lunes, 19 de abril de 2010

La Emilia 47: ¿Qué pretende usted de mí, canalla?

Otro tema muy de moda: las utopías… me tienen harta, podriiida, con las utopías, pocas palabras tienen tan buena prensa como esa, si vos creés en las utopías sos algo así como un ser divino, superior. Como al final no sé bien qué mierda son, voy a las fuentes. El diccionario de la Real Academia Española, no cualquiera eh, dice que una utopía es, y me lo anoté para no olvidarme, “un plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación”. Ya desde el vamos nomás tengo un problema con la palabra sistema y si encima ese sistema es optimista, se pueden ir todos a cagar, pero esa es otra cuestión, no sé cual, no soy Hamlet a Dios gracias aunque también a veces persiga fantasmas, como todo el mundo, bah, tampoco tengo por qué pegarme tanto todo el tiempo. Estoy re dispersa, ya lo sé… El otro día la amiga de una amiga, hablando de un muchacho que había conocido, dijo que no quería saber nada con él porque era un optimista no realista, el típico macho hipocampo bah, un pescado convencido de que es un potro. Optimista no realista, es una redundancia, no me lo vas a negar. Bueno igual ella no sé qué pretende, se cree perfecta, vive postulándose para el puesto de Mujer Maravilla, en realidad nadie puede negar que, según los tests de la revista Cosmopolitan claro, es una chica inteligente. Bueno pero volviendo al primer tema, digo, si algo es irrealizable, ¿para qué carajo lo vamos a perseguir? Suponete que yo me propongo caminar hasta el horizonte, como escuché por ahí, dale que te la doy que a los veinte todavía creo que eso es posible… a esta altura, vaaamos… una de dos o soy una boluda alegre y sigo creyendo que es posible; o ya sé que no pero igual me convierto en la Forrest Gump del subdesarrollo, más boluda todavía. Aunque por ahí, quién te dice, viene alguna ONG de esas que surgen a montones por Europa, por ejemplo para proteger a las mariposas abandonadas en Villa Caraza y me terminan dando un premio. Y ojo, esto no es escepticismo, ni siquiera cinismo como muchos lo llamarían, para mí es pura sabiduría, qué querés que te diga. Entonces después vienen los que te dicen que la utopías sirven para eso, para caminar, pero ¡por favor!, para caminar al pedo servirán en todo caso. ¿No se dan cuenta de que eso genera frustración? Si yo me pongo como meta alcanzar algo que de antemano sé que no es posible lograr, vivo deprimida. Porque aunque suene mal decirlo, con esta posición una anda más contenta por la vida, porque no se espera nada, damos por sentado que de base todo es una mierda, entonces todo nos parece de más, nos viene de arriba, como peludo de regalo, decía mi abuelo. “Entonces, Emilia, ¿usted vive contenta? Mire, ahora ya se nos terminó el tiempo, pero me gustaría que la próxima vez venga de verdad, no que concurra a este consultorio de manera, cómo decirlo, tan utópica.” Iturralde, se tenía que llamar el tipo. Yo sola me busco un psicólogo que me haga acordar a la palabra turro.

2 comentarios:

zorgin dijo...

Iturralde era un arbitro de futbol, o juez si Ud prefiere. Pretender que fuera o fuese justo, era una utopía.
Y la muchachada le agasajaba con la encantadora rima "I TU RRALDE LA :::::: DE TU MADRE"
Ya sabe como saludarle a su arregla coco.
Enjoy.

Adriana Menendez dijo...

a los de negro se los putea por principio, ZORGIN. ¿la rima completa no era “iturralde compadre"...? beso.