jueves 23 de abril de 2009

Huésped sin invitación.

No, no se arrepiente. Pero tiene miedo. Cuando le habla siempre queda en estado de sitio. Se ve obligado a hacerlo. A hablar, actuar y observar a través de una máscara que ni siquiera es propia y a través de la cual él hoy tiene que espiar y adivinar. Quizá empiece a viajar, aunque no vaya a ningún lado. Eso es lo de menos.
Pero no. Todavía no. Todavía le tira la piel. Y calla.
Tal vez ya esté todo dicho.
Tal vez hable cuando nadie lo pueda escuchar.
Tal vez esa sea una forma de empezar.
Será cuestión de concentrarse en no pensar y aguantar la tentación de volverse loco. Después de todo, nadie cree que se pueda pensar sólo con la cabeza… Dios, por ejemplo, a veces es soberbiamente injusto.

3 comentarios:

José Ignacio dijo...

Voy disfrutando, entrada a entrada tu estilo de relatar. Esta entrada, en concreto me transmite el horror convertido en silencio y soledad no buscada.
Acabas con una afirmación; yo, no se si Dios es injusto pero creo que tuvo el acierto de dar libertad a nuestro raciocinio.
Hasta pronto colega.

Jv. dijo...

Exacto. Me gustó mucho el estilo de tu escrito.

Saludos.

Adriana Menendez dijo...

gracias JOSÉ IGNACIO; gracias y bienvenido JV.; un abrazo para los dos.