viernes, 13 de agosto de 2010

La Emilia 74: Bailando por un combo.

Apurada, entre clase y clase, con un roedor rabioso en mi estómago, decido comer una hamburguesa rápida. Nada es rápido en esta vida cuando se lo necesita. Siempre es al revés y cuando una quiere alargarlo, se termina enseguida. Bué, no me quiero ir de tema. Entro al lugar donde vive el payaso boludo y le digo a la señorita que me atiende “una hamburguesa con queso”. Siempre caigo, no aprendo más. Con la sonrisa siempreviva que los caracteriza me contesta “Muy bien, un Combo 2, ¿algo más?”. “No, no, ¿qué combo? Una hamburguesa con queso quiero”. “Pero por sólo cinco pesitos más tiene las papas y la gaseosa, ¿qué va a tomar?” “No quiero tomar nada, nena, quiero una hamburguesa con queso”, repito como si se me hubiera trabado el percutor. “Pero lo que le conviene…” “¿Vos me vas a decir lo que me conviene a mí? ¿Para qué carajo te pensás que voy a terapia? ¿Para que Ronald me solucione los problemas con unas papas fritas de mierda? ¿Me podés dar la hamburguesa y no joderme más la vida con los combos, la triple burguer with conch, o el mcchongo?” El señor de seguridad se iba acercando lentamente pero la señorita lo miró con cara de “dejá, Juan, que yo me arreglo” y me dijo: “Diecisiete pesos”. “¡¿Cuánto?!” “Por eso le decía, señora, que por cinco pesitos más…”. “Pero decime, ¿vos sos jodida, sorda o ignorante? Haceme un favor, hacé un lugarcito entre el combo y los cinco pesitos y “el señora” también metételo en el orto, nena”. Yo entiendo que a veces descoloco un poquito a las personas, pero esta señorita no entiende que yo tengo un problema (tengo varios, bah, pero para qué vamos a entrar en detalles) con los combos. Básicamente, me ponen histérica. Cuando quiero comprar algo y no paran de ofrecerme otra cosa que yo no pedí, no puedo evitarlo, se me sale la cadena. No quiero combos. Siempre vienen disfrazados con una aureola de santidad y beneficencia para quien los acepte absolutamente mentirosa. Una siempre se termina comiendo las papas que nunca quiso en primer lugar, y encima te convencés de que estás contenta y te hicieron bien. Y yo ya me he comido demasiadas galletitas. Que no serán papas pero más o menos. La puta madre carajo. Qué me vienen con que es más barato. Más barato por docena. Lo barato sale caro, decía la vecina de mi tía, y tenía razón. El precio que hay que pagar por determinados combos es altísimo. A ver, si me gusta el paté no tengo por qué comprarme un ganso, ni quedármelo aunque me lo regalen. Además, yo, que soy la quintaesencia del optimismo, sé que nadie te regala nada en esta vida, por favor. Siempre, detrás de todo combo hay gato encerrado. ¿Cuántos combos puede una aceptar en una sola vida? ¡Mueran los salvajes, asquerosos, inmundos combos! Me fui al carajo, lo acepto… Ah, el choripán que me comí en la esquina estaba buenísimo.

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