martes, 22 de febrero de 2011

La Emilia 98: Sí, soy así, quevachaché.

‘Carlos Manuel’, el bar de moda del pueblo. Mesas y sillas de algarrobo, más bien oscuro, paredes de ladrillo a la vista minadas de cuadritos con fotos de revistas, pósters de películas, tapas de vinilos, herraduras, llaves viejas y frases del estilo ‘Te ofrezco un sueño, no me preguntes si es peligroso’. De fondo, música de lo más variada, de Charly García a Montaner, de Soledad a Los Piojos sin solución de continuidad, decían antes en la tele. La televisión, justamente, encendida, sin volumen, en un canal de noticias. Tres tipos en tres mesas distintas mirando la nada en la pantalla. En otra mesa, una pareja, o por lo menos un hombre y una mujer que si bien estaban tomados de la mano, como casi no se hablaban, bien podrían haber sido hermanos. Y en otra cuatro amigos. Menos onda que un renglón. Cuando entramos nos sentimos Luciana Salazar en la doce de Boca. “Ni en pedo me quedo acá,” dijo Vero, al borde de un ataque de asma por falta de monóxido de carbono. “Dale, Vero, ya que estamos nos pedimos unas cervezas, hace un calor de la hostia”. “Bueno, tampoco es que este ventilador que sopla desde el techo te va a calmar mucho”. “Ponele un poco de onda, Vero, ¿qué carajo te pasa?” “Me estoy por indisponer, en el medio del campo, ¿cómo querés que esté?” “Ay, chicas,”, intervino Luisiana, siempre cuelgue, “no saben cuánto les agradezco que hayan venido, de verdad, yo sé que es un bajón.” Quién no se hubiera enternecido. La ternura nos duró lo que un pedo en un canasto o, más precisamente, hasta que el mozo, junto con la cerveza, nos entregó un celular. Lo juro, el aparatito propiamente dicho, con una servilleta doblada en cuatro. “Se los manda el caballero de aquella mesa”. Pelo corto, rubio, ojos claros, pantalón beige pinzado, camisa a cuadros celeste y blanca, suéter de hilo gris colgado al hombro y mocasines de gamuza marrón clarito, sin medias of course. Sonrió. Socorro. ‘Les acabo de dar el celular, ahora ustedes me tienen que dar el suyo’, rezaba el papelito. Sólo le faltó agregar tu ruta es mi ruta. No se pudo contener y se acercó a cosechar el fruto de tamaña originalidad. Pobrecito. “Hooolaa, ¿van a estar muchos días por acá estas preciosuras? A mis amigos y mí nos encantaría llevarlas a conocer el pueblo.” “Por Dios,” dijo Vero, “¿trajeron repelente?” Estaba hecha un encanto. “Pero qué mala, tampoco hay necesidad de contestar así.” “¿Y vos qué carajo sabés cuáles son mis necesidades?” “Por la cara que tenés, yo creo que las podría satisfacer.” Las hormonas de Vero se liberaron. “Escuchame, pelotudo a cuerda, por qué no te volvés a tu mesa y nos dejás de joder.” “Me parece que vos tendrías que hacer un curso de buenos modales.” “Y a mí me parece que vos tendrías que hacer uno para que te enseñen a meterte la lengua en el orto.” Creo que Tinelli hubiera despertado menos atención que nosotras.
“Agrandada, como toda porteña”. Nadie se atreva a tocar a mi vieja. Fue tal la caterva de insultos superpuestos que recibió de las tres el pobre tipo que creo que, literalmente, se asustó. El mozo se nos acercó y, con la gentileza propia de un cardo, nos pidió que nos fuéramos. “Como si nos pensáramos quedar en este lugar horripilante”, le aclaró Luisiana, con una indignación copiada de una telenovela antigua de Verónica Castro, “vamos chicas”. Y así salimos, Lady Máxima, Lady Di y Lady Gaga, de vuelta a la paz del campo.

4 comentarios:

locopepe dijo...

Y.. ya que estamos:

A ver, los chabones del bar, desde la mirada porteña eran unos pelotudos a pedal, pueblerinos del orto con el esperma que les brotaba por las retinas,
pero las tres andaban como bola sin manija;

una en exilio obligado por las ocupaciones laborales del esposo que se la saco de encima y quedo solito en la capi (tratando de garchotearse a cualquiera con la autoestima por las nubes del descasado descontrolado y la casa familiar para el solo.

Las otras dos, de vacaciones y bastante al pedo que fueron a hacerle el aguante (para eso están las amigas).

El tema es: ¿y si se manducaban a los campiriños en un sexteto?

Desparramo de celulitis, arañitas y estrías disimuladas con perfume Bazar de Christian Lacroix en ellas(es un perfume compuesto por una mezcla de notas florales, radiantes y sensuales, recomendado para uso casual) mezclado con aire sojero, sudor rancio y olor a bola de cuerpos curtidos por el sol.

3+3= a hormonas liberadas, preservativos (siempre condón) y Palo y a la bolsa?

Total.. las vacaciones pasan igual, ya se habían producido, ya habían salido, los chicos estaban en la casa, el marido de la exiliada seguro andaba haciéndose el galán en la biela de recoleta( o peor, en el VIP de Cocodrilo), ninguna de las 3 Ladyes estaba a gusto y una alegría no le viene mal a nadie,
total como comente alguna vez y decía la abuela de una amiga: M`hija, déle nomás, que no se gasta, se lava y se vuelve a usar”

Bhaaa, era una idea nomás ¿vio?, juaaaaaa

Adriana Menendez dijo...

la abuela de tu amiga, una capa, LOCOPEPE, pero creo que la emilia tiene un límite, es capaz de soportar unos cuantos olores pero que no le toquen ni a su ciudad ni a sus amigas... y nunca te va a perdonar que digas que tienen celulitis, arañitas y estrías!! beso grande.

Gloria Prieto dijo...

Ni dolor, ni pena, ni frases pelotudas de compromiso

15.00hs- Domingo de calor en la Colonia de Open Door, casi marzo, casi las clases, casi nada en el campo, casi nada en la vida de cada día, solo estar, solo ver pasar la vida.
La Gloria se vistió como una persona normal, parece un señor y ni se calienta por lo que pasa a su alrededor, es su primer salida terapéutica desde que esta encerrada por homicidio (en situación de legitima defensa) de su gran amor, a su vez, su chongo violento.
Esta feliz, bah, se le ocurre que tiene un buen momento después de años,
la flaca de lentes lo viene a buscar, iran al pueblo, tomaran una cerveza en una mesa junto a una ventana que de a la calle en un bar medio de mierda que escuchò redecoraron con madera estilo country, pero con los mismos parroquianos aburridos de siempre y algunos que otros pelotudos sueltos de esos que deambulan por esos lugares.
Quizá charlaran de todo, se contaran cosas, como si fueran hermanos sin verse por mucho tiempo.

17.00hs- Vino la flaca con su auto medio destartalado y sin aire todavía, firmo los papeles, la sacò, se fueron despacito por calles de tierra, llegaron al pueblo y al bar frente a la plaza, se sentaron a una mesa como ella había imaginado, cerveza en botella, bien fría y maní con cáscara, prendieron un pucho porque todavía en los pueblos se puede fumar en los bares y si además tenes cara de loco ni empedo te dicen nada.
La flaca le contó de sus vacaciones en el campo con unas amigas, la Gloria le contó sobre algunos sueños que tuvo de niño, donde no todo era feo.
Rieron con ocurrencias y anécdotas y tomaron otra cerveza y prendieron otro y otro y otro pucho.
En algún momento se tomaron de las manos con la calidez de lo no dicho, dejaron de hablar, disfrutaban la magia del silencio que suele decir mucho mas que las nadas repletas de palabras, esa conexión asexuada, del alma, del corazón abierto y a la parrilla, brindándose y recibiendo a la vez cuando fueron interrumpidos por un despelote en una mesa cercana entre unos pelotudos, el mozo y tres porteñas que anda a saber que carajos hacían por ahí. Obvio algunos se fueron, a otros los echaron, no sabe bien ni le importa, si sabe que el domingo fue muy lindo.

18. 30hs- Hora de despedirse hasta anda a saber cuando, porque de obligación nada, si, hay sonrisas en ambos, ni dolor, ni pena, ni frases pelotudas de compromiso, solo un:
Chau Emy, gracias por los puchos, lindo tu perfume, es suave, cuida la cadenita y los aretes haciendo juego, son de oro blanco y te los van a afanar en la calle.

Y ella, al fin, también mujer, acomodándose los grandes gafas con borde oscuro color sangre y el flequillo que le cubren media cara, acomodo sus huesos en el Adrymovil y le dijo: Chau Gloria, saludos al loco, decile que se lo extraña.

Gloria Prieto 27/02/2011

Adriana Menendez dijo...

justo como me gusta a mí, GLORIA, sin frases pelotudas de compromiso. beso con abrazo y piel de gallina.