poco pero hago lo que puede MIMOSA

Adriana Menendez dijo...

el dicho "la curiosidad mata al hombre", MARCE, es una falacia total; es lo único que lo mantiene vivo, no te parece? beso.


gracias, OSCURITO, anduve por tu blog, no terminé, pero lo que leí me gusta. saludos.


nunca es poco si viene de usted, DIVINE MONOTRIBUTE

Juliana dijo...

MUY BUENO, Adriana.
La reflexion es fantastica, dura pero con mucha gracias, como dijo Intimo.
Y el remate final, el "Uy...", sencillamente genial!!
Un beso

Adriana Menendez dijo...

gracias JULI

Westernshaker dijo...

Me gusta La Emilia, me parece que se está haciendo la dura como todas... Ya le vamos a encontrar el lado amable, je, je.

Adriana Menendez dijo...

todas nos hacemos las duras, WESTERN, y emilia no es la excepción; pero en el fondo, créame, somos todas un dulce de leche... je je je