viernes, 15 de abril de 2011

La Emilia 107: Un día para no recordar.

Mañana agotadora, clases y más clases, burros y más burros que se niegan a entender que is se usa para he, she o it. Mami que llama al mediodía para decirme que la vaya a ver porque tiene un sarpullido que le duele. “Mamá, los sarpullidos no duelen, pican.” “¿Vos me vas a decir a mí lo que yo siento?” Para qué discutir. “Tomate un ibuprofeno, mamá.” “Vos arreglás todo con una pastillita. Mejor la llamo a Mecha.” Llamala y préndanse fuego las dos juntas, pienso pero ni se me ocurre decirlo en voz alta. “Me parece una excelente idea. Después te llamo para ver cómo te fue.” La computadora se me queda sin batería, me olvidé el cable en casa, me puteo en fenicio y me voy a hacer las fotocopias que necesito para las clases de la tarde. Cuando termino ya no tengo tiempo de almorzar, me compro en un kiosco un sándwich de jamón y queso con gusto a repollo de plástico, porque si eso era jamón, yo soy la hermana gemela de Uma Thurman. Y yo odio el repollo, no tanto como la remolacha, es verdad, podría haber sido peor. A media tarde me indispongo, las hormonas suben, bajan, dan vueltas y de a poco me voy transformando en un Teletubbie deforme. Entre clase y clase voy a una farmacia a comprarme un calmante para caballos, camino rápido para no llegar tarde y, de golpe, bingo; la hecatombre; desesperación; taquicardia… se me rompe un taco. La única zapatería que queda cerca de donde estoy vende adefesios que no usaría ni mi tía Dora recién operada de juanetes. Mi religión no me permite comprarlos. Decido que mi día ha terminado y cancelo las dos clases que me quedan. Camino descalza hasta el estacionamiento que está a cuatro cuadras. A la altura de la cuadra número dos se larga un chaparrón que ni Noé imaginó en sus peores pesadillas. Obvio que no tengo paraguas. Llego a mi batata posmoderna casi arrastrándome, en patas, empapada, inflada, agotada, los pelos chorreando hectolitros de agua, y el forro que atiende el garage me mira y me dice: “Uy, ¿te mojaste?” “¿Vos estás haciendo un curso de boludo por correspondencia o vas todos los días a un instituto?” Como se está quedando pelado y a punto de hacerse hare krishna para disimularlo, no me contesta. Me prendo un pucho, abro la ventanilla, arranco. Una puteada por aquí, otra por allá, un bocinazo más acá, poco a poco me voy relajando. Todo para que un reverendo mal parido que no sé de dónde mierda salió me arruine el único momento de relax que tuve en todo el puto día. Yuta de mierda, con el cariño que les tengo. Me pide los documentos, se los doy. “Tiene el registro vencido.” “No puede ser.” “Sí, señora.” “No, señor.” “Sí, señora.” Me reprimo un ‘pues entonces quién lo tiene’, los gorra no se caracterizan por su sentido del humor. Y encima éste tiene razón. Se me pasó la fecha la puta madre. “Bueno, dígame qué tengo que hacer, hágame la boleta, no sé.” “No, mire, le voy a tener que retener el automóvil.” “Ni en pedo.” “Señora, usted no puede seguir conduciendo.” “Pero vivo a dos cuadras.” “No importa, es lo que marca la ley.” “Pero qué le cuesta, yo le juro que llego a mi casa y no saco más el auto y mañana voy y hago el trámite.” “No se lo puedo permitir”… Pienso en contestarle tantas cosas… Que la ley te retenga el ojete; que decile señora a la puta de tu abuela, que parió a una upituda, que te tuvo a vos, cara de sorete ahumado; que andate a la concha de tu madre y si sos huérfano alquilate la concha que más te guste y no salgas más…
Pero en ese momento me acuerdo de Uma. La primera lagrimita ganadora sale sin mucho esfuerzo. Y entonces, lloro, pataleo, grito, doy puñetazos de histérica contra el capot del auto y agudos alaridos a moco tendido diciendo que mi marido me mata si llego a casa sin el auto. Que tengo que llevar a mis cuatro hijos a la psicóloga porque los pobrecitos están traumatizados porque la abuela los faja cada vez que se pone en pedo que es todas las noches. Que si no me deja ir, mañana en los diarios va a leer que ha habido otro caso de muerte de género. “¡¡¡¡Me va a quemar vivaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!”, grito mientras me le cuelgo del cuello y le lleno el uniforme de mocos. “Bueno, vaya, señora, por favor.” Me subo, me seco las lágrimas, llego a casa. Tengo un mensaje en el teléfono. “Hola, Emilia, soy Fernando; no te llamé al celular porque sé que estás trabajando. Me parece que estaría bueno que habláramos antes del casamiento. No te olvides que la ceremonia es la semana que viene.” Es como ya dije alguna vez: todo, siempre puede ser peor.

4 comentarios:

locopepe dijo...

Como dijo Ringo Bonavena


Desde el trabajo en mi hora del almuerzo me cuelgo del flekiyo de la Emilia para reirme un rato, obvio todo eso no te puede pasar sino lo culminan 2 cosas:
1l La (por fin) aceptación del climaterio(release ” A media tarde me indispongo, las hormonas suben, bajan, dan vueltas y de a poco me voy transformando en un Teletubbie deforme” y
2- Que El Ferchu yame en un dia del orto como la frutiya del postre o la gota que revalso el vaso(se gual)
Tamo en el horno tamo, tomate un ibuprofeno 600 pa la regla y la mojadura y una grapa pa bajar tensiones asi no matas a nadie en lo que reste del dia, haaa EMYYYYY: el gato negro no tiene la culpa, asi ke dejalo tranky, y el perro, creo que también se borro por las dudas.
De todos modos hay que estar en ese baile, como dijo Ringo Bonavena, cuando estas solo ahí en el ring y te sacan hasta el banquito, ahí te quiero ver……

Adriana Menendez dijo...

querido LOCO,
-Ringo, un grande
-la emilia está lejos del climaterio y si tuviera la posibilidad de encontrarte, te cagaría a patadas en el culo
-a ella le gusta la legui
beso

Locopepe dijo...

Yevo pacientemente 3 días esperando la putiada, se me habían ocurrido mil guarradas mas, pero estaba en el curro cuando respondí el día 14/04, juaaaaaaaaaaaaaa

Y la Emilia sabe que estoy en el Museo, donde correspondo debido a mi esclerótica senectud.

Y que además opino que es pura espuma,y no mata ni una mosca, si todavía la da gueltas en el marote el Ferchu y va a comprarse pilchas al atelier de Elsa Serrano en la calle Guemes para impresionarlo en el casorio, manducárselo después de la fiesta y luego recién ser quien lo deje y se de guelta la tortiya del Ego herido por abandono emocional.

Besos grandotes y guardà (para según el clima imperante) unas alpargatas rueda luna u ojotas hawaianas en el baúl del Emy_movil pa cuando se te guelvan a destartalar los tacos de los timbos que usas para dar clases, y con lo del gorra, ya se sabe, en argentilandia con 10 mangos todo se arregla de alguna manera. juaaaa

Adriana Menendez dijo...

la emilia te manda un beso, LOCO