lunes, 15 de marzo de 2010

La Emilia 40: Los sospechosos de siempre (vamos, y algún que otro inesperado también)

Todos los días trato de no sacarme, de que la cadena siga en su lugar, de que la térmica no salte, pero el mundo se confabula para que no pueda lograrlo. Hoy me levanté bastante tranquila, desayunaba en paz, mi mate amargo a la derecha, leyendo el diario, cuando un titular hizo que mi pobre gato, que sólo maullaba por un poco de comida, se comiera en realidad una buena patada en el culo (debo aprender a manejar mi furia contra el objetivo que se lo merece, me digo y me prometo escribirlo cien veces para cumplirlo). Parece ser que en algún lugar de Alemania llevaron a cabo una investigación sobre la psicología de la atracción sexual. Y los sabios teutones llegaron a la sabia conclusión de que “los hombres se sienten atraídos por una variedad más amplia de mujeres cuando están estresados”. Pero estos hijos de una gran Heidegger, ¿por qué no gastan sus millones en investigar el aumento en la colonia de jejenes en la Selva Negra en vez de inventar excusas pelotudas? Imagínense la situación que se puede llegar a generar cuando, por ejemplo, después de leer semejante artículo un administrativo que vive en Lanús llegue a la casa y alegremente, dando por sentado que ella leyó el diario y lo va a entender, le diga a su señora: “es que querida, vos sabrás comprender, me tuve que coger a la vecinita de enfrente, que me tiene locoloto, porque hoy en la oficina me agarró el jefe y me puso muy nervioso”. La mujer seguramente lo comprenderá y, acto seguido, lo pondrá culo al norte para hacerle una enema de Prozac al grito de “Vení que te tranquilizo, mi amoooor”. Esto es lo que yo llamo irresponsabilidad científica y periodística, no tienen en cuenta las consecuencias de sus actos estos idiotas, pero no me voy a ir por las ramas y no voy a hablar de los diarios, aunque ganas no me falten. Volviendo..., la verdad es que he escuchado pretextos estrambóticos a lo largo de mi vida, pero éste se lleva los laureles. Aunque pensándolo bien, recuerdo al marido de una amiga que, cuando ésta le encontró el voucher de la tarjeta de crédito con el que había pagado su estancia en “Los jardines de Sodoma” (entre paréntesis hay que ser pelotudo para pagar con tarjeta de crédito) dijo que se había metido a dormir una siestita en un telo porque le dolía la muela y estaba lejos. Le bajaron todos los dientes, para que se ahorrara la visita al dentista. En realidad, muchachos y muchachas de mi barrio, las excusas son innecesarias. Hay que convencerse de una buena vez de que los cuernos están sobrevalorados. La fidelidad es un mandato cultural, es hora de que nos demos cuenta de que lo importante pasa por otro lado, de que el sexo no es egoísta, de que acostarse toda la vida con la misma persona es imposible, además de aburrido. Todo esto siempre y cuando no me toque a mí ni a ninguna de mis amigas. Ahí es el preciso momento en que la racionalidad, el progresismo y las justificaciones varias se me van al reverendísimo carajo.
Lo que más bronca da es enterarse. He escuchado a más de una decir frases como: “Qué carajo me importa que tenga sus cosas por ahí, pero encima me tiene que tomar por imbécil y hacérmelo saber el gilipollas del orto” (esta amiga había pasado un tiempo en España y no paraba de usar ese tipo de frases, a lo mejor por eso el hombre se tomó un respiro por ahí, porque ya no le entendía una palabra). Y es verdad, hay cosas de las que una mujer nunca debe enterarse, que tu amante sufre de hemorroides, que su mujer tiene que tomar antidepresivos o que tu novio, esposo, tutor o encargado se acostó con otra.
Lástima que los alemanes no hicieron este descubrimiento un par de años atrás, así Federico hubiera contado con otro argumento. A lo mejor, me convencía…

4 comentarios:

zorgin dijo...

"los jardines de sodoma"...
disculpe, voy a controlar la estampida de canguros y vuelvo...
es que estoy con un estressssss...

Adriana Menendez dijo...

vaya a controlar lo que tenga que controlar, ZORGIN, y haga lo que sea necesario para desestresarse.

Diego Humanista dijo...

Jejejeje, siempre pregunto antes de pagar con tarjeta ¿con qué nombre aparece? :-) Y los tipos dicen: con un nombre de lo mas discreto... Y es verdad. (Gedero de Gatos & Co)

Adriana Menendez dijo...

veo que no sólo eres humanista, mi querido DIEGO, sino también previsor, me parece muy bien; igual tené cuidado, a ver si terminás yendo al dentista por confiar en lo que otro supone que es “discreto". beso.