miércoles, 18 de agosto de 2010

La Emilia 75: Happy Together (sí, sobre todo japi)

Llega fin de año y hay que verse, brindar y saludarse. Llega el día del amigo y hay que llamarse. Sale una red social y hay que unirse. Y para no ser, justamente, una antisociable, hay que aceptar la solicitud de hasta la pendeja que en el recreo de primaria te escupía el alfajor. Hay que dejar de fumar. Hay que ser sano, comer cinco porciones de fruta y verdura por día para prevenir el cáncer de argolla, hacer crucigramas para agilizar el cerebro y ejercicio físico para agilizar el orto. Hay que tomar dos litros de agua por día para oxigenarse o no oxidarse y así tener el culo de Madonna. Hay que olvidarse de comer nada que contenga estrógenos, transgénicos ni grasas trans y hay que alimentarse sólo a omega 9. Hay que ser joven, linda, inteligente, independiente y tener pensamientos positivos. Llega el fin de semana y hay que salir y divertirse. La vida se está transformando en un gigantesco e inmanejable “hay que”. Por supuesto que yo no hago nada de lo antedicho, pero esa es otra historia. No quiere decir que no me tengan los huevos al plato y/o fritos con el tema. Lo parió. Y, como si esto fuera poco, si hace un par de meses que salís con alguien, ¿qué hay que hacer? Hay que presentárselo a Mami. Algún día tenía que suceder, sobre todo para no tener que escucharla más. Cuando le comenté a Fede de la situación, sólo dijo “Me encantaría”. “Porque no la conocés.” “No, de verdad, aparte así estamos a mano”. “No me hagas acordar, te lo pido por favor, igual a mano no vamos a estar nunca, ¿o pensás ir en bolas?”. “No está mala la idea, me podrías presentar como ‘mi novio, el del pito veloz’”. Me hace reír a veces. “¿Mañana te parece bien?” “Me parece perfecto, lo que vos digas, mi amor.” “Ay, cómo estamos esta noche.” “Y no tenés una idea de cómo vamos a estar en un ratito”. Es así, será como siempre dice justamente Mami, será que me sabe llevar. No sé qué carajo querrá decir ella con eso pero lo repite siempre “A Emilita hay que saberla llevar”. Una se siente un poco perro que sacan a pasear pero ya con los años y San Iturralde de por medio hemos aprendido, un poco, a no escucharla. Total que el sábado fuimos después de almorzar. Mamá se manejó dentro de lo esperable. Lo miró, lo estudió, le sacó tres millones de radiografías y tomografías computadas, le sonrió mientras le preguntaba hasta por su tatarabuela. Por supuesto que le habló de Federico y lo mucho que lo quería. Ella nunca entendió eso de que la familia de tu pareja es “política”. Cuando empezó a contar la anécdota de la tortuga de agua que se me murió porque la puse en un balde y me la olvidé cuando tenía ocho años, decidí que ya el momento de retirarse, antes de que sacara las fotos de la comunión. “Mamá nos tenemos que ir, tenemos un cumpleaños hoy a la noche y hay que comprar el regalo”. “¿Qué cumpleaños?”, me pregunta él; se ve que cada tanto se le corta el ingreso de oxígeno al cerebro. “El de mi alumna, ¿no te acordás?” “Uy, cierto, bueno, señora fue un placer”. “Igualmente, querido, lástima que se tengan que ir tan rápido, esta chica está siempre apurada”. “El regalo, mamá, es por eso.” “Sí, claro, acordate de pagar en efectivo, no uses la tarjeta de crédito, el otro día escuché en la radio que las clonan”. “Mamá es una tarjeta, no la oveja Dolly”. “Ay, Fede, ¿ves lo que te digo? A veces, hay que tenerle paciencia, pero es buena”. “Buena mandarina”, agrega el pelotudo guiñándome un ojo al mismo tiempo y evitando así el rosario de piropos que inundaba mi garganta. Mami larga la carcajada y agrega, “Es un divino este chico, Emilita, cuidalo”. Sí, mamá, cuando llegamos al depto le masajeo las bolitas con talco, pienso, y digo “Chau, mamá, después te llamo”. Bajamos los tres pisos en silencio. Hasta que no aguanto más, “Decime, nene, ¿te tenías que hacer el gran Lorenzo Lamas?, ¿era necesario?” “Bueno, Emi, ¿qué querés que le diga a tu vieja?” “Nada, el ‘señora fue un placer’ era el final perfecto”. “Pero así se queda contenta, corresponde…”. “Co-rres-pon-de… Mirá vos…”

Silencio hasta el auto. Silencio que no puedo sostener, porque si pudiera sería algo así como la reencarnación de María de los Ángeles Medrano, y a mí el acento gallego me sale para la mierda. “Y supongo que después vas a querer salir, ¿no? Ya que vamos a hacer lo que corresponde, hoy es sábado a la noche y corresponde divertirnos”. “¿Te acordás de ese artículo de filosofía que leímos el otro día”. “Sí, ¿y qué tiene que ver?”. “Si querés, salimos y si no, vamos a casa y te afirmo lo múltiple, negrita”. Cuando se hace el ordinario, me encanta. Y, bué, habrá que divertirse.

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