miércoles, 4 de abril de 2012

La Emilia 130: Feliz domingo para todos.

“Me duele la muela, hijita.” “Y, ¿qué querés que haga, Mami, que sufra con vos por teléfono?’ “Siempre la misma vos”, me dijo y me cortó. Eran las cuatro de la mañana… no tiene paz, esta mina, no tiene paz… Me desvelé, parece mentira pero a esta altura del partido, Mami todavía tiene la capacidad de desvelarme y, lo que es peor, creo que no la va a perder nunca. Total que prendí la tele y justo enganché un par de capítulos de Six Feet Under, excelente programa para calmar mis cucarachas estomacales y después dormir tranquila para despertar descansada a las dos de la tarde y así olvidarme de que era sábado a la noche y de que nunca me había sacado el pijama que me había puesto el viernes a la tarde cuando volví de dar clases y me duché para liberarme de la pelotudez que traía encima. Y ya estoy escribiendo frases de seis líneas con sólo una coma, vamos mal… Continúo… Sin embargo, no pude dormir hasta la hora que se me cantó el orto, ¿por qué? Porque me tocaron el timbre a las ocho y media de la mañana. ¿Quién? Mamiiiiiiiiiiiiii… a quien ya su dolor molar la había abandonado y entraba fresca y campante a mi humilde morada con un ramito de olivo recién bendecido. Cartón lleno. La recibí con todo el cariño que mi cara pudo demostrar. Yo no sé esta mina, ¿dónde carajo estaba en su juventud? ¿No escuchaba a los Beatles? ¿No le correspondería por edad tener amigos hippies? Qué sé yo, me desconcierta. Igual tampoco le voy a andar preguntando mucho sobre su juventud, a ver si todavía me cuenta. Además, no sé qué es peor; nada más insoportable que un sexagenario cantando Rasguña las piedras todo el día y diciendo pelotudeces como ‘seamos realistas, pidamos lo imposible’ a cada rato. “No me digas que todavía estabas durmiendo con este día divino.” “No, mamá, estoy estudiando teatro y ensayaba cómo hacerme la muerta.” “¿Te anotaste en un taller de teatro? Tené cuidado, mirá que en ese ambiente corre mucha droga.” No escucha, la tipa no escucha, y así anda por la vida cagándose en todo lo que una dice. Y lo bien qué hace, pensándolo bien. Yo tendría que aprender un poquito de ella y… ¿qué-es-toy-di-cien-do? Emilia, controlaaaateeee que a lo de Iturralde ya no podés volver, por favorrrr… “Mirá lo que te traje para que te proteja, colgalo atrás de la puerta”, me dice sacudiendo el ramito. Yo para que me proteja hubiera preferido al hermano mellizo de Terminator o, en su defecto, que me trajera un frasco de aceitunas para el desayuno, pero bué, hay que conformarse con lo que hay. Podrida estoy de conformarme con lo que hay, tengo que hacer algo, el problema es que no sé qué carajo, basta, no puedo seguir divagando porque la imagen de Mami con el olivo colma mi cerebelo. “¿Sabés que estaba pensando?” Cagamos, encima piensa… “Que me podrías dar la llave de tu departamento, así cuando vengo temprano no te despierto.” Danger, danger, reprimite, Emilia, no podés sostener esta conversación antes de tomar mate… “Después vemos, mamá.” “¿Después de qué? ¿Qué tenemos que ver? Mirá si alguna vez te pasa algo, como a las viejas esas de la Recoleta, que cuando las encontraron ya hacía dos meses que estaban muertas.” “Qué lindo lo que me contás, mamá… Igual, no te preocupes, Vero tiene llave y vive a cinco cuadras así que cuando el olor le llegue hasta su casa viene con la bolsa de plástico.” “Ah, ella tiene llave y yo no, qué bonito.” De cada dos cucharadas de yerba que trataba de meter en el mate, una iba afuera, ya había logrado que me temblaran las manos, y recién eran las ocho cuarenta. Como no le contesté, se llamó a silencio por exactamente treinta segundos. “¿Qué hacemos hoy a la tarde?” La idea de pasar el día con Mami hizo que me inundara un deseo irrefrenable de pedir asilo político en una escuela de monjas. Y la verdad es que la segunda opción sería menos dolorosa. “Yo me tengo que quedar en casa a releer todo Shakespeare para preparar las clases para la semana, no puedo ir a ningún lado.” “A vos los libros te han cagado la vida, hijita, disculpame que te lo diga de esta manera.” “Sí, los libros, seguro… ¿vos sos tapa dura o tapa blanda?” “Ay, mirá, esos chistes fáciles y estúpidos dejalos para tus amigas.” Es de mármol la tipa, que la parió. “Bueno, está bien, no importa, no importa, ¿viste que viene semana santa?” Me la vi venir, bah no sé de qué me jacto, lo vería venir hasta Andrea Bocelli.
“Ya organicé el almuerzo de Pascuas en casa con Mecha y sus hijos.” Si Cristo viviera, se auto crucificaría para no escucharla más. “Ellos son tan divinos y Jorgito te quiere tanto, tendrías que prestarle más atención a ese muchacho.” Listo, tanto va el cántaro a la fuente… “¿Sabés qué estaba pensando yo, Mami querida? Que vos tendrías que hacer un viaje.” “Ah, siiií.” “Sí, a España, el otro día leí en Internet que hay un pueblo, que no sé bien dónde está, lo voy a buscar y si no existe te lo invento que se llama La concha de la loraaaaaaaaaaa, ¿por qué no te pegás una vuelta por ahí?” “Siempre la misma vos”, dijo y esta vez no me cortó pero se fue. A Zeus gracias. Claro, yo ya estaba desvelada… again.

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