Yo era una de esas personas que llevan por la vida la carga pesadísima de ser los únicos - casi los únicos - testigos de su propia capacidad, su inteligencia, sus talentos. De esas personas que se ayudan, para levantar ese peso, con la convicción de que si quisieran - si se tomaran el trabajo - harían cosas muy extraordinarias pero no vale la pena tanto esfuerzo, el mundo no lo merece, para qué, cualquier imbécil puede hacer esas cosas que el mundo reconoce. No es fácil renunciar; mucho más fácil es hacerlas. Porque ese ejercicio de desdén no puede evitar caminar siempre por la cornisa del pánico: ¿y si fuera solamente que no puedo?de A quién corresponda, de Martín Caparrós.


3 comentarios:
Efectivamente, por muy mediocres que lleguemos a ser, todos nos consideramos el ombligo del mundo... ¡Así nos va!
Ouch. Un golpe directo a mi orgullo.
es así, CUMBRES, aunque cuando no tenemos ganas de levantarnos, sentirnos el ombligo nos ayuda, en definitiva, sólo somos humanos. beso.
al orgullo de muchos, JV. beso.
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