domingo, 17 de junio de 2012

Es...


seriedad infinita,
carcajada inconmensurable,
vino de ojos pícaros,
lágrima escondida,
eterno Imparciales en la derecha,
sonrisa cómplice,
disco de tango,
copita de Legui,
inocencia sabia.
Es,
aunque muchos,
desde hace mucho,
digan era.


jueves, 14 de junio de 2012

La Emilia 134: Corre, Emilia, corre

Qué iba a hacer, ya lo tenía ahí adelante. Dar media vuelta y subir por donde había bajado era una buena opción que en ese momento, dada la cantidad de droga lícita que tenía en mi cuerpo, no contemplé. El pibe cuyo nombre no recordaba seguía teniendo la misma cara de bragueta triste y semi boludo de antaño, adornada ahora por una ridícula barba candado. Me esperaba sentado en los escalones de la entrada, el morral de cuero sobre las rodillas. Qué lindo detalle. Que cómo estás, que qué bien, que qué suerte, que pensé que nos podíamos dar una segunda oportunidad, que todas las mismas pelotudeces que se dicen en esos casos en los que nadie sabe qué carajo decir. El tema era que, si bien cuando me vio se paró para saludarme, después se volvió a sentar, y no se levantó más. Yo no entiendo, se querría hacer el romántico, pero que alguien por favor me explique dónde mierda puedo yo encontrar romanticismo si se me enfría el culo en el cerámico. Encima no paraba de hablar y de gesticular exageradamente, y a mí me pone nerviosa la gente que no puede dejar las manos quietas, porque si no las va a poner donde las tiene que poner que se las meta en el bolsillo, o en el culo, o en su bolso posmoderno pero que no me las mueva delante de la cara porque además tengo mucha efedrina en mi organismo y en cualquier momento se las muerdo, no sé si me entendés… “Mirá lo que te traje”. Abre el puto morral y saca un cd, ‘Canciones para andar en bicicleta’. “Decime que trabajás para la municipalidad y te sobró de la última campaña que hicieron para promocionar las bicisendas, no que lo compraste pensando en mí, por favor.” “Siempre la misma chistosa vos, está buenísimo.” “Sí, me imagino, pero bicicleta yo no tengo viste.” “Lo podés escuchar en tu casa, tontona (juro que dijo tontona y no se puso colorado el hijo de puta), te ayuda a despejarte. ¿A vos no te gusta poner la mente en blanco cada tanto?’ “¿Para ir ensayando cómo se siente estar muerta? No, gracias.” “Qué loca que sos. ¿Y qué estás haciendo últimamente, Emilia?” Ando aceptando invitaciones de pelotudos que no recuerdo e inconcientemente buscando motivos para clavarme la treinta y ocho en el paladar blando, fue lo primero que me vino a la cabeza pero, tratando de controlarme, contesté: “Lo de siempre, más o menos.” “¿Y no estás haciendo ningún curso?” Están raros, los tipos están muy raros… Yo tenía hambre; a remar, mi amor, vamos a remar, mi amor… claro que en dulce de leche hubiera sido más fácil. “No, la verdad que no.” “Yo estoy haciendo uno de griego antiguo.” I-rre-mon-ta-ble, surrealismo puro, misterio del universo, por qué carajo un tipo te invita a salir si lo único que te puede meter en la cuchufla es una bolsa de rolito me pregunto yo. “Yo preferiría ir a la guerra de almohadas en Palermo.” “¡No me digas que fuiste a la última! ¿Viste que buena estuvo? Qué lástima que no nos pusimos de acuerdo, podríamos haber ido juntos.” Too much. “A ver, Ju-lián, me está dando un poquito de frío, ¿vamos a ir a comer? ¿cuál es tu plan?” Le pregunté fantaseando ilusamente que me dijera ‘subir a calentarte negra, te gustó la jodita que te hice’; parece que todavía creyera en los reyes magos yo. “Justamente, quería invitarte a comer a un restaurante nuevo que hay acá cerca, orgánico, y después si tenés ganas podemos ir a un recital de música peruana que da un amigo mío.” “No, no, no, no, en primer lugar yo necesito carne, sobre todo en este momento; en segundo lugar, lo más cerca que pensé estar de la música peruana esta noche era soplándote la quena, mi amor, ¿qué me estás diciendo? ¿para qué carajo me llamaste?” “Te llamé porque pensé que tal vez aquella noche estabas nerviosa y que no eras así, pero veo que me equivoqué, ¿y vos por qué aceptaste?” “Pero de qué te la das, vos me invitaste porque hace mucho que no le das de comer a tu amigo y si seguís así se te va a morir famélico, bodoque culoroto, y yo acepté porque no tenía la más puta idea de quién eras, nabo de cuarta, porque si me llego a acordaaaarrrr…’ Me interrumpió, no me dejó terminar la frase, y yo enfedrinada hasta la médula… 
“Bueno bueno, yo estoy en una etapa en la que trato de no confrontar así que Emilia vamos adonde vos quieras y después vemos.” “Pero si vos ves menos que Andrea Bocceli, ameba con patas, ¿por qué no te vas a cagar a la Isla de Pascua y de paso te conseguís un par de huevos? Antes de seguir conversando con vos, me voy a mirar la transmisión del rally mundial de burros para consolarme a ver si por lo menos puedo pispear un pito que valga la pena en esta puta ciudad todo se incendia y se va y ya me hiciste ir al carajo no sé ni lo que digo; andá a hacerte una enema de Cachamai y después cagá jugo de pasto orgánico, pelotudo.” Y sí, ya todos saben que cuando se me sale la cadena, de mi boca sólo salen pétalos de rosa. Me di vuelta y finalmente subí por donde había bajado. La puta madre, ya no paso ni de la puerta, vamos cada vez peor.