jueves, 22 de octubre de 2009

La Emilia 31: Fever Night Fever Night Fever

Dos amigos que, abatidos por no encontrar el sexo desenfrenado que antes de salir imaginaron conseguirían mientras ensayaban una mirada profunda a lo Clint Eastwood frente al espejo, beben en silencio, acodados en la barra, aburridos pero sin dejar de fruncir el ceño. Otros dos amigos que no paran de hacerle bromas a todas las chicas que pasan y, a juzgar por las miradas que reciben, los chistes son divertidos como una endodoncia. El que está parado con el whisky en la mano sonriéndole vaya una a saber a quién, por lo general de jeans y camisa blanca a rayas celestes y que nunca liga nada. El que se quedó en los setenta, se desprendió la camisa hasta casi el ombligo y se dejó los tres pelos que le quedan hasta el hombro. El grupo de recién divorciadas haciendo que festejan y son felices. La que tiene trescientas horas de gimnasia por semana, no se clava nunca una hamburguesa, ya no sabe lo que es un bombón, y el último alfajor que comió se lo trajo su abuelo de Mar del Plata en el verano del 82. Preciosa y amarga como ruda macho. La que dice que no le gusta llamar la atención y por eso se pone jeans con encajes, blusa blanca escotada y transparente (en lo posible con priedritas brillosas), tacos como zancos, algún toque de animal print, mucho peinado de peluquería, mucha uña esculpida. La que se apoya en una columna, mira… mira… mira… revolea… revolea… revolea… histeriquea… histeriquea… histeriquea… Hombres que miran a mujeres y mujeres que miran a hombres. Más o menos esto es lo que vimos en el lugar que nos recomendó el mozo del restaurante cuando, después de comer, a la prima se le ocurrió ir a bailar y, antes de que yo pudiera abrir la boca, Vero me miró con la típica cara de “no me dejes sola, por favor, viene una vez por año a visitarme y mi obligación es llevarla donde quiera”. Era un lugar de gente un tanto más grande que nosotras. A la prima no le importó. Fue entrar y perderla. Qué sé yo, sudará feromonas la tipa. Tengo un lapsus en mi memoria, no sé cómo pero de pronto estaba bailando, desenfrenada, con Vero y con mi quinta cerveza en la mano. “I was made for lovin' you baby” es sencillamente irresistible. Reaparece la prima, saltando como loca, despeinada, y gritando que había conocido a un cubano increíble pero que no besaba tan bien como el rubio que tenía de la mano. ¿Venderán feromonas en pastillas? Yo en realidad me tendría que dar una endovenosa diaria. Todo pasa muy rápidamente en estos lugares. Por fin se me acerca un muchachito, un poco muñequito de torta pero nada feo. Lástima que abrió la boca. “¿Cómo te llamás?”, me pregunta en un arranque de originalidad y extrema confianza. “Emilia”, le contesto y recuerdo que no debo beber tanto. “Qué lindo, con e de esperaza”, me dice.  “Ah, te gusta Diego Torres, lo nuestro no va a andar, corazón”. Las tres no fuimos al otro lado de la pista, lo dejamos a él y perdimos al rubio en el camino. “No importa”, dijo la prima, “ya me había dado el teléfono, mañana lo llamo”. Seguimos bailando otro rato. Hasta que empieza a sonar Color Esperanza y, como era de esperar, reapareció el muñequito. “Seguidor como perro de sulky”, me dice la prima. “Tu posmodernidad me alucina”, le dije. Me miró y no sé si ella no me entendió a mí o si yo no la entendí a ella. Total, que lo que nos surgió a las dos fue una estridente, borracha y por qué no campechana carcajada. Y sí, cada tanto hay que pintarse la cara.

5 comentarios:

José Ignacio dijo...

Emilia, Emilia, lo que nos toca vivir. Un abrazo.

Leo Lobos dijo...

Mis saludos y gracias y felicitaciones por su espacio de comunicación y cultura, he pasado a leer-mirar es grato tenerle en el vecindario virtual

Leo Lobos

Adriana Menendez dijo...

es así, JOSÉ IGNACIO, aunque, más que lo que nos toca vivir... ¡¡lo que nos toca encontrar!!!! beso


muchas gracias, LEO!! un abrazo.

CumbresBlogrrascosas dijo...

Así que la prima de la Vero viene del campo y os da sopas con onda... Ay, ay, ay...

Bueno, Emilia, ya me he puesto al día, que hacía tiempo que no te visitaba. Muchos besos (y también para ti, Adriana)

Adriana Menendez dijo...

la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, CUMBRES, me alegra que hayas vuelto, se te extrañaba por estos pagos.