jueves, 17 de junio de 2010

Asquito.

Este blog es básicamente de literatura. Cuentos, microrelatos, citas, La Emilia, algún que otro poema, algún que otro collage cuando me quiero hacer la artista. Pero hoy, pido disculpas, tengo ganas de escribir sobre otra cosa. Ya me levanté temprano, ya festejé, sufrí y volví a festejar. Ya el corazón se desaceleró y, entonces, puedo volver a pensar en algo que me ronda la cabeza desde hace un par de días. Yo sé, y todos sabemos, que nada humano nos es ajeno y, sin embargo, hay actitudes, posiciones, frases, que siguen dejándote sin palabras. ¿Cómo puede ser que un periodista escriba: “Carlotto promociona candidatura al Nobel y baila el tango en Sudáfrica”? ¿Cómo es posible tamaña falta de respeto? ¿Dónde se perdieron? ¿Cuándo se volvieron tan necios? En realidad, necios no es la palabra correcta. Creo que corresponde llamarlos directamente hijos de puta. Hay un límite. Con Las Abuelas no, muchachos.
Y nosotros, a veces, de tan apurados que andamos, no nos damos cuenta de lo que nos dicen, lo pasamos por alto. Yo no sé si a alguno de ustedes le habrá pasado lo mismo, yo me acuerdo de la primera vez que fui a una gran museo, como el Metropolitan o el Moma y cómo me quedé fácilmente veinte minutos delante del primer Picasso que tuve la oportunidad de ver. Después, una pasa al segundo y ya se queda menos minutos. Y menos en el tercero. Y mucho menos en el cuarto. Hasta que pasás delante de, por ejemplo, un Renoir, y casi ni lo mirás. Es como si el espíritu tuviera un límite para absorber tanta belleza. Se me antoja que pasa lo mismo con el horror. De tanto oír hablar del tema, nos confundimos, no escuchamos. Que si las usan, que si es sólo una lucha con un monopolio, que si tantas cosas. Con Las Abuelas no, muchachos.
A ver si enfocamos, en este bendito país, hubo un tiempo que no fue precisamente hermoso y en el que SE AFANARON PIBES. No nos podemos olvidar de la infinita inmensidad terrorífica que significa que haya habido personas que les robaron esos pibes a las madres que antes habían torturado, matado, tirado al río. No existe perversión mayor. Y también en este bendito país, hay un grupo de mujeres que nunca bajó los brazos y que siguen buscando a esos pibes. Nadie tiene derecho a ningunearlas. Y que alguien, si puede, me explique qué carajo tiene eso que ver con derechas o izquierdas o con estar a favor o en contra de un gobierno.

Con Las Abuelas no, muchachos.
Con los pibes no.

Y vamos Diego todavía.

2 comentarios:

los pepes dijo...

como dicen por ahi: permiso para compartir.
Gracias por esto Adr

Adriana Menendez dijo...

permiso otorgadísimo, mis queridísimos.