miércoles, 3 de junio de 2009

Agujero absurdo.

Domingo a la tarde.
Alguien se pone nostálgico aunque no tenga pasado. Otro se deprime sin razón. O con ella aunque no lo sepa. Él se aburre soberanamente desde que nació. Y, lo peor, se propone cambiar. Básicamente, todo. Trata de arrastrar a los demás en su búsqueda, sabiendo de antemano que no va a encontrar nada, y abandonándolos a mitad de camino. La madre siempre dice que es un chico muy sano, que nunca ha necesitado ir al psicólogo ni nada. Él se ríe y repite el dicho con un dejo de bronca. Como marcado por un estigma, se vuelve sinuoso. Formal por temor. Se casa casi hasta por hacerse el irónico. Se consigue una amante para curarse los celos. El entrelíneas, para los de afuera por supuesto, es clarísimo. Un balazo en la cabeza. Al final, tanto quilombo para terminar con un balazo en la cabeza.
Domingo a la tarde.

5 comentarios:

zorgin dijo...

ir a la cancha los domingos es terapéutico, sobre todo si puedo tirarle algún botellazo al referí...
catársis.

rafael romero dijo...

toda una vida, jeje. vista así, todo me parece esperpéntico. buen texto. saludos!

Adriana Menendez dijo...

es lo más, ZORGIN.


te parece, y lo peor... es que lo es RAFAEL!!! gracias y saludos.

José Ignacio dijo...

Es una imagen que me recuerda muchas veces lo estúpidos que podemos llegar a ser.
La pena es que el psicólogo no lo arregla.

Adriana Menendez dijo...

es que para arreglar semejante despelote no hay que ser psicólogo, JOSÉ IGNACIO, hay que ser mago.