lunes, 2 de agosto de 2010

La Emilia 72: A falta de tren... tira a mamá del quinto piso (por favor).

“¡Queriidoooo llegueeé!”, dicha por una mujer, es la primera frase de una serie de top ten que una no quiere escuchar cuando está con su hombre en bolas en la cama de la casa de él. Un tsunami de pensamientos se te atropellan. El boludo le dio la llave a su ex, el hijo de una gran recalcada tiene otro mina y, lo que es peor, ya le dio la llave, ¡¿Por qué no me la dio a miiiií?!! Lo voy a mataaaaarrrr, le voy a sacar los intestinos por las orejas…. Y otras delicadezas por el estilo. La segunda frase de ese raking que una no quiere escuchar es “Uy, me olvidé que venía mi mamá.” Y lo que menos querés es que el tipo, que hace poco se separó y vive en un monoambiente con pretensiones de loft, te mire con cara de ¿Y qué hago con vos ahora? y, presa del pánico, salga disparado de la cama como si le hubieran puesto un rompeportones en el orto. Por lo menos, hay un biombo. Yo me pregunto, ¿cómo puede un hombre de treinta y ocho años vender su privacidad por un kilo de milanesas recién panadas? Escucho que la saluda con la máxima naturalidad posible, yo me pongo una bata que encuentro en el suelo y también me asomo. Mirá si me la iba a perder. Si en ese preciso instante se hubiera corporizado San Expedito y hubiera salido a saludarla, la señora habría estado menos sorprendida. Es más, creo que lo habría preferido. “Mamá, Emilia, una amiga… Emilia, MI MAMÁ…” Juro que lo dijo así, con mayúsculas. Así que una amiga… la puta que te parió, pienso yo mientras sonrío y me acerco a darle un beso. “No sabía que estabas acompañado, te pido disculpas, Fernandito.” Fer-nan-di-to… el que a cada minuto que pasa tiene más cara de achicharrado pito. A ver, una entiende que la situación puede ser molesta, hasta incluso violenta para la señora, pero, si una sale con un hombre, porque un tipo a esa edad supuestamente hace rato que tiene pelitos en sus partes íntimas como para ser llamado hombre, lo mínimo que espera, es que la mire a la madre y le diga, por ejemplo, Mamá, te di la llave por una cuestión de comodidad, por si alguna vez venís y yo no estoy, pero siempre, absolutamente siempre, que vengas, tenés que tocar el timbre…. O Sorry, Vieja, me olvidé que venías, disculpame, pero en este momento no te puedo atender… No sé… algo…. Algo que me demuestre a mí, mujer ciento por ciento, que los huevitos no se le meten para adentro cuando ve a la mamita. Tercera frase que no esperaba escuchar esa tarde, “¿Querés que te haga un café?” Me cago en Juan Valdez. Café que, por supuesto, ella acepta, porque tiene todo el aspecto de ser una auténtica “madre piola”, de esas que no se asustan porque su hijo coja, de esas que están en un límite muy borroso y una no sabe si catalogarlas como desubicadas o simples y llanas jodidas de mierda. “Bueno, si no les molesta, chicooos…”. Se sienta, yo prendo un cigarrillo, ella se para y abre la ventana. “Mamá, hace frío”, dice él. “Ya sé, pero vos no podés estar en un ambiente cerrado con humo, mi cielo. Acordate de tus bronquios.” “¿Tenés un problemita con tus bronquios?”, pregunto con mi mejor cara de Mary Poppins. “Mamá, tenía nueve años”. “Igual, te tenés que seguir cuidando”. Por supuesto que no apagué el cigarrillo, necesitaba furiosamente nicotina en mi organismo. Mientras saboreábamos ese café, yo en bata, ella sin sacarse el abrigo y con las rodillas juntitas y él en remera y calzoncillos, en una escena bizarra digna de una película de Jorge Polaco, sostuvimos una conversación total y absolutamente intrascendente. Que el frío, que anunciaron lluvia para mañana, que papá te manda saludos, que espero que te guste la tarta de zapallitos que te traje, que ponela en el freezer, que seguro Emilia sabe después cómo cocinarla. “¿Y vos, querida, qué sos?”, dispara. No me iba a poner en ese momento a explicarle a la señora que yo tengo problemas con el ser, que las únicas certezas que tengo con respecto a mi esencia es que soy mujer e hincha de Boca, y que todo lo demás puede cambiar y por lo tanto, etc. etc. Con mi mejor cara de nada, le contesto: “Profesora de inglés”. “Ah, pero qué interesante… Por un momento pensé que, tal vez, eras también arquitecta, como Fernandito, o como yo, o como Sol, ella también era arquitecta, es más se conocieron en la facultad. Pero tu carrera no se estudia en la Universidad, ¿no? Porque es sólo terciaria. ¿Dónde la hiciste? ¿En algún instituto?” Se me despejaron todas las dudas, es una simple y llana jodida de mierda. Le respondí con toda la amabilidad que pude encontrar en mis entrañas, mientras trataba de conformarme imaginando qué hubiera hecho Lady Macbeth en mi lugar. La señora termina su cafecito y… “Bueno, me voy, así no los molesto más, ¿querés que me lleve algo de ropa para lavarte”. “No, mamá, no es necesario, te acompaño hasta la puerta”, dice el arquitecto inteligente repentinamente transformado en absoluto pelotudo delante de mamá, como si viviera en la mansión de los Carrington y la puerta estuviera lejos. Reconozco que yo todavía tenía esperanzas. Pero, una vez cerrada la puerta, no hubo ningún perdón por el garrón, ningún sorry, la vieja es un poco desubicada, ningún mañana le pido las llaves, soy un boludo, en fin, ningún riámonos juntos de lo que nos acaba de suceder.
Como si nada hubiera ocurrido, mientras me toma de la cintura haciéndose el George Clooney del subdesarrollo, escucho, “Bueno, ahora que se fue, podemos continuar donde habíamos dejado.” “Mi amor, ahora que se fue, tengo exactamente el mismo nivel de calentura que me puede generar una película de Winni the Pooh. Mejor me voy y la seguimos en otro momento.” Me cambié y me fui. Mientras bajaba en el ascensor, pensaba, por favor, ¿nunca nada de lo que me suceda va a estar dentro de los carriles sociales de normalidad?

2 comentarios:

Signaturio dijo...

Me gustó la pregunta: “¿vos sos jodida, sorda o ignorante?”

En estos casos siempre me acuerdo de la inolvidable escena interpretada por michael douglas en “un día de furia”:

http://www.youtube.com/watch?v=-eREiQhBDIk

Adriana Menendez dijo...

hola, SIGNATURIO!! muy buena esa película! gracias, beso.