viernes, 4 de febrero de 2011

La Emilia 97: Rebelión en la granja.

Hay un cierto prejuicio positivo hacia el campo, ese lugar en el que resulta muy incómodo caminar con tacos y andan dando vueltas animales que a mí sólo me despiertan el apetito o me hacen pensar en carteras y zapatos. El campo te desintoxica. El campo tiene otro aire. El campo te tranquiliza. El campo es básicamente verde, está poblado de insectos indescriptibles y te aburre soberanamente, dejate de joder. Además, el campo es creepy. Llega el atardecer, todos esos pájaros que vuelan a esconderse, las vacas que mugen, las ranas que croan, los grillos que vaya una a saber qué carajo de ruido hacen, todo se pone oscuro, no ves un alma, el celular casi siempre se queda sin señal, no te podés tomar un taxi para rajarte… claustrofobia me da el campo a mí, eso es lo que me da. Igual el concepto que peor me cae es el que santifica: “la gente de campo es buena”. Pero por favor, si vos tenés todos los días la posibilidad de matar un ser vivo, sea este chancho o gallina, el instinto de asesinar gente se te debe de reducir bastante supongo. Y además convengamos en que tienen muy poca gente alrededor para joder. Si yo ando sola por la calle tampoco toco bocina. Y después también están los insoportables pelotudos que se ponen un par de alpargatas y se convierten en Don Segundo Sombra ipso facto. Como el tilingo a gran escala que tiene por marido mi amiga Luisiana, que alquiló una especie de chacra para que la familia pase el verano porque, según sus palabras, “ir a la playa con tantos chicos se te complica, Luisi”. Porque por supuesto que siendo un ejecutivo de alta gama como es él, de esos que van exitosamente por la vida disfrazando boludeces de propuestas, no puede abandonar su puesto de trabajo y debe sacrificarse permaneciendo solito su alma en la ciudad de lunes a viernes, pobreciiitooo. Con toda la casita para él. Flor de mejor no digo qué porque últimamente me andan rompiendo mucho las pelotas con que puteo demasiado. Y Luisiana se sigue haciendo la boluda. Hasta que me llama por teléfono: “Como este fin de semana no puede venir amenaza con mandarme a la madre para que no me quede sola; si no me vienen a visitar me corto la yugular con una ortiga.” Así que allá fuimos Vero y yo. Como es la más negadora de las tres, cuando llegamos (con tierra metida hasta el más recóndito lugar de mi organismo porque a mi batata querida se le rompió el aire acondicionado) nos recibió con un:

“Vieron, chicas, qué lindo lugar, no se lo podían perder”. “Le estás dado duro al Rivotril, ¿no?” “Sí, Emilia, para qué te voy a mentir, tengo a los chicos con síndrome de abstinencia de Facebook.” “¿Los trajiste a un lugar donde no tenés computadora? ¿Pero vos estás loca?”, casi gritó Vero, más preocupada por ella y por mí que por los pendejos. “Es que la idea es que disfruten del aire libre.” “Pero, nena, con una buena conexión podés sacar la compu al patio, lo tuyo es abuso.” “Los llevo todas las noches al pueblo, hay un locutorio.” “¿Y hay alguna otra cosa interesante para ver en el pueblo?”, intervine yo porque la discusión cibernética me estaba por hacer sangrar el oído. “Hay un bar para tomar algo y creo que tarde a la noche se hace baile.” “¿Tenés con quién dejar a los chicos?” “Están los caseros.” “Perfecto”, concluí, “nos bañamos y vamos a conocer el famoso rancho ’e la cambicha.” La descripción del lugar y sus parroquianos queda para otro momento.

2 comentarios:

locopepe sin tiempos dijo...

La amistad es lo primero y si hay que hacerle el aguante a una amiga, allá vamos.

No podía parar de reírme, grande Emy, vale la pena despertar así. Gracias lady.


La cosa es que voy los finde al campo, ese campo que compraron y donde viven otros, que cuidan otros, que es tema de otros, pero el asado lo hago yo, y por las dudas ahorita mismo, tire mis alpargatas de yute Rueda Luna, aunque no sea, ni seré jamás un ejecutivo disfrazado de gaucho y lo único que tengo de alta gama es la planchita GAMMA(a estrenar, se vende con cajita y todo) que no se para que me la regalaron en navidad si soy pelado.

Mis parientes o son pelotudos (lo mas probable), era una cargada o se equivocaron con el papelito de los nombres y después les dio cosa decir, Che loco, me equivoque no era para vos sino para la perrita de la tota, tu prima.

A como sea la cosa, me acorde que tengo para vender un router inalámbrico de primera generación (no se que significa, me lo regalaron al contratar Internet de banda ancha que tampoco se que quiere decir porque no vi ninguna banda ni ancha ni flaca por ningún lado,
y lamentablemente también tengo un aire acondicionado que me quedo del Siam Di Tella modelo 1960 que me robaron anoche frente a la plaza del pueblo y en la puerta del almacén de ramos generales de don Cambicho, mientras miraba riéndome(mientras me afanaban el auto), a 3 porteñas cuarentonas con caras de perdidas (onda que carajos estamos haciendo acá, súper producidas para un evento del Alvear Palace Hotel y rodeadas de famélicos paisanos que nos quieren garchar vestidas)
y escuchando un chamamé cantando por Don Antonio Tormo.

Locopepe matiando en la tapera

Adriana Menendez dijo...

la que no puede parar de reírse soy yo, LOCO... no te podés imaginar las cosas que te puede llegar a sugerir la emilia para que hagas con la planchita, sobre todo después de que la llamste cuarentona!!!! beso grande.