Entre otras cosas, volver a formar una pareja. “A mí no me enganchan más, a mí no me engañan más”, se dijo Nacho después de su última separación. No podía saber en ese momento que al poco tiempo aparecería Luz, tan llena de tacos, polleras cortas y sonrisas. Al principio, la trató con la frialdad y la distancia que le dictaba su herida. No podía entusiasmarse. Él hablaba, ella escuchaba. Él perdía algo, ella lo encontraba. Él hacía un chiste, ella se reía. Nada más. Pero las horas de oficina compartidas eran muchas e hicieron su trabajo. Desayunos y almuerzos laborales, reuniones después de las cuales se tenían que quedar solos para terminar alguna presentación tranquilos, llamadas nocturnas para cerrar algún tema pendiente en las que inevitablemente se filtraba algún comentario personal. Poco a poco, casi sin darse cuenta, se hicieron casi amigos, casi cómplices, y Nacho empezó a imaginar que tal vez Luz fuese diferente, que tal vez ella podría, que tal vez ella lo haría posible. Igual se tomó su tiempo. No podía apurarse, cansado de errores como estaba. Hasta que la invitación a cenar resultó inevitable, como inevitable fue que Luz aceptara ir a su casa. Lo que no dejó de producirle una cierta sensación ambigua. Hubiera preferido que la primera vez dijera que no. “No será perfecto pero será”, pensó. Pero no fue.
CELESTINA:...La mujer en el "día"
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...Será por que los vientos vuelven locos a los hombres que nosotras los
bebemos por ellos.


1 comentarios:
Dios da pan a quien no tiene con qué mascar.
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