viernes, 2 de marzo de 2012

El día que perdí a B.


Hace unos meses dije palabras que nunca debieron ser pronunciadas. Pero estaban ahí, tan al alcance de la boca que no pude evitar hacerlo. Además, ella preguntó. Además, nunca imaginé que podía ser tan grave. Además, ése había sido el acuerdo: decir siempre lo que pensábamos. Nunca fui bueno entendiendo acuerdos, nunca sé cuándo cumplirlos y cuándo no, ni cuándo hacer como que sí pero no. La mañana después de la noche en que dije las cosas que nunca deben ser dichas aunque todo el mundo las sepa, me desperté contento. Un minuto después me acordé. Ella, de una manera muy civilizada, no emitió ningún comentario. Ni antes, ni durante, ni después, ni nunca. Fue lo peor. Empezar a convivir con un recelo cada vez más cotidiano, con una mirada cada vez más enjaulada, con silencios cada vez más empantanados, con fragmentos de charlas contradictorios, con alguien que día a día envejecía antes de tiempo, con la certeza de que era el culpable, y no saber qué hacer y entonces hacer nada. Ella había sido todo para mí, o casi. El “casi” fue el problema. Porque se fue agrandando, se fue metiendo, poco a poco, cada día, cada mañana, cada noche, hasta reemplazar al todo, hasta ya no conocernos. En definitiva, eso somos todos, perfectos desconocidos, esencialmente para nosotros mismos. Nadie sabe cuándo va a ser la última vez, nadie sabe cuándo te van a engañar, nadie sabe cuándo te van a perdonar, nadie sabe cuándo ese perdón es una perfecta mentira. Nadie sabe nada. Sin embargo, yo sí sé algo. Sé que ese día hace unos meses perdí a B. Irremediablemente.

6 comentarios:

Arturo dijo...

Excelente. Pinta la dinámica de cualquier relación.
Saludos.
Arturo.

Adriana Menendez dijo...

muchas gracias, ARTURO. me alegra que te haya gustado. un abrazo.

William Bourke dijo...

Ah, pero yo prefiero aún así decir esas palabras que no deben decirse, si las siento dentro y necesito que salgan. Sí luego ella, sea la letra que sea, no las recibe, no las devuelve, o no las entiende, por lo menos yo habré cumplido mi parte.

Adriana Menendez dijo...

ése es uno de Los Peligros de la Palabra, WILLIAM, muy buen blog el tuyo. http://elpeligrodelaspalabras.blogspot.com/
saludos

Juli dijo...

Terminé de leerlo y me salió algo en voz alta...por eso te lo escribo, así como salió:
Qué bueno!

Adriana Menendez dijo...

gracia, JULI!! beso