martes, 18 de mayo de 2010

De fantasmas y ausencias.


“¿Qué es un fantasma? – preguntó Stephen -. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres.” El profesor de literatura siguió leyendo pero yo ya no lo escuchaba. De pronto, tuve como una revelación: yo era eso, un fantasma. Y una segunda revelación: no lo era, me habían transformado en uno. Él se las había ingeniado a lo largo de los años para hacerme desvanecer. Y una tercera: necesitaba volver. No soportaba más ser un satélite, ser la señora de…, una especie de extra de película clase B. Nunca pensé que sería capaz de dar un corte de esa naturaleza, tan pero tan definitivo, pero, cansada como estaba de imaginarme lo que nunca iba a tener, una vez que pude ver las cosas de una manera tan clara, no me quedó otro remedio. Y lo hice. No me arrepiento, en definitiva mi única satisfacción fue pagarle con la misma moneda. Ahora el fantasma es él. Lo que sucede es que después del lógico período de euforia, de salidas, de clases de teatro, de novios esporádicos, de a poco, muy de a poco me estoy desvaneciendo otra vez. ¿Y ahora? No puedo volver a volver. Él no es impalpable ni por ausencia ni por cambio de costumbres, prefiero no entrar en detalles.
versión super corregida de un cuento aparecido en Un poquito de smog.

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