lunes, 5 de abril de 2010

La Emilia 44: Bancate ese defecto.

Domingo… bajón (sobre todo de cabeza después de los diez daiquiris que me tomé anoche en el cumpleaños de Luisiana, que después de superar su crisis matrimonial del año pasado se convirtió en algo así como la Evangelina Salazar de mis amigas, por suerte no tiene sobrinas) Vuelvo, domingo y de Pascuas… qué me importa… Me empieza a importar cuando mami llama a las nueve de la mañana para recordarme que no llegue muy tarde porque a la tía le gusta almorzar temprano y de paso me pide que lleve el helado de postre… La puta madre carajo me había olvidado de que me esperaba una tarde entretenidísima escuchándolas debatir sobre cuándo es la mejor época para trasplantar el malvón. De pechito me recibió con un “Me imagino que el viernes habrás hecho vigilia”. “Sí, mami, estuve con Vero y las dos vigilamos muy bien la bondiola de cerdo que pusimos al horno para que no se nos quemara.” Me tiene podrida, no la bondiola ni Vero, of cors. La mira a la hermana con cara de ¿Ves cómo es? y se mete otra vez en la cocina.
La casa de mamá es como el consultorio de un dentista, (¡pero qué maravillosa asociación que acabo de hacer!, que lindo imaginarme a mamá con un torno, que lo tiene en realidad es su lengua, y yo tengo un enano en la cabeza que todo el tiempo grita ‘Te-ra-pia! ¡Te-ra-pia!") Vuelvo a volver… tiene el living lleno de revistas de esas que en la puta vida me compro pero que en estos casos, como en lo del dentista, vienen bien. Leo: Darío quiere que le dé un hijo (habrá que ver si el hijo quiere que vos se lo des, corazón, dice el enano) Quiero envejecer al lado de Esteban (el futuro llegó hace rato, cantaban hace unos años) Estamos unidos por la música y el amor (andá a cantarle a Gardel y si querés también a Zamba Quipildor – agrega el enano porque a mí el folklore no me gusta) El yoga me cambió la vida (y la cirugía te cambió la cara) Me separé con el mismo amor con el que me casé (anda a cagar) Celebro que la mujer de mi ex esté embarazada (andá a cagar 2) Tuve que elegir entre mi novio y mi carrera (si elegiste a tu carrera, tu novio agradecido… y por casa cómo andamos… enano de mierda callate la boca) Me tatué por amor (¿y una lobotomía por amor no te harías?) No puedo creer tener esta vida dentro de mí (el que está adentro tampoco lo puede creer, es probable que sea el primer caso de suicidio pre natal). Too much, gana el enano, mañana llamo y pido turno. “Nena, ya están los ravioles”. Feliz domingo para todos.

3 comentarios:

zorgin dijo...

siempre me pregunto por qué uno que está rodeado de tarados termina haciendo terapia?, y por qué los tarados zafan...?
será porque no les dá?
nosénosé...

Emila Persola dijo...

Primera vez que te leo. Me has gustado. Yo tambien estuve mucho tiempo con esa distancia con mi dentista. Pero hace poco me reconcilié con ella.
Saludos desde Nicaragua.

Adriana Menendez dijo...

el tarado vive en una nube de pedos, ZORGIN, nada se puede esperar de él... igual, el concepto taradez es tan subjetivo; el tarado siempre es el otro, lo que sucede es que para el otro, el otro somos nosotros...¿se entendió?


las dentistas suelen ser terribles, pero necesarias, EMILA; muchas gracias por pasar, por tu comentario y ojalá vuelvas. beso.