martes, 21 de abril de 2009

La cita.

Ningún “tercero en discordia”. Simplemente el fin. Al amor hay que protegerlo, dice la madre. No se puede proteger lo que no existe, piensa ella. Hoy se encuentra con él a la tarde. Otra vez después de mucho tiempo. No sabe para qué llama. No quiere adelantarle nada. Por las dudas, decide ir. Necesita con urgencia un par de zapatos. No encuentra los adecuados. Sale del shopping con un vestido y una camisa que no usará. Ni hoy ni nunca. Le quedan grandes y mal. Se le hace tarde. Termina yendo con la misma ropa que está desde la mañana. Entra al bar. Es oscuro. Ella no va más a ese tipo de lugares. Ya no le gustan. Ya no es ella una loca oscuridad despeinada. Cuando le cuente, no lo va a poder creer. Tanto te insistí, va a decir él. Lo único que le queda de aquella época es la nostalgia. Se zambulle en la cartera buscando el encendedor y no lo encuentra. Se acuerda que ya no fuma. Espera. Decide esperar sólo unos minutos más. Lo ve venir. Está cambiado. Tiene el pelo largo. Y un cigarrillo en la boca. Se levanta y se va. Para qué…

3 comentarios:

José Ignacio dijo...

Comentan que en la vida hay tres actitudes posibles; la empatía, la antipatía y la indiferencia.
No me digas el porqué pero considero que la indiferencia también necesita protección.
Un besote.

Juli dijo...

Impecable.
Hay citas que nunca deberían hacerse. Hay lugares a los que no se debe volver.

Me encantó eso de que buscara el encendedor, y luego recordara que ya no fumaba...

Beso, Adriana.

Adriana Menendez dijo...

la verdad, JOSÉ, es que no lo sé. beso grande.


gracias, JULI, sos un encanto. beso enorme.