martes, 1 de junio de 2010

La Emilia 58: Ex in the city 2

“Ya sé, los esperamos a la salida de la iglesia y les tiramos huevos”, le dije mientras vaciaba mi quinto vaso de cerveza. “Ay, me encantaría… Agarrarle ese vestido blanco con el que seguro va a salir y hacérselo mierrrrrrda”. “Eso, Vero, eso… larguemos maldades”. Y no pudimos parar más. Que debe ser tan boluda que seguro colecciona sobrecitos de azúcar. Al pedo porque debe vivir a edulcorante. Debe ser inodora incolora e insípida. Ni siquiera califica para entrar en la categoría de frívola. No pasa el examen de ingreso en la Universidad de los Boludos. Que su dieta debe de ser a base de lechuga orgánica y berro y se debe de tirar pedos con mucho olor. Que en su casa seguro cuelga llamadores de ángeles por todos lados. Que debe ser devota de la Virgen de la Sagrada Misericordia de los Niños Minusválidos de Santo Tomás. Que con ese nombre no debe coger (o debe hacerlo con un cirio encendido en la mesita de luz). Del cirio, sé que en algún momento nos fuimos a Siria, pero no me acuerdo por qué. Volvimos y nos acordamos de un novio que tuvo Vero después de la separación al que un día le dio una especie de ataque Feng shui, se fue al barrio chino y llenó la casa de chirimbolos estúpidos. Pomaditas para todos los dolores, una fuente de agua, monedas con todos los animales del zodíaco, el gatito que te saluda y el pájaro que te mea. Y entonces nos pusimos de pie para brindar por Diego y el mundial porque nos acordamos del pájaro Caniggia Claudio Paul, y ya que estábamos con las mascotas puteamos por los perros que cagan las veredas y resumimos hablando sobre cómo te condiciona el ser el hecho de que el perro sea perro y nada más. Y de ahí nos fuimos a un novio que tuve que era paseador de perros y con el que salir a tomar un café era un lujo asiático y volvimos a lo chino y a lo truchas que eran las camisetas de fútbol que usaba, no me acuerdo si él u otro, made in China. Y recordamos otra vez a Santiago porque siempre decía que tenía “puesta la camiseta de la empresa”. Frase boluda por antonomasia. “Lo bien que hiciste en no tener un pibe con ese nabo, Vero, hay que proteger a la especie”.

Una vez que se nos pasó un poco el efecto de lo que habíamos consumido, nos comimos media docena de alfajores entre las dos. “De verdad, Vero, vos sólo no querías en ese momento… y no está mal, amiga”. En silencio nos comimos dos alfajores más cada una. “Y decime, ¿cómo se llamaba la mina al final?” “María Pía” “¿Y la novia que tuvo antes de casarse con vos no se llamaba María de los Milagros?”. “Sí”. “¿Y eso no te dice nada, Vero?” La carcajada nos invadió otra vez y brindamos por María Pía, para que sea muy feliz y para agradecerle, porque se llevó a un tipo que nunca jugó al fútbol y hoy es campeón de la Play.

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