viernes, 9 de octubre de 2009

Maldad inocente.

Ella tenía veinte años, quería conocer Egipto, tener aventuras. Él estudiaba antropología, y decía lo mismo. Como era de esperar, se casaron. Él empezó a dar clases en la facultad y ella se dio cuenta de que no estaba con Indiana Jones. No hubo Egipto ni aventuras. Sólo una sucesión continua de reclamos. “Me aburrís”. “Me amargás”. “Nunca tenemos un peso”. “¿Por qué no te vas?” “¿Por qué no te morís?” “No te quiero ver más en mi vida”. Él, siempre imperturbable a sus quejas. Hasta que dijo: “No me provoques más, por favor”.
Fueron sus últimas palabras. No habló más esa tarde. Explotó, ella por supuesto.
“No tenés derecho”. La invadió una especie de crueldad necesaria que no pudo contener. “Siempre mirándome con ojos de buitre, como si yo fuera una momia”. Imbécil fue lo menos que le dijo. “Sacás lo peor de mí”. Confesó sus amantes. “Impotente, mariquita, inútil”. No podía parar. “Te veo y me dan ganas de vomitar”. Tuvo la imperiosa urgencia de tirarle el mundo por la cabeza. “La culpa de todo la tenés vos”. No le alcanzaba con humillarlo, quería más. “Poca cosa”. No lo podía evitar. “Sabés que tengo razón, lo sabés”. Quería una especie de resarcimiento que estaba convencida que merecía. “¿Quién te pensás que sos? Estúpido. ¿Barreda? Pero dejá ese cuchillo donde estaba, haceme el favor. Ni que te fueras a animar.”
Fueron sus últimas palabras. No habló más. Nunca más. Se fue a la facultad caminando, él por supuesto.

4 comentarios:

RMC dijo...

Hola Adriana, bonito texto y bonito blog, te felicito.

Un beso
RMC

José Ignacio dijo...

Mal asunto cuando las relaciones matrimoniales o de pareja requieren el uso de la violencia. Es una lamentable situación que las víctimas pertenezcan más a al genero femenino y que en demasiadas ocasiones los pequeños de la familia sean testigos de un horrible acontecimiento.
Entienda que la mujer puede ejercer una presión constante con su quejas pero educar a resolver los conflictos domésticos y de otra índole buscando otras vías es un reto social difícil.
Hasta pronto

Adriana Menendez dijo...

muchas gracias por tus palabras, RMC. beso.



así es, JOSÉ IGNACIO, mal asunto la violencia, mal asunto...

CumbresBlogrrascosas dijo...

Se fue al infierno, ella, por supuesto. Y también él, claro.

La solución de él no tiene justificación alguna, pero tampoco la actitud de ella.

Un abrazo, por supuesto.