martes, 31 de agosto de 2010

La Emilia 77: Vedere a la amiga, el marido, los pibes, la suegra... e dopo morire.

Mi amiga Luisiana me tiene re podrida. Tiene una maldita costumbre de mierda, te disfraza un pedido de una manera tal que parece que ella te estuviera ofreciendo algo. Hay mucha gente así. Diálogo típico: A: “¿El sábado no es el cumple de Fulanita?” (hoy es lunes) B: “Ay, sí, menos mal que me hiciste acordar. Le tendría que ir a comprar un regalo.” A: “¿Y por qué no vas ahora? A la tarde temprano no hay nadie en el shopping, así ya te lo sacás de encima.” B: “Sabés que tenés razón, después por ahí en la semana se me complica.” A: “Ya que estamos voy con vos, tengo que hacer un trámite por ahí cerca, ¿me llevás?” Y cuando querés acordar estás yendo a un lugar al que no tenías pensado ir ese día, a comprar un regalo que capaz no tenías que comprar, haciéndole de taxista a una persona a la que pareciera que le debés un favor. Es un mecanismo calamitoso, para el que va manejando el auto obvio. Después están los que te ofrecen algo y, una vez que decís “sí gracias”, te piden otra cosa a la que a vos te da no sé qué negarte porque total es una boludez y no te cuesta nada y cómo no le vas a decir que sí con todo lo que esa persona ya te ha dado (que vos no se lo hayas pedido no importa, ese es un detalle). Un quilombo las relaciones, como siempre. Pensándolo bien, esa frase la tendría que desterrar de mi vocabulario, no la del quilombo, la anterior, el “no me cuesta nada” suele salirme carísimo. Total que el domingo a la mañana Luisiana me llama. “¿Qué hacés, cómo andás?” “Bien, Luisiana, bien”. “Comunicáselo a tu voz, entonces, no sonás muy bien que digamos”. “No me jodas, me acabo de levantar, es por eso”. “¿Qué?, ¿estás sola?”. “Sí”. “¿Y por qué no te venís a casa a comer un asadito? Dale, no te quedes sola un domingo”. Tendría que haber sospechado por la rapidez de la invitación, no hubo ningún ¿por qué estás sola? mediante, por ejemplo. Pero caí. Como una flor de pelotuda caí y fui, para mí que la terapia me está haciendo para la mierda. Me fallan los reflejos, qué sé yo. Si yo tengo clarísimo que no es un programa de living la vida loca, si la mina tiene cinco pibes, un marido insoportable, de lo único que podemos hablar entre limpiada de moco, grito a la adolescente y el pañal que cambia es de si se viene la tormenta de la puta Santa Rosa o no. A lo mejor porque estaba sola, por qué todavía no lo sé, no lo tengo claro, porque el tipo está raro, de golpe habla poco, no se puede quedar, algo le pasa… algo le pasa… ya me contará, o no, pero no me voy a enrollar. Cuestión que no tenía mejor programa, o no tenía programa y punto. Suena deprimente. No, no suena, es. Pero bueno… no me voy a enrollar… no me voy a enrollar. Santa hormona de la desesperación… Suéltame. Total que fui y bingo también estaba la suegra. Completita completita. A mí me gusta la carne jugosa, me encanta escuchar un mú cuando me la sirven en la tablita, pero hay muchos chicos, la triquinosis y la puta madre que lo parió al chancho; suela de zapato comí, igual yo sé que me lo hace a propósito el boludo, porque bien podría sacar un pedacito antes y dejarme de joder. Papas fritas no había, sólo ensalada de radicheta y remolacha que había traído la suegra y que insistía en que yo comiera. El verde no es mi color favorito y odio la remolacha, me da asco verle los dientes colorados a los demás y pensar en los míos de la misma manera me da una especie de soponcio. Igual, ¿a qué mente pervertida se le puede ocurrir una ensalada de radicheta y remolacha? A una suegra, nada más. Por supuesto que no la probé, tengo un límite. Después de tan ameno almuerzo, se me ocurre decirle a Luisiana que, ya que estaba la susodicha, nosotras podríamos ir al cine. Me escuchó el de siete y, junto con la de nueve, gritaron, “dale mami dale, vamos a ver El último maestro del aire en 3 D!!!! Que la abu se quede con los mellizos!!!!!”. “¿No me hacés la gamba, Emilia?” “Es la manera ideal de terminar este domingo espectacular, amiga.” El tresdé también me tiene podrida. El tresdé es moda. El tresdé es todo. El tresdé es una garcha. Si encima es de un niño avatar con una flecha tatuada en la cabeza que se comunica con los dioses y entra en trance, se le ponen los ojos fluorescentes y de golpe parece Linda Blair pero sin el vómito, me agarra un súbito deseo de hacerme menonita. La puta que lo parió al reino del fuego de la tierra del agua y de la concha de la hermana del chino maestro del aire. Cómo estamos hoy con la letra ch. Che che che… escuchame, parece que quisiera decir. Yo sola me meto en estas cosas. Es tan fácil decir, no Luisiana, te agradezco pero prefiero quedarme en casa. No sé qué es lo que me pasa con esta piba, no le puedo decir que no aunque de antemano sepa que voy a putear en etrusco toda la tarde. Y si esa tarde termina con un pedido, bingo.

“Te quería pedir un favor, Emilia”. Cagamos dijo Peralta Ramos. “En la semana, en el jardín festejan el día de la familia y piden si puede ir un familiar y como hermana yo no tengo…” “Sí, ya sé con la tuya me entretengo, ¿por qué no le decís a tu mamá?” “Está en Bariloche con el centro de jubilados.” “¿Y tu suegra?” “No le quiero pedir más nada, sino la hipoteca no la termino de pagar más.” “¿El hermano de tu maridito encantador?” “Trabaja, no puede ir a esa hora.” “¿Y qué carajo te pensás que hago yo a la hora en que tus vástagos están en el cole? ¿Qué me rasco la cuevita?” “No, bueno, pero seguramente vos podés manejar tus horarios de otra manera. No tenés que marcar tarjeta.” “Ahh, ahora entiendo, porque tu cuñado trabaja en una fábrica de rulemanes, dejate de joder.” “Es que para los mellizos es como si fueras la tía y para mí, para el día de la familia, me gustaría que fueras vos.” “No me vengas con sentimentalismos, te lo pido por favor que tuve un sábado de mierda con respecto a eso. Pero, a todo esto, ¿por qué festejan el día de la familia a fines de agosto?” “Problemas de calendario”. “De-ca-len-da-rio, cómo me gustaría tener ese tipo de problemas, la verdad… ¿A qué hora tengo que ir?” “Y,… cuando entran… a las ocho.” La 38 directo al paladar blando, la única solución. “Nos vemos en la puerta del cole.” “Gracias, Emilia, sos de fierro”. “Sí, sí.” Me subo al taxi, prendo el celular que había apagado al mediodía… ni un puto mensaje… No me voy a enrollar… No me voy a enrollar.”

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