jueves, 25 de marzo de 2010

En el nombre del...


Creyó que por fin había llegado el momento. Decepción total. Ni túnel, ni luz, ni imágenes extrañas, ni parientes no vistos durante años; nada. Entonces se dio cuenta de que, para su desgracia, no había llegado. Todavía sin poder moverse y sumergida en una especie de paranoia, recuerda (o cree que recuerda) una frase que escuchó antes de nacer, hace quince años. “No quiero tenerlo”. Tal vez, se la contaron. Tal vez, se la repitieron en muchas oportunidades. La vuelve a escuchar pero ahora viene de adentro. Pero ahora no sale. Tampoco llora. Sabe que las lágrimas son limitadas, como los óvulos, y ella ya las gastó todas. Por culpa de aquel que pronunció la frase, y que la repitió apenas cuatro meses atrás. Había que seguir. En definitiva, ella ya se veía como un fantasma, y los fantasmas no se pueden morir. Ni de hambre. Ni de sed. Ni de nada. Ni siquiera de parto.



2 comentarios:

zorgin dijo...

qué va a ser de tí, lejos de casa, nena, que va a ser de tí...

Adriana Menendez dijo...

qué sé yo, ZORGIN, qué sé yo...