jueves, 4 de noviembre de 2010

La Emilia 86: Sexo (poco), mentiras (demasiadas) y video (repetido).

La serie ‘Lie to Me’ le ha hecho mucho daño a mucha gente, entre ellas a mi amiga Luisiana, que se ha aprendido todos los signos de memoria y no puede parar de tratar de descifrar cada mínimo gesto de la persona que está frente a ella para darse cuenta si le está mintiendo. Insoportable. Sobre todo para el esposo que, aunque como todo el mundo sabe no es alguien a quien yo estime en demasía, no se merece semejante tortura. Inútil por otra parte, porque si hay algo que el tipo tiene es cara de mármol de Carrara y si hay algo que no le importa en lo más mínimo es si los demás le creen o no. Como lo demuestra el hecho de que insista en que la ropa de su bolso deportivo vuelve el ochenta por ciento de las veces impoluta porque “yo no traspiro, mi amor”. De-ja-te-de-jo-der. Total que me encuentro con ella en un bar, con ella que está, una vez más, desesperada. “Me miente, me miente todo el tiempo”. “A veeeer…”. “Traga saliva cuando habla”. “OK, es un baboso, ya lo sabemos, igual es mejor que se la trague y no que te escupa, o que se ahogue, imaginate explicarle a todos los pibes que tenés con él ‘Papi se ahogó con su propia saliva, recuérdenlo bien aunque era un pelotudo’.” “Se toca la cara todo el tiempo, Emilia”. “Bueno, bastante educado, la mayoría de los tipos cuando te habla se tocan la bolas”. “Emilia, prestame atención, no parpadea, mira fijo”. “Es autista”. “No me mira a los ojos”. “¿En qué quedamos? ¿Mira o no mira?” “Y encima tartamudea”. “Con toda esa descripción, lo que menos te tiene que importar es que mienta, querida. El pibe tartamudea, traga saliva y se toca la cara al mismo tiempo que mira fijo al infinito, francamente desagradable, ¿cómo lo aguantás?” “No hace todo eso junto. Vos nunca me tomás en serio”. “Yo a vos te tomo en serio, lo que no tomo en serio es lo que decís, porque me parece una pelotudez, disculpame que te lo diga de esta manera”. “¡Ja! En este preciso instante vos me estás mintiendo, seguro que porque no sabés qué decirme… Mirá cómo inclinás el cuerpo hacia delante mientras me hablás.” “Ligeramente hacia delante, en realidad, era más hacia el costado, me estaba tirando un pedo.” “Ya te salió la ordinaria.” “¿Qué? ¿Vos no te tirás pedos?” “No.” “Sí, claro, y cagás jazmines de la república, ¿ves que vos también mentís?” “No, yo no miento nunca.” “No seas hipócrita, Luisiana, todos mentimos todo el tiempo sino seríamos inadaptados sociales. Bueno, pensándolo bien… Pero no me quiero ir de tema. El punto no es si lo hacemos o no, el tema es por qué, para qué y, como siempre, si hay mala leche o no”. “¿Y vos por qué mentís?” “Básicamente para que no me rompan las pelotas”. “No me contestes así, parece que no te interesara el tema”. “Pero siiiiiií, ¡cómo no me va a interesaaaaaar!”. “La mentira tiene patas cortas, Emilia.” “Sí, pero corre como una hija de puta si quiere, mi amor, así que no te preocupes más. Ya lo hablamos muchas veces, Luisiaaanaaa… no tiene sentido.” “Pero yo sólo quiero saber por qué me miente.” “¡Porque no parás de preguntaaaaaaaar! Lo obligás al tipo. ¿Para qué?, digo yo. Si ya sabés la respuesta. Aceptalo de una vez o mandalo a la mierda, pero terminala. Voy a terminar yo teniéndole lástima a él, mirá.”

“Chicas, discúlpenme que me entrometa”, dijo el canoso de anteojos y pañuelito al cuello sentado a la mesa de al lado, “no discutan más sobre el tema, si hasta la CIA nos metió el verso de que el hombre llegó a la luna, ¿o no se dan cuenta que es un montaje? Lo hicieron en Jóligud, yo sé lo que les digo.” Como digo siempre, éramos pocos y la abuela parió quintillizos. Lo único que me faltaba era tener que escuchar, a falta de una, a dos desquiciados mentales. Pensé que mi mirada lo iba a llamar a silencio, pero no. “Insisto, no discutan más, no se entretengan con el chiquitaje de la vida, el mayor problema no es la mentira personal, es la pública, ésa es la que te caga la existencia, lo demás se arregla fácil.” Y se paró y se fue. A la final, como decía mi tía Chola, nunca sabés cuándo te podés encontrar con un loco que te haga pensar.

2 comentarios:

Javier F. Noya dijo...

Jajajaja!! Me has hecho reir, muy bien llevado!! Y lindo final!! Coincido con ese loco, las personales se arreglan rápido (a veces con un portazo), pero las públicas, hacen daño, más en un contexto (lamémosle benévolamente sociedad, civilización) donde podemos llegar a creer que el Che usaba carteras Louis Vuiton jajajaja!
PD: eso de las series es cosa seria, es cierto también, uno puede llegar a creer cada cosa... Besos.

Adriana Menendez dijo...

gracias, JAVIER. y sí, los locos suelen decir algunas cosas ciertas. me encantó tu ejemplo del che. beso grande.