lunes, 8 de marzo de 2010

La Emilia 39: Los caballeros las prefieren... ¿cómo?

“Para mostrar tus deseos a flor de piel, provocando y dejándote provocar. Para que en cada paso sueltes tus sueños, para que el mundo entre en ellos y en tu fibra íntima. Para que te desvistas ante esas miradas que aún no te descubrieron. Hombre, mujer, seres eróticos…”. Juro que esto es una publicidad de ropa. De-ja-te-de-jo-der. Ya sé que está dirigida a gente para la cual la máxima expresión de valentía y coraje es pedir de postre una mousse de chocolate, pero igual… Y hablando de postres, pensándolo bien, yo estoy en el horno. Para empezar, si hay un lugar donde están mis deseos, no es precisamente a flor de piel. No sé si tenerlos ahí es bueno o malo, sí que debe de ser incómodo. Tal vez debería volver a terapia para resolver el asunto, tal vez haya un lugar intermedio entre la flor de la piel y un recóndito rincón del duodeno. El tema es cómo hace una para mostrar sus deseos, si es que los conoce en primer lugar. El novio de una amiga, psicólogo él, decía que lo mejor era hablar y hablar. La verdad es que yo hablo hasta cuando me callo, y la mayoría de las veces no tengo la menor idea de lo que quiero. O sí, pero haciéndome la boluda no hay quién me gane. Provocar… provocar. Yo provoco bastante y, la verdad, es que la gente vive provocándome. El tema es qué. Ahí te quiero ver. Con respecto a andar soltando los sueños por la calle mientras una camina es, como mínimo, peligroso, sobre todo para los demás, que los tienen que
andar atajando. Lo que no comprendo del todo es eso de que el mundo entre en mis sueños. ¿Vendría a ser algo así como una terapia ya no grupal sino global? También peligroso, una no puede andar invitando a toda la gente que conoce a que entre en su fibra más íntima, por lo menos, no si quiere evitar un suicidio en masa. Por último, si hay miradas que no me descubrieron, ¿para qué me voy a poner en bolas delante de ellas si no me van a ver? ¿Para alimentar mi baja autoestima? Al final mi tía Dora va a terminar teniendo razón, “hay gente rara”, dice ella todo el tiempo, con una inocencia envidiable. Ah, estoy pasando por un momento inolvidable. Qué lindo que me dejé convencer por Mami que, para festejar el día de la mujer, me invitó a almorzar y a ir de compras. Perdón por usar un cliché prejuicioso, pero quiero ser rubia.

6 comentarios:

Vicsabelle dijo...

Interesante y creo que sobre todo, hay que ser uno mismo...
Un abrazo y feliz dia de la mujer...

CumbresBlogrrascosas dijo...

A ver, Emilia, si (utilizando el cliché prejuicioso) las rubias son tontas, ¿por qué las morenas querrían ser rubias? Y si por la misma regla de tres, las morenas son más listas, inteligentes, cultas, etc., ¿por qué las rubias no se tiñen de morenas?

Lo que es un hecho irrefutable es que el número de mujeres que nacen morenas y tarde o temprano se convierten en rubias, va en aumento. En cambio, no conozco casos al revés. ¿Tú crees que acabarás siendo rubia?

José Ignacio dijo...

la interpretación de Marilyn Monroe en el papel de la rubia superficial me parece que no liga con el carácter de Emilia.
Ciertas provocaciones suelen ser necesarias para no pasar por idiota pero no suelen ser útiles.
Un saludo.

Adriana Menendez dijo...

muchas gracias, VICSABELLE.


querido CUMBRES: la emilia no quiere ser rubia, y jamás terminará tiñéndose, lo que sí le gustaría lograr es que su cabeza tenga alguna rosca menos, aunque sea de vez en cuando. con respecto al porqué del cambio de color de pelo de las morenas, no tengo respuesta. ¿será porque en definitiva los caballeros sí las prefieren rubias? beso.


definitivamente no liga, JOSÉ. las provocaciones.... qué sé yo, tal vez tengas razón y suelan ser inútiles, pero algunas no se las puede dejar pasar, y la emilia tiene pocas pulgas. un abrazo.

CumbresBlogrrascosas dijo...

No todos los caballeros, al menos, no en mi caso. Para mí, Mogambo, es Ava Gardner.

Adriana Menendez dijo...

por eso es que nos estamos haciendo amigos y que sin conocerte te quiero, CUMBRES.