lunes, 4 de enero de 2010

La Emilia 37: ... and a Happy New Year!!

Hay un genotipo masculino que me cae particularmente mal, por ser fina y no decir para la mierda. Insoportable en sus treinta, merecedor de muerte por estrangulamiento de pene en desuso si ya está llegando a los cincuenta. Es el W.I.N.G.: Winner Inútil – Naturalmente Ganso. Suele aparecer en las fiestas con un sweater de hilo aunque haga cuarenta y cinco grados a la sombra, en lo posible color beige o cremita, y, detalle infaltable, las mangas arremangadas al estilo Mateyko en los ochenta. Pocos pelos, pero largos. Pocas ideas, pero estúpidas. Jeans, zapatillas y una pose… una pose… francamente incalificable. Dice a quien lo quiera oír, vocifera mejor dicho, que él es lo más. Que tiene muchas minas. Está convencido de que todas las mujeres acaban con sólo mirarlo y de que coge como los dioses, y eso no lo pongo en duda, dado que los dioses no existen. Como máximo exponente de literatura universal lo tiene a Bucay y, por ende, es cultor de frases como “dame tiempo estoy confundido”, “siempre te voy a querer”, “nadie te va a amar tanto como yo, pero esto no va más” y “no sos vos, soy yo”. Si acaba de separarse puede llegar a decir cosas como, “quiero entrar en una dinámica más cool”, “estoy redescubriendo mi sensibilidad” o “ahora sólo quiero vivir la vida”. Su película favorita es Gladiator y se comporta como si fuera el hermanito gemelo perdido de Russell Crowe. Por supuesto votó a de Narváez, sólo porque le cae bien el tatuaje, y puede pasarse toda una noche diciendo “quereme” esperando que una, con una sonrisa de complicidad, le conteste “querete”. Lo que más desea en la vida es que todos lo consideren un copado y cuenta esperando que lo aplaudan que todavía tiene guardados tres números de la revista Condorito y un yoyo Rusel (de ahí su empatía con Gladiator). Cuando baila, canta y actúa todas las canciones, hace una especie de “conejito” extraño con sus dientes mientras apenas muerde su labio inferior, frunce el ceño, entrecierra los ojos, levanta los brazos y mueve la pelvis, ya sea para bailar cumbia o rock, Bombón asesino o Un poco de amor francés. Para el 31 a la noche, Vero me invitó a una fiesta y el único tipo solo y supuestamente apetecible (hasta el vómito) era uno que caía en la categoría antes descripta. No la hubiera pasado tan mal si no fuera por el pequeño detalle de que a último momento apareció Federico, me agarró el típico coágulo femenino y me hice la interesada en el bofe para que el otro supusiera que no estaba sola. Ay, Emilita, a veces te merecés morir por un suicidio, mirá.