martes, 16 de junio de 2009

La Emilia 17: ¿Quién acompaña tu marchaaaaaa?

Yo no soy creyente, pero cuando me dicen que dios me va a castigar, a veces, me asusto. Por eso, cuando llego a casa después de ver a mi madre, me pongo la ropa que me regaló y escucho los cds que me compró. Siempre. Esta vez, debo reconocer que me entusiasmaba la idea de volver a escuchar algunas canciones que formaron parte de mi más tierna infancia, diría el Doctor Socolinsky. Supuse, equivocadamente, lo que es habitual en mí por cierto, que me emocionaría, que me reíría, que me provocaría ternura, que me ….. No. Por poco ni me las acordaba las canciones, así que dejé la música de fondo mientras me cocinaba algo… No debemos de pensar que ahora es diferente, mil momentos como éste quedan en mi mente Empieza la canción y yo empiezo a recordar… No se piensa en el verano cuando cae la nieve… ¡Qué metáfora, lo parió! Deja que pase el momento y volveremos a querernos… ¡Error! Never se vuelve, querido... Tú, aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo…. Escucho esta última frase y no puedo dejar de pensar en la tía Herminia que está totalmente convencida de que todos los músicos y/o artistas de cualquier tipo y factor se drogan, a lo mejor tiene razón. Callada, aguardo tu llamada, espero en celo tu llegada, me abrazo fuerte a la almohada, me embriago de su perfume que huele a nuestras noches de amor. La verdad es que hay que ser muy pero muy inteligente para decir que estás caliente y te hacés una pajota sin que nadie se ofenda. Aplausos. Callada, (canta él, Camilo, obviamente), perdonas con ternura, todas mis locuras, y aunque sé que nada ignoras, y que por mis errores lloras, no soy capaz de cambiar. ¡Qué hijo de puta!, sonrío y, sin querer, grito: ¡master of the universe!… Ella: Y a pesar de todo, y a pesar de todo, te sigo queriendo. ¡Qué boluuuuudaaaaaaaaaa!!!! Él: Por tu timidez, por tu sencillez, por tu alma blanca. ¿Qué soy una palomita yo? ¿No entendés que te acabo de decir que estoy en celo? Ella: Por tu buen amor, por tu gran valor... Los dos: Porque sé que nunca me darás la espalda... Repitum ad infinitud… Cuando me di cuenta de que estaba cantando a viva voz, la cuchara de madera como micrófono, que la salsa de tomate de mierda que me estaba haciendo ya se me había quemado y que me había manchado la remera de leopardo que me había comprado mi mamá, decidí llamar a Verónica, antes que ponerme a llorar.

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