jueves, 21 de noviembre de 2013

Huésped.


Es un huésped sin invitación,
no me arrepiento,
no, no, no, pero...
Es que habla y quedo como en estado de sitio,
entonces, observo.
- No observás, espiás.
- No.
- Sí.
- No, abro puertas.
- No hay que abrir puertas si no se va a entrar.
- Yo quiero salir.
- ¿Para?
- Para volver. Pero se me estira la piel y me callo.
- Tal vez ya esté todo dicho.
- Tal vez algún día vuelva a hablar.
- ¿Cuando nadie te pueda escuchar?
- No entendés. Todo es cuestión de concentrarse, concentrarse en no pensar.
Y, de paso, aguantar la tentación de volverse loco.

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