miércoles, 19 de mayo de 2010

La Emilia 56: To be or not to be, y sobre otras cuestiones.

¿Para qué negarlo? Es evidente que tengo un problema. Uno, bah, mejor no ahondar. Pero al que me refería es a no callarme la boca. Trato, juro que trato, pero no me sale. Escucho boludeces y me agarra una incontinencia verbal imparable. Igual, diplomática no quiero ser, así que… Con eso también tengo problemas, con el ser, digo. No entiendo cual es la necesidad que tiene la gente de ponerte etiquetitas todo el tiempo. Tampoco sé por qué de golpe se me da por hablar con diminutivos, parezco maestra jardinera… Bueno, no me quiero ir para cualquier lado… El tema es que me rompe soberanamente que, cuando alguien recién te conoce, lo primero que te pregunta es ¿Y vos qué sos? Qué sé yo que soy, el tipo estuvo años escribiendo y lo único que se le ocurrió por título es El ser y la nada, y yo te lo tengo que contestar en dos minutos. Todo esto viene a cuento por culpa de este muchachito con el que últimamente estuve intercambiando liquiditos, por supuesto. Lo único que podía intercambiar con él, por otro lado, porque convengamos que tenía menos conversación que Bernardo el del Zorro. Como estuve como hasta las cuatro de la mañana tratando de convencerlo de que teníamos muchas diferencias y que no podía estar todo el tiempo en mi departamento, no tuvo mejor idea para tratar de convencerme de lo contrario que volver a las ocho y media de esa misma mañana, con el diario bajo el brazo y con todas las intenciones de debatir la coyuntura política nacional e internacional. Lo único que yo puedo debatir a esa hora si me venís a despertar es si te asesino con una 38 o con un cuchillo. Le abrí, of cors. “Te iba a comprar flores pero no sabía cuál era tu favorita, ¿cuál preferís?” “El cardo”. Y yo le contesto así y el boludo se ríe porque se piensa que le estoy haciendo un chiste. Tiene veinticinco años, ése es el problema, piensa el 99 por ciento del tiempo con el pito. Acto seguido me hace una centésima lista de las cosas que quiere hacer en su vida, y a las que pretende que yo lo acompañe, entre las cuales figura hacer bungee jumping, imaginate. “Si querés podés empezar a practicar sin mí,” le sugerí, “estamos en un décimo piso, be-my-guest; eso sí, negrito, la soga te la debo”. “La verdad, Emilia, no te recordaba tan ácida”. “En el botiquín tengo Uvasal.”

Como últimamente me está molestando quedar siempre como la mala de la película, trato… trato… no sé qué trato, pero bué. “Yo era tu profesora, te acordás, y cuando estoy dando clase me esfuerzo para que no se me vuelen los patitos. Ahora es distinto, corazón.” “Claro, ahora soy tu novio.” “No, mi amor, me limpiaste el filtro, nada más, y no creo que lleguemos a otra instancia”. Cuando quiero soy una poeta, no me lo podés negar. “Jamás le negaría nada, Emilia. ¿Y qué otra cosa es usted cuando quiere?”. “Iturralde, una sola palabra, lareputaqueteparió”.

2 comentarios:

CumbresBlogrrascosas dijo...

Emilia, que lo vas a espantar y te vas a quedar sin desatascador mientras encuentras al hombre de tu vida, que supongo habrá de ser un santo de estos a los que les va el martirio, porque vas de mal en peor. El chaval no tiene mala intención, sólo prohíbele que hable, y ya está.

Adriana Menendez dijo...

a ver, CUMBRES, que la emilia empieza diciendo “Es evidente que tengo un problema"... por algo lo va a ver a Iturralde. beso.