martes, 3 de diciembre de 2013

Minas, demasiado minas 2: Guillermina.


Yo hice todo lo que tenía que hacer: estudié, me recibí, me puse de novia, me casé, me embaracé, tuve un hijo y dos años después acabo de tener otro. No pertenezco a esta nueva generación de mujeres perfectas puedelotodo pero no tengo nada de qué arrepentirme ni de qué quejarme. Con mi marido todo más que bien, tenemos nuestros momentos de crisis pero quién no; y los chicos son superllevaderos. Todo es cuestión de organizarse y tener un mínimo de sentido común. Es cierto que hay días que tenés que hacer pis, lavarte los dientes, abrir la ducha y hablar con tu amiga por teléfono sin soltar nunca al bebé, pero también es cierto que las minas somos multifacéticas. Hay que focalizarse en el lado positivo y divertirse. Un poquito cansada estoy, no lo voy a negar, pero con mi marido, como quiere que esté un rato sola con él, hay noches que hasta nos miramos una película después de comer y todo. A él le gustan las de acción, a mí me parecen medio pelotudas la verdad pero se las miro igual, total aprovecho y me duermo una siesta, él está tan entretenido entre tiro y tiro que ni se da cuenta. Qué sé yo, todo por esas cositas. Amor en estado bruto. Con el chiquitín estoy totalmente fusionada, me quedaría encerrada re enamorada sin ninguna culpa, lo miro dormir y me inunda una satisfacción tan grande... Hasta que se despierta, y grita, llora, se caga, y me digo si yo ya pasé por todo esto, cómo no aprendí, ¿que soy? ¿estúpida? para qué estudié, para qué carajo tuve otro, por qué mierda me olvidé, por qué me dejé convencer por este infeliz, busquemos la parejita, la parejita; pero qué parejita ni parejita dos proyectos de caballo me hizo el hijo de puta, cuando me patea y no me deja limpiarle el culo me vienen unas ganas de ponerlo panza pa’ arriba, apretarle la nariz y hacerle tragar todo el frasco de Ibupirac de golpe, a ver si se calla la boca de una buena vez, él y el otro, que termina gritando no sé por qué, por solidaridad sindical la puta madre; un fuego me habla al oído y me dice “mataaalos, mataaalos, mataaalos, ahogalos en esa bañadera llena de patos de mierrrda”, un día de estos les doy un buen bife, porque un buen bife, uno bien dado, ayuda a la salud mental del niño, ¿qué va a tener el chico después? ¿el trauma del bife? por favor; a veces es necesario sacar carnet de loca y que te banque el que pueda... Ay, Dios, ¿tendré la maternidad fallada? ¿o herida?



2 comentarios:

gabriel dijo...

Excelsis, Adriana. Hay una bifurcación tan sutil como decisiva: tan propia del doble enfrentado al "complaciente" que, gracias a Dios, nos compartís para que dialogue con nuestra propia fragmentación. Gracias por estas transacciones tan genuinas y amorosas, celebraciones absolutas de tu propia travesía interior.

Adriana Menendez dijo...

no sabría cómo agradecer tua palabras, Gaby, de verdad me hacen muy bien. gracias gracias