martes, 17 de abril de 2012

La Emilia 131: De como el discreto encanto de la burguesía a veces se va al carajo.

Mi amiga Luisiana, ese monumento a la familia feliz y numerosa, se mudó hace poco a un country del orto en la loma del ídem. No entiendo a la gente que se va a vivir a un barrio cerrado buscando tranquilidad, como si eso te lo fuera a dar un alambre. Aparte si igual terminan desayunando clonazepam compuesto, a quién quieren engañar. A mí, la sola idea de tener que subirme al auto cada vez que necesito un puto paquete de cigarrillos me altera el sistema nervioso central, que demás está decir ya bastante alterado lo tengo. Total que el sábado me llamó y me dijo: “Si no me vienen a ver, me voy yo para tu casa con los chicos.” Ante tamaña amenaza a la humanidad, decidimos ir a conocer el tupper en el que se había metido nuestra amiga. Yo por las dudas pasé por el kiosco antes. “¿Te fijaste cómo llegar, Vero?” “No, pero es facilísimo, yo sé ir, te voy indicando.” Por supuesto que nos pasamos de bajada en la autopista, hubo que retomar, pagar otro peaje of cors; una vez que logramos enganchar la salida, seguimos por un caminito de mierrrda que no era empedrado ni asfaltado ni de tierra ni de adoquines ni de una reverendísima garcha, llegamos a la loma del ojete y doblamos, hicimos cinco kilómetros más y estuvimos a las puertas del antro de bienestar y beatitud. El señor de seguridad, lo más parecido a una cara de culo de mandril con hemorroides que vi en mi vida, nos miró mal o, mejor dicho, miró mal a mi batata feroz o, mejor dicho, más que mal, con cara de estar oliendo mierda, decía mi abuelo. No hay nada que me caiga peor que un pelagatos pulguiento que se comporta como un magnate petrolero porque trabaja para ricos. Alcahuetes, chupaculos repugnantes, se merecerían… pero no me quiero ir de tema porque igual logramos entrar a pesar de no haber llevado el certificado de la BCG. Por las santas pelotas de Barrabás, qué lugar creepy… Las casas son todas casi iguales, los pajaritos cantan, las viejas se levantan y salen a andar en carritos de golf, los pibes andan en bicicleta por el medio de la calle y los padres contentos porque los están ‘criando libres’ y no se dan cuenta de que lo que están criando son generaciones de pelotudos a cuadros que no tienen idea de lo que es un semáforo, el único espacio en el que florece un pensamiento ahí es en esos canteros prolijos espeluznantes del orto. A ver, un lugar en el que no se puede tocar bocina es un hospital no un lugar para vivir. Pero lo peor estaba todavía por llegar. Luisiana sale a recibirnos vestida con una especie de jogging celeste bebé indescriptible, zapatillas, nuevo corte de pelo carré prolijísimo y en brazos un chihuahua cuya descripción merecería un párrafo aparte. Collar de strass para empezar, remerita leopardo para seguir y botitas color rosa para terminar, después nos enteramos de que hasta le sacó una cuenta en Facebook. Como si esto fuera poco y a modo de oferta para el bolsillo de la dama y la cartera del caballero, la tipa, con una sonrisa a medio camino entre la de Maru Bottana y la de Claudio María Domínguez, dice: “Saludá a las tías, Simón.”… “Emilia, algo tenemos que hacer”, me dijo mi amiga gps antes de bajar del auto. “Sí, Vero, irnos a la mierda, es irrecuperable.” “Mejor entramos.” “Ok.” Nos mostró toda la casa y después nos invitó a pasar a la cocina a tomar el té. “Vamos a estar más tranquilas, hice un budín de limón que me salió riquísimo y así aprovechamos que los chicos andan por ahí para chusmetear un poco, acá no los tenés que controlar tanto, viste, hacen lo que quieren.” Siempre hicieron lo que se les cantó el culo estos pendejos, pensé pero no dije, no fuera a ser cosa que Norman Bates despertara de su siesta. “¿Y tu marido?”, preguntó Vero. También debe de andar por ahí haciendo lo que se le canta el culo, pensé pero otra vez me callé, para qué hablar si estaba Luisiana con tantas ganas de expresarse. “Ni me hablés de ese tipo, ¿sabés lo que me hizo la otra noche? Me tiró el Fernet, no se le hace eso a la mujer con la que estás desde hace tantos años, ¿o no?” Cri cri cri cri cri cri… “Igual no sé por dónde anda, se fue otra vez de viaje por la empresa… tanto avión que se cae en el momento equivocado digo yo.” Cri cri cri cri cri cri… al cuadrado… “No vayan a llevarse una mala impresión, eh, yo no me quiero separar, ni loca, mucho laburo, los pibes, un quilombo, yo sólo quiero enviudar, es más digno, te juro que lo lloro y todo.” Miré alrededor y como no la vi, tenía ganas de preguntarle dónde había dejado la olla en la que estaba hirviendo el conejito. “Lu, no sé cómo decirte esto, pero me parece que vos no estás bien”, dijo Vero con la delicadeza que ameritaba la situación. “¡Cómo voy a estar bien si acabo de matar una cucaracha en el baño! Encima la hija de puta se me encocoritó, se infló, ¿vos podés creer que me hizo frente? Me amenazó la conchuda.” Cri cri cri cri cri cri… a la enésima potencia… “¿Saben qué me voy a hacer? Las tetaaas, miren lo que tengo, dos chupetes que me llegan a la cintura de tanto que me las han chupado, una vida sin tetas es una vida que no merece vivirse, chicas.”

Justo antes de que el grillo explotara, entró la nena adolescente. “Mamá, ¿dónde están las zapatillas negras?” “No tengo la menor idea, mi amor, ya quedamos en que vos te tenés que empezar a hacer cargo de tus cosas.” “¿Y vos que vas a hacer? No te quiero dejar sin tareas para que no te aburras.” Nunca imaginé que Evangelina Salazar se pudiera transformar en Chucky con tanta rapidez. “Mirá, pendeja maleducada, en primer lugar saludá a mis amigas como corresponde y, en segundo lugar, me volvés a contestar y te estampo los dientes contras la pared, ¿me entendiste?” dijo y ya no pudo parar. Luisiana es de las mujeres que plantan hierbas en maceta, cuando se saca es brava, por no decir peligrosa. Continuará… Cri cri cri cri cri cri…

2 comentarios:

Juli dijo...

Siempre me hace reir mucho La Emilia! Hoy me encanto lo de los pensamientos.
Un beso!!

Adriana Menendez dijo...

gracias, JULI!!!! beso grande