martes, 13 de diciembre de 2011

La Emilia 126: De tornillos, arandelas y semáforos.

“¿Con el ferreteeerooo?”, gritó Verónica. “Sí, ¿por? ¿Qué tiene?” “¿De qué vas a hablar? ¿De tornillos y arandelas?” “Justamente, de su tornillo en mi arandela, es lo único que me interesa en este momento.” Qué bárbaro, cómo nos ponemos las minas a veces, si no tenemos con qué o, mejor dicho con quién, nos quejamos, si tenemos, es poco, por favor. Como diría una amiga, si no lo quiero pa’ casarme. Bueno, en realidad, para casarme no quiero a nadie, imaginate, un quilombo, ¿qué hago con los gatos? Además, los huevos también tienen vencimiento y despertarse todos los días con el mismo par en tu cama, aún cuando ya huelen a podrido, es un asquito. Total que a las nueve en punto como habíamos quedado, tocó el timbre. “Ya bajo.” “No, esperá, ¿no puedo subir? Te traje algo.” Debo admitir que por un momento dudé, pasan muchas cosas, yo tengo mucha imaginación, tampoco lo conocía tanto, me vi de golpe ensartada por una llave inglesa y lo que es peor, ensartada en el lugar equivocado, qué sé yo, pero le abrí. Cuando llegó arriba y lo vi con la caja de herramientas en la mano, me cagué de risa. “¿Qué hacés, Mr Músculo?” “Pensé en traerte unas flores, pero después me decidí por algo más práctico, por ahí tenés otras cosas para arreglar en tu casa”. Bien, el muchacho empezaba bien. “Por ahora funciona todo, pero dejame pensar un cachito y enseguida te encuentro trabajo.” “Como usted mande.” Seguía bien. Todo indicaba una plácida luz verde, por fin. “Pasá así me esperás mientras me termino de arreglar.” Frase totalmente ridícula porque ya estaba cambiada, peinada y pintada como una puerta, pero una la ha escuchado tantas veces en las películas que la repite. Y el muchacho pasó y se sentó. Desde el dormitorio, mientras finjo estar arreglándome vaya una a saber qué, porque hay cosas que ya no tienen arreglo, le grito: “¿Adónde vamos?” “Donde quieras.” “Ah no, no me vas a hacer pensar a mí, vos invitaste, vos elegís.” “Si por mí fuera nos pedimos una pizza y nos quedamos.” Me pareció una buena idea. Es un clásico, si la sensación térmica reinante es muy alta, se te obnubila el cerebelo, dejás de ver las sutilezas, se te escapan las hijas de puta. Conclusión, pedimos las pizza, y hablamos de boludeces varias mientras la esperábamos, los dos haciendo como que nos importaba lo que el otro decía. Cuando voy a la cocina a buscar una cervezas, me sigue y me abraza por detrás. Yo, la seductora empedernida, salto como araña pollito. “¿Qué hacés, boludo? Me asustaste.” “Te hago el candadito del amor.” Silencio. La luz de pronto viró a amarilla. Y la vi, pero aceleré, pasé rápido, si me hacen la boleta, la discuto, si estaba amarilla, no roja. “Sabés que anda el termotanque, así que te tengo que pagar los repuestos.” “Pagame en especias, mami.”
En otro momento, al escuchar la frase prostibularia por esencia, lo hubiera mandado a hacerse una enema con W40 pero… otra vez la sensación térmica... Y aparte para qué andar peleando siempre… ¿Para qué? Para que no te pasen las cosas que te pasan pedazo de pelotuda, pero no me quiero adelantar. Al pibe de la pizza no le abrimos nunca. De golpe, en medio del quilombo y el revoleo, pone voz de nene de dos años, como mucho, y me dice, “Mamita, ¿me dash la te-ti-ta?” Luz roja, luz roja, luz roja… Lareputísimamadrequeterecontramilpariócarajo, Emilia, cruzala y que sea lo que Buda quiera. Me cago en Buda y sus deseos…

7 comentarios:

Locopepe dijo...

te adoro Emilia. gracias por existir.

orlando sniechowski dijo...

........que bueno, que le pase, a un hombre, algo así............
Muy bueno el relato.......
gracias

Adriana Menendez dijo...

la emilia contenta con tus palabras, LOCO.


gracias a vos, ORLY. beso.

mario dijo...

lo que uno aprende con relatos así, no tiene precio, la gran arandela,

Adriana Menendez dijo...

me hacés reír, MARIO. beso.

Miguel Aguilera dijo...

Jjajaja me gustó: "te hago el candadito del amor" jajaja, gracioso, muy gracioso, y más si te lo imaginás al ferretero agarrado como ventosa haciendo el candadito...

¿Sabés la cantidad de minas que hay que pueden interpretar a la perfección a la mujer del personaje?... ahora como el ferretero se me ocurren solo ferreteros, o afines jaja

Adriana Menendez dijo...

muchas gracias, MIGUEL, me alegra que te haya gustado; ahora, se te ocurren sólo como el ferretero porque sos hombre. beso.