domingo, 23 de enero de 2011

Misterio de verano.

Un sol inefable, una playa abundante, una brisa oportuna. Niños de rigor hacen castillos de arena, tan obligados como efímeros. Padres ayudan, miran y simulan. Adolescentes gritan entre las olas, jóvenes toman un sol infinito y señoras mayores caminan con sombreros. La placidez, y hasta incluso la felicidad, se pueden encontrar fácilmente entre los granos de arena. Ella sólo lee, abstraída. Él sólo está, en silencio. Se para. “Voy a comprar cigarrillos”, dice, sin esperar siquiera la respuesta del viento. Camina unos pocos pasos pero, cuando llega a la altura del bar, se arrepiente. Algún mozo negligente e irresponsable ha dejado un cuchillo abandonado a su destino sobre un plato sucio. No lo puede evitar.

Los niños, los padres, los adolescentes, las jóvenes y las señoras mayores tampoco pueden evitar que se lo clave en el cuello. Ella parece seguir leyendo, una sonrisa prácticamente imperceptible para todos, menos para él. Y él cierra los ojos y se entrega amigablemente. Una infancia difícil, una madre espinosa, cansancio, aburrimiento o, tal vez, simple diversión. Que cada uno y cada cual le inventen los motivos que más le gusten. Hay cosas inexplicables.

jueves, 13 de enero de 2011

La Emilia 96: Las chicas sólo quieren divertirse 2 (y si es con pitos y matracas, mejor)

Lupe no midió las consecuencias de sus palabras. Las manos empezaron a levantarse y fue una catarata. “A mí me da vergüenza admitirlo, pero no sé qué hacer con eeelll… con eeellll … coso, cuando lo tengo en la mano es como que me molesta”. El-co-s-o. Mortal. “¿No sabés qué hacer con el coso duro o con el coso blando, querida?” Lupe era impresionante. “Es indistinto pero si está blando me resulta más complicado.” “Bueno, ¿cómo es tu nombre, querida?” “Marita”. “Bueno, Marita, no es tan difícil encenderlo”. Lo difícil debe de ser que se mantenga prendido enchufado a ese aparato todo el tiempo, pensé. “No me quiere besar”. “Pasale una mentita, Vero.” “Me bloqueo si no estoy depilada.” ¿En qué quedamos? ¿No había que jugar con los pelos? “Ni loca lo hago con la luz prendida, ¿y si me ve los rollos?” No me pude contener. “Pero, nena, si en ese momento algún pelotudo se detiene a mirarte los rollos prendele una vela a Santa Lorena Bobbit.” “¡¡¡Muy bien, querida!!! ¿Cómo te llamás?” “Emilia” “¡Esa es la actitud, Emilia! Hay que desembarazarse de todos los prejuicios; chicas, hay que jugar; los rollos que molestan más en la vida no son los que están en la panza, son los que están en la cabeza.” Entre el rapto de filosofía feroz que sufrió Lupe y mi intervención, se abrió el diálogo. O, mejor dicho, la caterva de palabras que Lupe no pudo controlar. Y yo que hasta ese momento pensaba que tenía problemas. “Yo debo ser frígida porque no acabo nunca.” “Pero cuando te masturbás, ¿acabás?” “¿Cuándo qué? Yo no hago esas cosas.” “Nena, estás en el horno.” “Ay, a mí mi psicóloga me dijo que tengo que aprender a masturbarme pero ¿dónde enseñan eso?” “El sexo se aprende con práctica, corazón, empezá mirándotela con un espejito, reconocela.” “Además la masturbación es un derecho.” “Sí, señora, por supuesto, es una soberanía.” “A mí mi marido no me da bola en todo el día y después quiere que a la noche esté encendida.” “Y el mío que se me pasea en bolas por el dormitorio porque cree que así me caliento, ni que fuera Johnny Depp.” “Son todos iguales, se piensan que porque te tocan una teta te vas a empapar.” “A vos por lo menos te tocan una teta, el mío es un turro, pum pum y a los bifes, nunca una previa.” “A mí a veces me agarra de dormida, me da vuelta y sácate; yo me dejo, viste, qué voy a andar discutiendo a las dos de la mañana, si me tengo que levantar a las siete.” “Eso no es vida”. “Ay, yo muchas veces le hago la muertita, así me deja de romper las pelotas y sigo durmiendo.” “Porque una quiere ponerle onda, pero ¿por qué tiene que depender sólo de nosotras?” “Eso, eso, son ellos los que tendrían que estar haciendo un curso.” Lupe no las podía contener. “A ver, chicas, si ponemos un poco de orden porque estamos tocando muchos temas juntos. De a una, por favor.” Del fondo del salón surgió una vocecita. “Mi novio quiere que diga cosas porno y a mí no me sale,” dijo una de pelito corto y vestidito verde con flores rosadas. “Te tenés que liberar, querida, a ver, practicá conmigo, repetí ‘oh oh qué dura la tenés’.” La chica repitió la frase feliz pero en tono Blancanieves. “No, no, no, así no, con más énfasis. A ver, chicas, todas juntas repitan conmigo, ‘papito, la tenés tan dura’.” “Papito, la tenés tan dura.” “No no no no… no estamos recitando a García Lorca, chicas. Por favor, griten: ‘qué pito fuerte que tenés’; vamos, anímense.”
Pobre Lupe, desató demonios que no pudo dominar. Cada una empezó gritando lo que se le ocurría y, poco a poco, nos convertimos en una especie de Coro Kennedy Triple X Clase B. “Ay, oh, oh, me encanta, me encanta… Mmmm, cómo me gusta lo que hacés… Cómo la movés, corazón… Me encanta sentirte adentro… Ay, sí, sí, sí… Ese es mi machoooo…. Más más más…” Nos envalentonamos, una se paró, la otra se tocó, la de atrás se revolvía el pelo, la del costado se masajeaba las tetas y la de adelante se cagaba de risa. “Chupame tooodaaaaa… Sarandeame, mareame, inundame… Rompeme toda por favor…. Llevame a dar una vuelta en ese camioooón… Soy tu putaaaaaaa… Rompeme el cuuuuuuuuulooooooooo,” gritó una con pinta de haber salido a hacer los mandados a la feria, como poseída por el espíritu de Francella, parada en la silla y levantando los brazos ofrendándose a Santa Poronga. “Bueno, chicas, ya está, creo que entendieron el punto, ya es la hora. A la salida les van a dar un certificado y una invitación para mi próximo seminario ‘Quiero agregar juguetitos y no sé cómo’,” dijo Lupe y se fue. Las chicas nos detuvimos, alguna que otra se acomodó la ropa o el pelo, agarramos nuestras carteras, nos saludamos como ladies y también nos fuimos. Las minas estamos del tomate. A Dios gracias, decía mi abuela.

martes, 11 de enero de 2011

Parole parole parole.

Ya todos sabemos que hay preguntas que no tienen respuestas. Sin embargo, hay gente que insiste en hacerlas y así es como cada tanto alguien pregunta, por ejemplo, ‘¿sos feliz?’ El preguntado la mayoría de las veces no se atreve a decir lo que verdaderamente se le pasa por la cabeza y empieza a inventar. Si juntamos a un grupo de personas frente a un cuadro blanco con una línea negra en el medio y les preguntamos qué ven, seguramente las respuestas serían algo así como: ‘una canoa en un mar de nieve’, ‘un señor acostado obnubilado por una luz enceguecedora’, ‘la vulnerabilidad del hombre frente a la nada’, ‘la pequeñez del ser humano enfrentado a la muerte’, etc. etc. Muy pocos se atreverían a contestar ‘un cuadro blanco con una raya en el medio’. Seguramente por miedo a ser juzgados de simples, poco originales, faltos de imaginación. Lo mismo se me ocurre le sucede a los escritores frente a la consabida ‘¿Por qué escribe usted?’ El punto es que acá las herramientas son muchas y, como consecuencia, la sarasasa, infinita. Esta vez fue a la revista El País Semanal de España a la que se le ocurrió hacer tan original interrogatorio a cincuenta escritores. No los voy a citar a todos porque sería tremendamente aburrido, pero hay algunas perlitas.
“Porque el papel es un filtro, una coraza, entre mis palabras y los ojos del otro.” (bien, algo así como un chaleco antibalas)
“…porque estoy tratando de entenderme a mí mismo, mi vida, la razón por la que nací, la explicación de por qué moriré.” (ni haciendo treinta y cinco años de terapia, además no vale la pena arriesgarse, a ver si todavía te enterás que naciste porque tu vieja estaba borracha)
“…por Charles Dickens, por George Orwell y John Irving.” (ellos, gracias a Dios, no pensaban en vos cuando escribían)
“…porque siento una necesidad insuperable de escribir.” (concepto de escritura fisiológica, y no quiero entrar a analizar el término insuperable)
“…porque no puedo hacer otra cosa.” (no mientas, podés hacer muchas cosas, por ejemplo trabajar en una oficina)
“… para encontrar sentido al sinsentido.” (otro que confunde la computadora con un psicólogo)
“…porque no puedo detener el constante torbellino de imágenes que me cruza la cabeza, y algunas de esas imágenes me emocionan tanto que siento la imperiosa necesidad de compartirlas (a veces, un poco de egoísmo no es malo)
“…por hacerle un hogar de palabras a uno de esos pensamientos que uno cree que pueden ser salvadores.” (¿????????????????????)
“Escribo porque no sé, y no sé por qué escribo.” (este debe de ser un pariente lejano del rabino Bergman)
“La incertidumbre de la narración resulta más segura que las certezas de la vida.” (parece que los Bergman son unos cuántos)
Las palmas se la lleva:
“…porque leo y gracias a la lectura nacen arroyos y afluentes del torrente de libros leídos. …porque creo en la austera inmortalidad de la palabra escrita y en las bibliotecas como paraísos laicos… porque es el más poderoso acto libertario que conozco… porque el hechizo de la literatura es fulminante y a mí me hace ilusión ser aprendiz de aquellas magias.” (Fidel Pintos un poroto)
Por suerte existe gente como:
Andrea Camilleri: “…porque siempre es mejor que descargar cajas en el mercado central… porque al final puedo tomarme mi cerveza.”

Eduardo Mendoza: “…no lo sé, nunca me lo he preguntado… hacerlo a esta altura no creo que tenga interés, ni para mí ni para nadie…”
Javier Marías: “… para no tener jefe ni verme obligado a madrugar… no por necesidad, podría pasarme años tan tranquilo son escribir una línea. Pero en algo hay que ocupar el tiempo y algún dinero hay que ganar.”
Y desde mi punto de vista, la mejor:
Umberto Ecco: “Porque me gusta.”
Llámenme simple y falta de imaginación si quieren. Para mí es un cuadro con una raya negra.

lunes, 10 de enero de 2011

La Emilia 95: Las chicas sólo quieren divertirse.

Una está de vacaciones, no se va a ningún lado pero no tiene trabajo, disfruta de la ciudad vacía… de saber que está vacía bah, porque salir mucho no salgo. Y las chicas quieren que salga. Las chicas quieren que me divierta. Las chicas me quieren. Las chicas son mis amigas. Se confabularon. “Dale, si estamos las tres solas”. “Buenísimo, ¿nos tomamos una cerveza?”. “Son nada más que dos horas.” “Ustedes no tienen la menor idea de lo que quiere decir nada más”. “¿Qué podemos perder?” “Tiempo”. “Nos vamos a divertir un rato”. “Uff, una joda bárbara la de ustedes, ¿por qué no vamos a ver el espectáculo de Piñón Fijo mejor?” “Lo que pasa es que la dueña del lugar es clienta mía, me invitó y tengo que ir, haceme la gamba, no te cuesta nada”. “Y a vos tampoco te cuesta nada no romperme las pelotas y mirá cómo estamos”. “Daleee, Emiiiliiiaaa.” “Pero ¿a ustedes les parece, mis queridas Natalia y Verónica, que estoy tan perdida en la vida como para ir a hacer un taller de seducción y juegos eróticos? ¿Qué les pasa? ¿Desayunaron hongos?” Claro que el 31, después de tomar cuatro botellas de champagne entre las tres, me podían llegar a convencer de hacerme maratonista e irme a vivir con los menonitas. Y además creo que a esta altura es muy obvio, que ando bastante perdida. Lo primero que me llamó la atención no más llegar fue que la mayoría de las asistentes tenían mucha cara de prenderle todas las noches una vela a San Pete sin ningún resultado evidente. Aunque, la verdad, si yo fuera San Pete también me haría el boludo. La primera disertante tenía un aspecto como de Valeria Mazza en decadencia, lo que ya es mucho decir. Pero bué, a escucharla, si una está en el baile, hay que bailar, dicen. Hasta que te saca Quasimodo, te pisa los juanetes y lo mandás a la puta madre que lo parió, pero ese, como siempre, es otro tema. La mina empezó a hablar con una sintaxis que Calderón de la Barca envidiaría, “Seducir, un arte; la actitud, lo primero”. Yo amagué levantarme, pero mis dos amiguitas, que me habían sentado al medio, me pusieron un dedo índice en cada hombro y me volvieron a mi lugar. “Hay que andar por la vida con paso firme… (salto rana march)… con el mentón para arriba (la perita para arriba es una invitación a la piña, nena, tenés menos calle que Venecia diría el Diego)… hay que mostrarse divertida y simpática todo el tiempo… (ahora sí, la cuestión es mostrarse, después en casa le saltás a la yugular con toda tranquilidad)… no hay hombre que se resista a una sonrisa… (depende de cómo tengas los dientes, mamita)… practiquen frente al espejo, pongan caras sexies, saquen boca, saquen teta, saquen cola, entrecierren los ojos y siéntanse diosas (si yo hago todo eso, aparte de tener una alta probabilidad de dislocarme el hombro o luxarme un tobillo debido a mi falta de coordinación, cuando termino voy solita a internarme a un psiquiátrico, del susto que me doy nomás)… y no dejen nunca de jugar con el pelo, es un arma muy importante, a los hombres los vuelve locos… (yo en este momento de abandono si quisiera podría jugar con la jungla de pelos que me han crecido en las piernas y en las partes, diría mi abuela la pudorosa, pero no creo que eso sea muy seductor)”. No escuché mucho más, la verdad. La segunda mina que nos habló se llamaba Lupe y su característica era la sutileza del lenguaje. “¿Alguna vez jugaron a ser putas? ¿Chuparon pijas vestidas de enfermeras? ¿Cuáles son sus fantasías sexuales?”

Una tal María Virginia, se lanzó: “En medio de un extenso campo verde, de esos que se ven al costado de la ruta, bajo la copa de un árbol, a media tarde, sintiendo la brisa que augura la siesta que vendrá después de hacerlo.” Uuuyyyy, cómo me calenteeeé… De-ja-te-de-jo-der… Si yo fuera hombre con sólo escucharla se me mete para adentro; nena, qué hacemos con los jejenes. Levanté los brazos en una clara señal de estar diciendo ‘ya está, cerrá el boliche y poné los fideos que estamos todos’, pero Lupe me malinterpretó y pensó que quería contar mi experiencia. “Sí, te escuchamos”, dijo. “No, no, no iba a decir nada.” “Dale, no tengas vergüenza, ¿cuál es la tuya?” “Eeee… qué mía”. “Tu fantasía sexual.” “Simple… coger.” “Ajá, entiendo. ¿Y qué hacés para alcanzarla?” “Escucho charlas pedorras y me va para el ojete”. “Bueno, a ver, chicas, yo estoy acá para ayudarlas, ustedes me plantean sus problemas y yo les ofrezco una solución. Vamos, anímense.” Y las chicas se soltaron. Mamita querida…