viernes, 23 de julio de 2010

La Emilia 70: Sombras de muchas dudas.

Es inevitable. En algún momento tenía que suceder. Una conoce a alguien, le gusta, se lleva bárbaro, se divierte y ¿cuál es el próximo paso? Socializar. Lo que a mí más me gusta en la vida. Como si no fuera lo suficientemente difícil llevarse bien entre dos que hay que andar juntándose con otra gente, digo yo. Total que era el cumpleaños de Sebastián, amigo desde el jardín de infantes, y fui con mi mejor predisposición, porque a lo mejor, quién te dice, una termina conociendo gente interesante. Vamos, Emilia, me digo, prejuicios, out! Por lo menos, iban a estar Sandra con su propio susodicho, algo es algo. Y no nos olvidemos, que si yo quiero, Lady Máxima a mi lado es La Raulito. Ahora, que yo quiera, es otro cantar. Ya que estaban, como era “la semana de la amistad”, celebraron también eso. Otro tema, los “días de”, qué ganas de romper las pelotas. Llega el día del amigo y hasta el verdulero de la esquina, ese que puteás porque cada vez que te descuidás te mete una banana podrida, te dice “feliz día, amiga”. Pero andá a la concha de la mona depilada, boludo. He recibido cualquier cantidad de mensajes de texto de números que no reconozco, ¿no te das cuenta, pedazo de imbécil, que si no tengo tu número en mi agenda es porque no sos mi amiga/o??? Está bien, reconozco que tengo sólo cinco, pero ese no es el punto. Volviendo al acontecimiento. Llegamos y el del cumple se me acerca y me abraza como si me conociera de toda la vida, yo no sé, será cultor del abrazo relajante el hijo de puta. “Qué linda que sos”, me dice. No sé cómo tomarlo. “¡Gracias!”, contesto, con una sonrisa que Lady Di hubiera envidiado. Así saludando con un beso a uno por uno y a una por una. Qué costumbre de mierda esa de andar besando gente que una no conoce, qué necesidad. Me aferré al brazo de Fernando cual garrapata y sellé mis labios. Pero yo era el centro. “¿Y qué hacés?” “¿De qué trabajás?” “¿Vivís sola?” Qué carajo les importa, quería contestar, pero… “Soy profesora de inglés, sí sí, vivo sola…” Mi amiga Natalia, la de la peluquería, y su clienta Olga Álvarez Zabala, la psicóloga, se van a poner contentas cuando les cuente. O, no, qué sé yo. “Así que sos profe de inglés, y ¿qué leés? ¿Yéspier?”, dijo el intelectual del grupo. Lo miré, nada más. “Era hora Fer, qué chica más mona tenías escondida”. Los monos están en el circo, conchudo, pero vuelta la represión, Iturralde sí va a estar contento porque él no la llama así, le dice adaptación; dejate de joder. El resto del ágape transcurrió más o menos por los carriles habituales. Se rieron hasta desfallecer de las anécdotas que ya han contado y escuchado aproximadamente tres millones de veces. Qué capacidad de asombro envidiable. O tendrán Alzheimer precoz, no sé. Y como son todos muy posmos, brindaron también por la ley del matrimonio entre parejas del mismo sexo, porque son tan pero tan progres que jamás dirían gay u homosexual, aunque a más de uno se le note que si algún día su hijo aparece y dice “Papá te presento a mi novio Joaquín”, se quiera pegar un tiro. Y luego, el tema inevitable. A competir. “Brenda ya sabe escribir mamá”. Postulala para el Nobel de Literatura Infantil, pienso yo, que a esa altura había decidido divertirme sola. “Martincito el otro día pintó un cuadro que me sorprendió el uso de colores que hizo, no sabés.” Por suerte, no, no sé. “Constanza actuó de hormiguita viajera, qué lástima que me olvidé las fotos”. Y así siguieron, adulando a sus descendientes sin admitir jamás que se alaban a ellas mismas. Me la vi venir, pero cómo hacía para que no llegara. Imposible. “¿Y a vos te gustan los chicos, Emilia?” “No”. “¿Pero no te conmueve la idea de tener un bebé en brazos?” “No”. “Vamos, no me vas a negar que alguna vez fantaseaste con la idea de ser mamá”. “Sí, te lo voy a negar”. “Ay, Emilia, cuando te llegue el momento vas a ver, un hijo te completa”. “¿Vos ves que a mí me falte alguna parte?” “Yo soy todo lo contrario, te voy a contar un secreto, con Sol, ¿sabés quién es, no?” “No.” “¡La ex de Fer! Bueno, nosotras hacíamos listas con nombres de mujer o de varón que nos gustaban para cuando fuésemos mamás, así ese tema ya lo teníamos resuelto.” Lo mínimo que deseé para esa hija de re mil putas fue que de pronto comenzara a cagar lombrices. Sandra, divina, sentada a mi lado apoyó su brazo en mi hombro. Entendí y dije, “Qué interesante”. “El otro día fuimos al cine”, intercedió Fernando, “estaban dando un ciclo de Almodóvar y a Emilia le encanta el cine”. Lo que me faltaba, que el boludo necesite venderme y/o justificarme.

Por suerte, quince minutos después nos fuimos. En el camino, me pregunta, “¿Y, cómo la pasaste?”. “Bárbaro”, contesto y no me reconozco. Algo huele mal en Dinamarca.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mira Emilia, lo peor de lo peor es eso de andar besando a la gente que uno no conoce o que sí la conoce pero que no tiene onda.
Por ejemplo, tengo un nuevo compañero de trabajo que me saluda de beso EN LA MAÑANA cuando llega, y EN LA TARDE cuando se va... hace falta??? NO! Me genera una cosa tremenda de que ya no lo aguanto y me auto hago apuestas de cuánto tiempo tarda en venir a plantarme el smak!, será antes de hacerse el café? después de lavarse las manos? mientras se prende la computadora? tic tac tic tac...!
A pesar de haberle dicho no nos besemos por la gripe A, insiste... Bueno, no vino y me plantó un beso de despedida el día que había dos grados y yo tenía la cabeza enrollada en la bufanda?
Admito que a los demás sí los saludo de beso pero NUNCA twice a day, y son gente con la que tengo un vínculo y con la que trabajo hace más de dos años.
Bueno, sí, acepto que al nuevo no lo trago pero NO porque salude de beso sino porque básicamente es insoportable.
Así que vivan los HOLA! y ADIOS! generales!

Atte., MOOORRIS

Adriana Menendez dijo...

¡pero este nuevo es un confianzudo! la emilia te diría que lo mires bien fijo a los ojos y le digas “escuchame, insoportable besuqueiro, ¿todavía no te diste cuenta que un hola y un chau son suficientes?" pero esa es la emilia, que tiene un carácter! te mando un beso, ¡pero de lejos!