miércoles, 14 de abril de 2010

Tribulaciones, lamentos y ocaso de la arquitectura moderna, o no.

Arquitectos, raza extraña. Les encanta quedarse levantados hasta las seis de la mañana haciendo maquetas de edificios diminutos que no sirven para nada. Sospecho firmemente que sus principales materias son Ego 1, 2 y 3. En ellos, lo que prima es su afán por sobresalir y diseñar algo original, aunque sea a costa de nuestro bendito bienestar. Los lugares preferidos para concentrar lo que yo a esta altura ya considero pura maldad y egoísmo son dos: la cocina y el baño. Las ollas, por ejemplo, casi siempre quedan dos metros más arriba de nuestras cabezas. Y no existe invento más incómodo y comprometedor que los “toilettes de recepción”. Tan innegablemente prácticos como perversos. La sensación es que se comparte uno de los momentos más íntimos del ser humano con millones de personas. Creo que no son concientes de hasta qué punto pueden complicarle la vida a una persona. Sin ir más lejos, a mi amigo Luchi, diseñador de páginas web. Estaba en la casa del jefe, presentándole un proyecto y se hizo tarde. La esposa, una señora muy fina, inglesa creo que me contó que era, lo invitó a quedarse para la cena. No se pudo negar. Se sentaron a la mesa (Luchi nunca había visto tantos cubiertos y vasos juntos, sólo recordó lo que una vez otro amigo – en otras circunstancias que no vienen al caso - había dicho “Hay que mirar a los demás y después hacer lo mismo que ellos”), la exquisita cena transcurrió en un ambiente de total normalidad. Cuando terminaron el postre, el jefe propuso que pasaran al living a tomar el café, para seguir discutiendo el proyecto. Fue allí que, después de unos quince minutos, Luis comenzó a sentirse mal, tan mal que ya casi no podía concentrarse en la conversación. Fuego en el estómago, eso tenía. Supuso que había sido algo en la comida, estaba un poco picante, o los nervios, o una combinación de ambas cosas. Preguntó dónde estaba el baño y le indicaron una puerta que estaba ahí nomás, al lado. Luchi entró, cerró la puerta, se sentó y se descargó. “Espero que no se haya escuchado nada desde afuera”, pensó. Se apuró a apretar el botón para que no se colara ningún aroma que hiciera una combinación explosiva con los sahumerios que había encendido la dueña de casa. Y allí, la debacle.

El producto que había salido de su cuerpo no sólo se negaba a bajar sino que, desafiando las leyes de la gravedad, subía. Hizo varios desesperados intentos, pero nada; el maldito seguía ahí. Tiró más papel higiénico, peor. Pasaban los minutos y Luchi transpiraba, ya al borde del colapso. Se acordó de su mamá, “Siempre el mismo vos,” solía decirle, “tenés que aprender algún día a asumir lo que hacés”. Tenía miedo, pero juntó coraje. El sucio secretito lo estaba matando. Cuando golpearon la puerta y le preguntaron si estaba bien o si necesitaba ayuda, sólo atinó a salir y decir “La cagué, o no, no sé”. Después de tamaña experiencia, no volvió más a la empresa. Abandonó las computadoras y se vino a trabajar y a vivir conmigo. Yo soy decorador de interiores. La mamá siempre decía “No hay mal que por bien no venga.”

versión corregida de un cuento publicado en el libro Un poquito de smog.

5 comentarios:

zorgin dijo...

tengo un conocido que dice que los ingenieros hacen una casa y ponen a "la gente" adentro en cambio los arquitectos ponen a "la gente" y construyen una casa alrededor...
todavía nadie me explica por qué ellos deciden por "la gente"?

Adriana Menendez dijo...

usted no entiende, ZORGIN, ellos saben lo que la gente quiere y necesita.

José Ignacio dijo...

Siempre he comentado a los arquitectos su circunstancia sobrehumana: "toman café con Dios".
Como otros colectivos utilizan una jerga propia de la ilustración.
"equilibrio con el ambiente", "bioclimático" para expresar aquello que de niños en casa denominaban corriente de aire, y otras memeces.
Como sucede en muchas profesión el lenguaje es una de las muchas formas de justificar escesivos honorarios.
Después sucede lo que bien relatas.
Un saludo

Alexiev dijo...

Adriana, gracias a tu amiga Taylor, lei "Huracán en la Garganta", y varios cuentos me gustaron mucho... sobre todo los finales... Disfrute de tu libro...

Saludos y suerte...

http://www.alexiev.com.ar

Proyectos - Illustrations

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Adriana Menendez dijo...

me encantó el concepto de bioclimático, JOSÉ!! insuperable. beso.


muchísimas gracias, ALEXIEV. me alegra te hayan gustado mis cuentos. yo sé de tu trabajo, también por taylor, y voy a entrar en tus páginas para conocerlo mejor. beso.