martes, 6 de marzo de 2012

La Emilia 128: Volviendo...

El día que entré a casa convertida en un Ekeko con tacos, me colgaban la cartera del cuello, las llaves de casa del dedo índice, las del auto del meñique, un pucho apagado de la boca, otro encendido de la otra mano, se me caían libros y papeles que trataba de sostener con los codos y las rodillas y, con una sonrisa digna de Evangelina Salazar, le grité a los gatos “holaaaaaaaa, llegó mamaaaaaá”; ese día, empecé a mirar el lavarropas con cariño. Pensé ‘muchos boludos acá no entran y Mami no cabe, es un buen lugar’. Y ahí fui. A mi favor diré que había sido un año duro. Laburé como una yegua en la época de la colonia, atravesé la boda de una amiga con la dignidad de una ameba con hepatitis, me cansé de toparme con cornudos y corneados, abombados que ven la vida a través de un botón que encima está roto, asistí a fiestas de cumpleaños tan divertidas como un tratamiento de conducto, visité el campo y las sierras sólo para confirmar que la naturaleza y yo debemos vivir a una distancia mínima de, digamos, cien kilómetros. Fui invadida por gente que se quiere quedar y una quiere rajar con desesperación y visitada casi médicamente por otros que se rajan y una no sabe cómo pedirles que se queden. Alguno me dejó, otro me plantó, algún que otro subnormal pretendió instalarse y a muchos, por suerte, pude mandar a la recalcadísima concha de su tatarabuela. Porque son mamertos… Mamertos que esperan que los aplaudas porque tienen la necesidad de hacerse los graciosos y ocurrentes todo el tiempo y están convencidos de que dicen genialidades; reyes del vacío, al horno y con papas; abribocas que se la pasan fingiendo orgasmos y que como no tienen las tripas necesarias para patear el tablero se tendrían que someter a una cirugía de rejuvenecimiento de cotorra para dejar de intoxicarle las neuronas a los demás con sus depresiones de pacotilla; pejertos a los que se les deprimió el ganso y para ocultarlo simulan ser profundos mientras se hacen tatuajes en chino hasta en el orto; pretenciosos ridículos que maquillan su brutalidad meándose en público por una película muda y en blanco y negro porque es un homenaje a ese cine que en la reputísima vida de Alá vieron, te muestran las fotos que se sacaron en Jujuy con los coyitas para que vos veas lo buenos que son y, para seguir barriendo la basura debajo de la alfombra de su sucia conciencia y sentirse ciudadanos comprometidos con el mundo, cuando vuelven organizan en Villa Crespo una manifestación en contra de la matanza de sanguijuelas en el Tibet y dejan de comer carne porque no se quieren alimentar de energía muerta, por favorrrrr, muerta tenés la gallina paspado, por más que comas chocolate no vas a cagar alfajores babieca, ojalá que el médico te recete una enema diaria de jugo de ortiga, que se vayan todos a lavar la bolas con limpiavidrios así les quedan brillantes total las tienen de adorno… Listo, me siento más livianita… Y bué, qué le vamos a hacer…Vada a bordo, cazzo!!

4 comentarios:

orlando dijo...

como siempre............felicitaciones..................orlando

Adriana Menendez dijo...

gracias, ORLANDO, como siempre.

Arturo dijo...

La Emilia y su proverbial comprensión y calma, siempre alejada de esas actutudes tan neuróticas que tornan agria a la más bella dama...
Una vez más marca el camino a seguir a tantas mujeres de hoy en día, que viven acorraladas por sí mismas.
A la vez, una inocente, que cree en los peces de colores (si es que no se los comieron los mininos).
Relato duro, como gallo al horno, dirían en el Norte Argentino.
Un cordial saludo.
Arturo.

Adriana Menendez dijo...

gracias, ARTURO. saludos.