miércoles, 15 de junio de 2011

La Emilia 114: Tarde de perros (y mañanas y noches y días enteros)

Resfrío. Trabajo. Recaída. Demasiados días adentro, demasiada energía contenida, como para que el mundo me reciba de esta manera. Bah, no fue el mundo, pero fue suficiente. Resulta que me encuentro a la esposa del portero, vieja chusma delincuente, y me dice, “Ya estás mejor, Emilia, qué suerte, hacía varios días que no te veía.” “Sí,” contesto yo con la locuacidad que me caracteriza. “Y bué, hay que ver el lado positivo de las cosas, pudiste descansar.” Listo ya me cagó el día. El-la-do-po-si-ti-vo-de-las-cosas, ¿qué dice esta mina?, si hasta mi sangre es rh negativo. Si hay algo que detesto son los distraídos repetidores de frases vacías, abribocas abombados, filósofos de pacotilla que con tres o cuatro palabras desteñidas pretenden demostrarte lo buenos que son cuando lo único que hacen es demostrar que tienen la capacidad de reflexión de un protozoo. A ver, por ejemplo, ‘Hay que ver el vaso medio lleno’, pero mirá, babieca con Master en satisfacción, lleno tenés vos el culo con todos los proyectos con los que no te animaste a terminar de llenar ese vaso, merecerías que te proclamen Rey de la Fiesta Nacional del Salame. ‘Donde hubo fuego cenizas quedan’, vocifera a los cuatro vientos una boluda inefable cuya vida es tan aburrida que si le llegás a pedir que te cuente un secreto te dice que de vez en cuando se toma un laxante. ¿Qué carajo querés hacer con las cenizas, idiota? ¿Recibirte de ave fénix? Estos repetidores, imbéciles convencidos de que el justo medio existe, tienen menos crecimiento que un enano; no fuman, no beben, y cuando lo hacen la culpa los lleva a ir caminando a prenderle una vela a la Virgen de Yaciretá Aapipé. ‘La felicidad se encuentra en las pequeñas cosas.’ Entonces vení que te doy una pequeña patada en el medio de tu reverendo traste y hacémela conocer. ‘El dinero no trae la felicidad’, dice una forra de cuarenta años, vestida como adolescente y escuchando Radio Disney, mientras se baja de su camioneta cuatro por cuatro a la que le polarizó los vidrios para que no la jodan los pibes que piden en la calle. Y no quiero entrar demasiado en los que tienen un tufillo religioso para que no se me ofenda nadie. Bué, oféndanse y vayánse a cagar. ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’. Pero dejate de joder, yo no sé si me amo a mí misma, mirá si voy a andar perdiendo el tiempo amando al inservible de mi vecino, que sacó un crédito para pagar la fiesta de quince de la nena, crédito que va a terminar de pagar cuando él cumpla noventa, con suerte; si hasta la mujer piensa que es un pobre tipo. ‘Hay que dar hasta que duela’, otra. Claro, así te convertís en una bola de resentimientos inabarcable. Lo que pasa es que es mucha la gente que se mata por aclarar que es buena, solidaria y feliz.

Manga de hipócritas malparidos, coleccionistas de figuritas de superhéroes que no se atreven ni una vez en su vida a pisar siquiera un poquito la línea amarilla; capaces de dar clase sobre la Ilíada cuando todo lo que saben de mitología griega lo aprendieron escuchando a Dolina en la radio. Seres que trabajan en fotocopiadoras del orto y aceptan acompañar al amor de sus vidas adonde sea para después echárselo en cara, o deprimirse, como si fueran lo suficientemente inteligentes para alcanzar ese estado. Después la jodida maleducada soy yo porque puteo… Qué bárbaro, me parece que la efedrina que me tomé para curarme la gripe me cayó para la mierda.

7 comentarios:

ADÁN DE MARÍASS dijo...

Me gusta muchísimo esta forma de narrar situaciones, esa solvencia para expresarse, esos estados de ánimo que se entrecruzan en esa batalla cotidiana contra la mediocridad, la rutina y la abundante hipocresía.

Locopepe dijo...

Paso una vez como cada día por este mi único y querido lugar de Blogs,
Leo, pienso, rescato, asiento disiento, sonrío, entristezco (según sea la situación y hacia donde se dispare la emocionalidad). Vengo sin comentarios el último tiempo, será que la humedad, el frío y la ceniza joden como demasiado. O será que como dice la Emilia: a veces mejor cerrar el culo (perdón cerrar al boca para no decir gansadas) Beso con abrazos desde viya luro

Adriana Menendez dijo...

muchas gracias por tu comentario, ADÁN


por acá siempre se lo espera, LOCO. beso grande.

Mariano dijo...

Felicitaciones por la nausea.Creo que, pese al resfrío, es un síntoma de salud.
Tu indignación con lo cotidiano redundante me empuja a los momentos en los que accidentalmente escucho algo aullado por R. Arjona, ese guatemalteco ensamblado en base a lugares comunes y repugnancias de estereotipo viejo… escucharlo decir idioteces con su musiquita simplona es como besarle una verruga a la esposa del portero. (Si es como la que imagino…)
Pasé como devolución de gentilezas pero me quedé porque me divertí más de lo que esperaba.
Saludos

Adriana Menendez dijo...

muchas gracias, Mariano, por pasar y por tu comentario. con respecto a arjona, la emilia hace un tiempo escribió algo al respecto, en el número 25, intitulado 'Quémese después de escucharse'. Si lo querés leer: http://adriana-menendez.blogspot.com/2009/09/la-emilia-25-quemese-despues-de.html
beso

Renate Mörder dijo...

Me mata la Emilia!! Se supera con cada nueva entrega, jaja.
Besos Adri

Adriana Menendez dijo...

gracias, RENATE, me alegra que te guste. beso grande.