jueves, 24 de marzo de 2011

24 de Marzo

7 comentarios:

Gloria Prieto dijo...

Una sola hoja (I)

Es otoño en Buenos Aires, caen hojas de los árboles y se pone más húmedo todo, días lindos y frescos y otros horribles como algunos recuerdos.
En esos cabildeos estaba cuando vino un enfermero y le dijo que pidieron que limpiara más profundamente la biblioteca, que vendría una inspección del Ministerio de Salud.
Gloria se pregunto que tendría que ver la biblioteca con el Ministerio, si “a los de arriba” lo que les importa es bajar costos y plantar grandes carteles de lata de obras con muchos ceros que luego jamás se hacen en el Hospi, aunque sí, el Dire cambia de auto como de amigas rubias de pelo lacio, botox, siliconas y cuatro por cuatro negras del Country nuevo donde se mudo este año.
Le pareció loco el tema de la biblioteca, su mundo, pero es un Neuropsiquiátrico y ahí todo es valido y se acostumbro a que la Razón Kantiana no tenga cabida en ese reino, es más bien un panóptico invertido de la visión Focoultiana del control, del poder, de las relaciones.
Y allá fue a hacer lo que cada día, tiene todo mas o menos en orden sin ser un obsesivo, sino por el simple cuidado de volúmenes hermosamente descuidados por años.
Los mira, a veces los lee, otras los relee aunque los sepa de memoria, les acomoda las tapas, los clasifica, les hace ficheros y es (lo ha hecho) su maravilloso mundo privado donde nadie va, porque nadie se acerca a los libros y eso que no muerden, pero bueno, los locos están idos de tanto pastiyeo para que no molesten y los cuerdos están locos y en otra cosa.
Se hizo unos mates, comió un trozo de cremonita con grasa y se sentó a ver que podía hacer (con la biblioteca) que ya no hubiera hecho.
El techo no tiene telarañas, las paredes ya las pintó el año pasado, el piso es un tema de cada día y desde hace no mucho, también tiene todo los vidrios. Como quien diría todo en orden, cosa de locos en un loquero.
Pensó en dormitar con un rayito de sol que se colaba por una ventana, le pareció ver la sombra de una flaca enfundada en un gran Chal y de grandes lentes leyendo, a un costado, en el piso como él (la imagino acompañándolo en ese espacio de letras) y se río hacia adentro, cuando diviso algo debajo de un estante, le pareció raro que se le escapara ese detalle, mas bien, no haberlo visto antes.

Gloria Prieto dijo...

Una sola hoja (II)

Era una hoja de libro, pequeña como de edición de bolsillo y amarilla por el tiempo, casi sin tinta impresa ya.
Se tiro al piso, la rescato, se acomodo los lentes, se cebo un mate y leyó:
“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: “¡Platero!”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
(…)
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paseo sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
- Tiene acero... Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo”
Quedo absorto con ello y recordó al instante sus tiempos de escuela del interior del país donde “Platero y yo” eran los primeros pasos de lectura obligada para cualquier soñador de pantalones cortos y en Gloria, eran válvula de escape hacia un mundo de letras hacia el cual, aun viaja.
Sonrío largamente con el sol en la cara, a la flaca sonriente no la vio mas en el otro rincón, quizá ya se había ido, o no había estado, el mate se enfrío, la cola en el piso empezó a doler por el tiempo sentado sin darse cuenta. Era una sola hoja de la magia literaria de los años 50 del siglo pasado del español Juan Ramón Jiménez que lo había extrapolado en el tiempo y las emociones.
Era si, una sola hoja, casi ilegible y le regaló tanto en ese día que nada ni nadie podría empañarlo.
Eso si; tarea para el día siguiente: Encontrar el libro de origen de esa hoja, no sea que los del Ministerio crean que es basura y, hay que quemarlo, como ha sucedido tantas veces y en distintos momentos.

Gloria Prieto 24/03/2011

Adriana Menendez dijo...

gracias, GLORIA, por regalarme este escrito que hace que un domingo a la tarde valga la pena.

Locopepe dijo...

Arrancó el lunes y pasó el finde y yo con el mate, unos pancitos negros y manteca dispuesto a disfrutar mi segundo día de descanso total.
Pensaba en la depre del domingo a la tarde y que es algo muy común en las grandes ciudades.
Ayer a la noche me escribía mi amiga de letras, hermana del alma y me agradecía porque había colgado el escrito de la hoja de “Platero y yo” y me decía que era un lindo regalo para hacer que una tarde de domingo valiera la pena; lo he escuchado mucho a eso de muchas personas en distintos momentos y lo he pensado mucho también, se me ocurre que el tema es cuando va terminando el tiempo del descanso laboral y hay un balance quiérase o no sobre las expectativas creadas sobre el finde, la llegada del finde y lo que finalmente se haya hecho en el finde. Entre la expectativa (deseos, ganas, anhelos) y lo realmente realizado, llevado a cabo en las grandes ciudades suele haber un abismo que trae consecuencias emocionales, quiérase o no. Es que el Lunes y toda la responsabilidad social y laboral están ahí, a un paso, a un toque con la llegada del atardecer. Es mas, estadísticamente la mayor cantidad de suicidios(a nivel mundial) se dan el día domingo por la tarde noche y el lunes por la mañana. Existen razones para que a muchos, un día sin hacer nada (y menos lo que hubieran deseado hacer) los pueda llegar a pesar. Al bajón del domingo a la tarde la relaciono con la soledad interior, la mas privada, es que es privadísima, aun rodeados de personas y familia, de música, ruidos, futbol, etc., es esa misma que mas que nada se puede llegar a sentir en las grandes ciudades donde vivimos y coexistimos rodeados de conocidos tan desconocidos, y donde sentirse solo(aun rodeados de confort y gente) puede significar un motivo para caer en una depre que yo prefiero llamarlo bajón anímico por horas, o un rato o a veces hacerse carne y ojala que no, también quedarse a dar vueltas por nuestra cabeza. Obvio que cuando hay algún conflicto interno (¿y quien no lo tiene?) se hace más pesada de sobrellevar esa soledad privadísima, porque es cuando la conciencia intenta buscar el equilibrio y nos exige enfrentar las cuestiones pendientes.
Para mi ver, el problema del domingo es que nos obliga a reflexionar sobre nuestras constantes contradicciones. Pensar una cosa, decir otra y hacer otra totalmente diferente y siempre depende de nuestros pensamientos y no lo que hagan o dejen de hacer quienes nos rodean y lo que hagamos, o hubiéramos deseado hacer o dejemos de hacer nosotros mismos. Huf me puse muy denso, cuando la idea era dejar un saludo de lunes (de descanso para mi), desde mi día híper tranquilo, de todos modos no me agarra la depre de los lunes (en vez de domingo) voy a arreglar el mate, se me aviejò (como yo) mientras escribía desde casa y con Internet a full.

Gloria Prieto dijo...

Una sola hoja (III)

Paso el domingo, día de visitas en el Neuropsiquiátrico, había de todo, gente contenta por recibirlas, pero la mayoría quedo triste, nadie llego a verles y traerles puchos y comida rica(que se la comerán a la noche los enfermeros y la “seguridad” y algo de ropa(que después les robaran) y unos mangos para coimear a los enfermeros o la guardia por algún temita que quieran resolver si les da la cocuzza para darse cuenta, y si no se avivan y hacen la gran Papillon, también desaparecerá, como casi todo acá, desde la cordura al vil metal.
Si es lunes, y yo ayer, creo haber tenido todo lo que hubiera querido.
Tuve visita, silenciosa, sonriente y cómplice, con un rayito de sol otoñal en las gafas y leyendo un libro como a hurtadillas para que no nos descubran.
Ya es lunes y estoy en la biblioteca otra vez, es mi mundo, es mi refugio, es mi cable a tierra dentro de esta locura institucional de locos encerrados (en si mismo y en celdas de anfetaminas para que no molesten) y otros sueltos con sueldo estatal y disfrazados de cuerdos, pero mamita querida, cuanta locura suelta anda dando vueltas, huf.
Encontré el libro que buscaba (el Platero y yo), hacia de balance en la pata rota de una silla rota que además hacia de estante para libros rotos y que volveré a encuadernar a como pueda, porque arreglar almas o cerebros, o cuerpos, no se, pero libros, eso sí, y cada uno que recupero, clasifico y regreso a un estante, es como el feliz parto de un hijo, cosas de las habilidades de cada uno.
Y volví a pensar en el domingo a la tarde, y la tan famosa y conocida depre del domingo a la tarde y como a mi ni fu ni fa, porque soy feliz con tan poco (como encontrar una poesía y mis reminiscencias) o tan mucho (como una visita que no estoy seguro si fue imaginaria o real) y todo ello, según el cristal con que se mire.
Vos… ¿Cómo lo ves?

Gloria Prieto 09/05/2011

Adriana Menendez dijo...

yo tampoco soy de la depre dominguera, LOCO, aunque releyendo mi comentario, no sé, qué sé yo... ¡no me hagás pensar, loco!

Adriana Menendez dijo...

una biblioteca es el mejor refugio, para un domingo o para cualquier día, GLORIA. ¿y cómo lo veo? como que sos la más cuerda ahí adentro.