lunes, 29 de marzo de 2010

La Emilia 43: Volver (sin que se te marchiten la frente ni las puntas)

Y tuve que volver. Después de la noche de pasión trunca con el primo cool e intelectualoide de Johnny Allon, mi cabeza era un lío. Ya no sabía qué pensar ni qué hacer. La realidad indica que una vuelve, siempre vuelve después de un tiempo. Hay profesiones que hacen un culto del agarrarte de algún lugar para que tengas que hacerlo. Así que junté coraje y me fui. Empecé por la peluquería, la terapia es como el cielo, puede esperar. Cuando entré, gracias a dios para mí pero no para la dueña, estaba vacía. Apenas me vio me alcanzó un folleto que le habían dejado. “Te va a ayudar”, me dijo al mismo tiempo que largaba una carcajada feroz. Era una propaganda de un curso de desarrollo armónico del ser humano. “Me estás jodiendo”. “Obvio, nena, ¿qué te vas a hacer?” “Lo mismo que la última vez”. “Ok, sentate”. Hablamos de temas varios en general (familia, padres, trabajo, cotidianeidades domésticas) y de hombres en particular (parejas, novios, propios y ajenos, sexo por supuesto). En la peluquería, Hegel no clasifica. Al principio nos contamos los básicos. Yo: soltera, sin hijos, madre viuda rompepelotas, profesora de inglés. Ella: separada, dos chicos, padre también muertito, madre todavía no, profesión evidente.
Cada vez nos fuimos poniendo más particulares. “¿Y este Federico, que va y viene, qué pasó?” “Una tarde me llama y me dice que quiere tomar un café, fuimos y me contó que había tenido una, y lo cito textual, aventura amorosa.” “¿Eso te dijo? Es medio perversito entonces.” “No, es un pelotudo entero. Encima el forro me dice cometí un error, perdoname... El tipo no cometió ningún error, el tipo es un error. Me levanté y me fui. Es algo que te cuento últimamente hago muchas veces y no lo estoy haciendo ahora porque tengo esto que me pusiste en la cabeza y la verdad me da más vergüenza salir así a la calle que habértelo contado.” “Pero nena, por favor. Sabés las cosas que te puedo llegar a contar yo.” Y largó. Así fue, no sé qué, no sé cómo, pero seguimos hablando y hablando. Y nos terminamos contando la vida. Cosa de minas.

lunes, 22 de marzo de 2010

La Emilia 42: Mujer soltera busca (fantasmas abstenerse)

La culpa de todo la tiene Julia Roberts y esas películas de mierda que hace. Pero por qué no venís a trabajar acá a Plaza Constitución a ver si baja George Soros a rescatarte, que te tiró. O la otra, Demi Moore, dale que te dale con la cerámica, la pelotuda que nos hace llorar porque sigue enamorada de un fantasma; esa sí que no necesita terapia, necesita que Freud resucite directamente… y hablando del austríaco, cómo nos arruinó la vida este tipo, antes de que inventara todo lo que inventó, la humanidad vivía más feliz, todos estábamos más contentos, boludos en nuestra ignorancia, pero contentos al fin, en cambio ahora pensamos y pensamos y nos vamos al útero de mamá todo el tiempo, y deshuesamos pollo sin parar… bueno pero de él me encargo otro día… O Meg Ryan, la peor, debe de ser la única mujer en el mundo que conquista hombres caminando como un pato, si yo salgo así por la calle se me ríe en la cara hasta Pedrito Rico, en cambio de ella se enamora Tom Hanks, que encima es millonario, todo por mail, a mí lo único que me llega por mail últimamente son propagandas de viagra o “enlarge your penis”…. Nos han hecho creer que todo es posible si hay amor. Y, sobre todo, les han hecho creer a los tipos que nos mojamos con sólo mirarlos. Nos han hecho creer cada boludez, la verdad. La cuestión es que estaba yo tan aburrida que acepté la invitación para ir al cine y después a comer (muy americano el chico) de un amigo de un primo de Vero que había visto una vez en un cumpleaños de su vecina. Error, obviamente. Dos horas antes de salir a su encuentro me llamó por teléfono para preguntarme si me daba lo mismo ir a su casa, que él era un muy buen cocinero, que me quería homenajear con un plato especial, y que tenía una película maravillosa para ver. ¿Cómo negarme? Diciendo no, pelotuda, ya te pasó muchas veces que has caído en lugares francamente indeseables, todo por no saber “cómo negarte”. Yo no sé si esto es grave, pero a veces me hablo y me contesto como si fuéramos dos personas, no sé si debo preocuparme… Bueno, total que fui. No fue más que entrar y arrepentirme. Al tipo le encanta cocinar, mientras cortaba los tomates tuve que escuchar las anécdotas de cómo la abuela le había pasado los secretos de la receta del pomodoro al uso nostro, y escucharlo y escucharlo, y escucharlo, cómo hablaba el hijo de puta. Es de esos tipos que tienen una explicación para todo, hasta para el origen de la frase ñam fi fruli fali fru. Finalmente, nos sentamos a comer (en definitiva, unos fideos con salsa de tomate) con música de Juana Molina de fondo. Me habló de su mamá, de su papá, ambos arquitectos, y de su hermana la profesora de yoga y de cómo Hermann Hesse le cambió la adolescencia. Cuando me mostró la película que tenía para ver, me dije, “y bueno, Emilia, ya estás jugada”, era coreana; y sí, algún cineasta en Corea debe de haber, yo la verdad no lo conozco.
A los postres (algo que no sé muy bien qué era pero que tenía sésamo arriba) se levantó para cambiar la música. “¿Querés escuchar algo en especial?”, me preguntó. “Seguro que tenés algo de Drexler”, le contesté. “Pero, por supuesto, qué bueno que te guste, ¿cómo te diste cuenta que a mí también?” “No hace falta ser gallina para saber si un huevo está podrido, mi amor”, le contesté en un ataque de romanticismo furioso. “No sé si por tu tono estás siendo irónica o simplemente guaranga, no hablás en toda la noche, me tengo que esforzar para llevar adelante una conversación interesante y de golpe decís una cosa así. Francamente, Emilia, no sé qué pensar”. “Pero no pensés nada, y ya que te gusta cocinar, ¿por qué no te hacés amigo de Chichita de Erquiaga y se van juntos a la Fiesta Nacional de la Masa Vienesa? Chau, bombón, que te diviertas con los chinitos”. Me levanté y me fui. No era un mal chico, pero tenía muchas plantas, hasta un ficus. Me parece que voy a volver, a terapia digo.

miércoles, 17 de marzo de 2010

La Emilia 41: Chau chau adiós...

“…, quizás mañana estando lejos me arrepienta de este adiós. Chau, chau, amor, que la distancia nos separe y decida por los dos… Chau, chau, adiós, y si mañana me doy cuenta que de ti no me olvidé, yo volveré…”.

Yo me pregunto, ¿qué es lo que hace que Juan Pompeyo de la Recalcada siga enviándome invitaciones diarias para hacerme fan de “La Chota de la Porota – Sitio Web de Interés General” a pesar de que yo se la rechace una y otra vez? Ya no soporto más a Jean Luckás que me manda la misma cantidad de invitaciones para hacerme fan de… ¡¡¡“Jean Luckás – Otra Figura Pública”!!! Mis queridos masocas profesionales, búsquense a otra persona que los rechace de manera cotidiana. Aprovecho también esta oportunidad para decirle a “EYA” que la música que hace su banda es una cagada, a Ωœ†æƒ que nunca le acepté la solicitud de amistad porque nunca entendí en qué carajo de idioma me hablaba, a Miguel Ángel Rafael Salvador que sus cuadros son una mierda, y a María Pía le pido por favor que de una buena vez se entere que los ocelotes abandonados, las vacas deprimidas de Cataluña y las lagartijas estériles de Ruanda me importan una verga. Después de estas confesiones intituladas “ganando amigos con La Emilia”, le comunico a José Féisbuk que nuestra relación ya no puede continuar. No me busquen, porque no me van a encontrar. Chau chau adiós, chau chau… Ay, Raúl Abranzom… si todo fuera así de fácil.

lunes, 15 de marzo de 2010

La Emilia 40: Los sospechosos de siempre (vamos, y algún que otro inesperado también)

Todos los días trato de no sacarme, de que la cadena siga en su lugar, de que la térmica no salte, pero el mundo se confabula para que no pueda lograrlo. Hoy me levanté bastante tranquila, desayunaba en paz, mi mate amargo a la derecha, leyendo el diario, cuando un titular hizo que mi pobre gato, que sólo maullaba por un poco de comida, se comiera en realidad una buena patada en el culo (debo aprender a manejar mi furia contra el objetivo que se lo merece, me digo y me prometo escribirlo cien veces para cumplirlo). Parece ser que en algún lugar de Alemania llevaron a cabo una investigación sobre la psicología de la atracción sexual. Y los sabios teutones llegaron a la sabia conclusión de que “los hombres se sienten atraídos por una variedad más amplia de mujeres cuando están estresados”. Pero estos hijos de una gran Heidegger, ¿por qué no gastan sus millones en investigar el aumento en la colonia de jejenes en la Selva Negra en vez de inventar excusas pelotudas? Imagínense la situación que se puede llegar a generar cuando, por ejemplo, después de leer semejante artículo un administrativo que vive en Lanús llegue a la casa y alegremente, dando por sentado que ella leyó el diario y lo va a entender, le diga a su señora: “es que querida, vos sabrás comprender, me tuve que coger a la vecinita de enfrente, que me tiene locoloto, porque hoy en la oficina me agarró el jefe y me puso muy nervioso”. La mujer seguramente lo comprenderá y, acto seguido, lo pondrá culo al norte para hacerle una enema de Prozac al grito de “Vení que te tranquilizo, mi amoooor”. Esto es lo que yo llamo irresponsabilidad científica y periodística, no tienen en cuenta las consecuencias de sus actos estos idiotas, pero no me voy a ir por las ramas y no voy a hablar de los diarios, aunque ganas no me falten. Volviendo..., la verdad es que he escuchado pretextos estrambóticos a lo largo de mi vida, pero éste se lleva los laureles. Aunque pensándolo bien, recuerdo al marido de una amiga que, cuando ésta le encontró el voucher de la tarjeta de crédito con el que había pagado su estancia en “Los jardines de Sodoma” (entre paréntesis hay que ser pelotudo para pagar con tarjeta de crédito) dijo que se había metido a dormir una siestita en un telo porque le dolía la muela y estaba lejos. Le bajaron todos los dientes, para que se ahorrara la visita al dentista. En realidad, muchachos y muchachas de mi barrio, las excusas son innecesarias. Hay que convencerse de una buena vez de que los cuernos están sobrevalorados. La fidelidad es un mandato cultural, es hora de que nos demos cuenta de que lo importante pasa por otro lado, de que el sexo no es egoísta, de que acostarse toda la vida con la misma persona es imposible, además de aburrido. Todo esto siempre y cuando no me toque a mí ni a ninguna de mis amigas. Ahí es el preciso momento en que la racionalidad, el progresismo y las justificaciones varias se me van al reverendísimo carajo.
Lo que más bronca da es enterarse. He escuchado a más de una decir frases como: “Qué carajo me importa que tenga sus cosas por ahí, pero encima me tiene que tomar por imbécil y hacérmelo saber el gilipollas del orto” (esta amiga había pasado un tiempo en España y no paraba de usar ese tipo de frases, a lo mejor por eso el hombre se tomó un respiro por ahí, porque ya no le entendía una palabra). Y es verdad, hay cosas de las que una mujer nunca debe enterarse, que tu amante sufre de hemorroides, que su mujer tiene que tomar antidepresivos o que tu novio, esposo, tutor o encargado se acostó con otra.
Lástima que los alemanes no hicieron este descubrimiento un par de años atrás, así Federico hubiera contado con otro argumento. A lo mejor, me convencía…

lunes, 8 de marzo de 2010

La Emilia 39: Los caballeros las prefieren... ¿cómo?

“Para mostrar tus deseos a flor de piel, provocando y dejándote provocar. Para que en cada paso sueltes tus sueños, para que el mundo entre en ellos y en tu fibra íntima. Para que te desvistas ante esas miradas que aún no te descubrieron. Hombre, mujer, seres eróticos…”. Juro que esto es una publicidad de ropa. De-ja-te-de-jo-der. Ya sé que está dirigida a gente para la cual la máxima expresión de valentía y coraje es pedir de postre una mousse de chocolate, pero igual… Y hablando de postres, pensándolo bien, yo estoy en el horno. Para empezar, si hay un lugar donde están mis deseos, no es precisamente a flor de piel. No sé si tenerlos ahí es bueno o malo, sí que debe de ser incómodo. Tal vez debería volver a terapia para resolver el asunto, tal vez haya un lugar intermedio entre la flor de la piel y un recóndito rincón del duodeno. El tema es cómo hace una para mostrar sus deseos, si es que los conoce en primer lugar. El novio de una amiga, psicólogo él, decía que lo mejor era hablar y hablar. La verdad es que yo hablo hasta cuando me callo, y la mayoría de las veces no tengo la menor idea de lo que quiero. O sí, pero haciéndome la boluda no hay quién me gane. Provocar… provocar. Yo provoco bastante y, la verdad, es que la gente vive provocándome. El tema es qué. Ahí te quiero ver. Con respecto a andar soltando los sueños por la calle mientras una camina es, como mínimo, peligroso, sobre todo para los demás, que los tienen que
andar atajando. Lo que no comprendo del todo es eso de que el mundo entre en mis sueños. ¿Vendría a ser algo así como una terapia ya no grupal sino global? También peligroso, una no puede andar invitando a toda la gente que conoce a que entre en su fibra más íntima, por lo menos, no si quiere evitar un suicidio en masa. Por último, si hay miradas que no me descubrieron, ¿para qué me voy a poner en bolas delante de ellas si no me van a ver? ¿Para alimentar mi baja autoestima? Al final mi tía Dora va a terminar teniendo razón, “hay gente rara”, dice ella todo el tiempo, con una inocencia envidiable. Ah, estoy pasando por un momento inolvidable. Qué lindo que me dejé convencer por Mami que, para festejar el día de la mujer, me invitó a almorzar y a ir de compras. Perdón por usar un cliché prejuicioso, pero quiero ser rubia.