viernes, 8 de abril de 2011

La Emilia 106: La ventana indiscreta.

Una sabe que es una cagada, que no te va a hacer bien, etc. etc., pero no lo podés evitar. Lo malo, lo prohibido, lo secreto tienta. Ya se ha dicho, todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda. Además, está ahí, tan a mano. Con poner un nombre y apretar un botoncito te recibís de James Bond. Y hay gente que deja todo tan servido, que te la hace tan fácil. Entonces te enterás de las películas que vio, de los hobbies que tiene, de los deportes que practica, de los cumpleaños en los que se puso en pedo, de sus amores, de todo lo que la quieren sus amigas, de que le gusta el té de durazno y los calzones con puntillas y de otros aspectos relevantes para la humanidad entera. Total, que seguimos la sugerencia de Natalia y la buscamos. “Dale, abrí tu Facebook, por el perfil de él la encontramos, ¿todavía lo tenés entre tus contactos, no?” “De la agenda no lo borré, pero lo que no tengo es Facebook.” “Me estás jodiendo.” “No.” “Ay, Emilia, sos un aparato.” “Gracias, la próxima vez que me deprima te llamo.” “No pero en serio, nena, te estás quedando afuera.” “¿Y quién te dijo que quiero entrar, boluda?” “Bueno basta, no tiene y punto,” intervino Vero, “lo buscamos por el mío, cortenlá.” “¿Y vos por qué lo tenés?”, casi me enojo. “Porque me quedó de aquella época y nunca lo eliminé, mi amor, una nunca sabe, hay que seguirle el rastro a la gente.” “A veces me das miedo, Vero, estás un poquito de la gorra.” “Si no no sería tu amiga; además, gracias a que estoy de la gorra, la vamos a encontrar, ¿o no querés?” Me guardé mis prejuicios en el quinto forro de ya sabemos dónde. Por supuesto que el perfil del globo aerostático es público, mirá si iba a privar a los pueblos del mundo de que se enteren de lo dichosa que es. Ahí estaba, con cara y sonrisa de felicidad. Cara de no me pierdo un solo programa de bricolage de Utilísima Satelital. De mirá qué bien que me salió el bizcochuelo Exquisita. De voy a ser la encargada de organizar todas las ferias del plato en el colegio. De yo pienso que Arjona es un poeta. De acomodar los cd por orden alfabético y los muebles según el feng shui. En síntesis, cara de boluda con balcón terraza al mar. Por otra parte, tres mil quinientas fotos. De ella y su panza, de él tocándole la panza, de él besándole la panza, de él acariciándole la panza, de él pateándole la panza… no, esa me hubiera gustado pero no estaba. Nos enteramos de que sus amigas la aman incondicionalmente y se lo tienen que escribir a cada rato para que ella no lo olvide, de que ella ama a sus amigas de la misma manera, de que la madre la ama, de que el verdulero la ama… un asco, la verdad, casi vomito en ese mar de amorrrr. No entiendo, juro que no entiendo toda esta exposición pornográfica y cibernética de sentimientos que está tan de moda últimamente, si yo quiero a alguien, lo quiero saludar para el cumpleaños, o lo quiero mandar a la mierda o lo quiero escupir, lo hago en la cara no en la computadora, pero qué sé yo, será como dice Natalia, me estaré quedando afuera de algo. Aunque la verdad, si el anonimato me acecha, ojalá que me alcance. Bueno, pero volviendo. Lo que escribe esta mina, por Dió: ‘Si siembras vientos, cosecharás tempestades; pero si siembras brisas agradables, cosecharás lloviznas reparadoras.’ “Neruda, un poroto, habría que hacer un grupo para postularla para el Nobel.” ‘No tengo miedos, estás a mi lado.’ “Se pensará que está casada con Rambo la pelotuda.” ‘La luz de tus ojos, ilumina mi camino, conección con el mundo.’ “Ah, pero no terminó la primaria esta hija de puta.”. ‘Quien espera desespera, quien desespera no alcanza por eso es bueno esperar y no perder la esperanza.’ “Buena letra para zamba de los Tucu Tucu.” ‘Ay, no saben cómo patea. Soy re feliz’.
“Pero prendele una vela a San Montaner, pedazo de pelotuda, vos y el forro que tenés por marido, por qué no se hacen una enema de querosén conjunta y cagan fuego los dos al mismo tiempo, sería super romántico. Basta, chicas, si seguimos voy a sufrir un súbito ataque de catalepsia.” “Ahora, disculpame Emi, pero para estar con una mina así él tiene que tener una cuota de pelotudez muy por encima del promedio, si no no se explica,” dijo Natalia. “Obvio,” contestó enfáticamente Vero, “una vez leí por ahí algo así como que ‘los hombres se enamoran de las putas pero se casan con las maestras jardineras’.” “¿Me estás llamando puta, forra?” “No, nena, vos me entendés.” “Ah, porque si me llamabas maestra jardinera se pudría todo. Cambiando de tema, tengo que ir a comprarme la ropa, ¿me acompañan?” Y allá fuimos, a gastar plata en pilchas con amigas que, por suerte, no me escriben que me aman en ningún lado, ¿qué más?

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