lunes, 16 de diciembre de 2013

Minas, demasiado minas 5: Graciela.


Soy un cactus. Cada vez más seca. Cada vez necesito menos agua.
Mentira.
Soy un cactus. Cada vez más seca. Cada vez necesito más agua.
Cada vez pincho más.
Tengo miedo de que la sequedad se me encarne, de olvidarme cómo es la humedad. La de verdad, no esa de juguete que me invento para conformarme, para que las demás no se den cuenta. Para seguir jugando a ser capa y estar mojada. Jugando a vivir. Protagonista de una fiesta de maniquíes. Sin nadie para compartir aunque más no sea el aburrimiento...
Una se desnuda delante de tanta gente tan al pedo la verdad, porque aunque te juren y te recontrajuren que nada les importa después no paran de contarte los pozos. No tener los huevos para mandarlos a cagar cuando empiezan a contar... La cabeza inflamada de mí misma; la lista de cosas que no puedo compartir con nadie es interminable y agotadora, y yo misma también... interminable y agotadora...
¿Por qué nadie te dice que la realidad supera las pesadillas? Te seca la boca, la garganta, el estómago, las tripas, el culo, la concha; no hay agua que te calme. Hasta podés escuchar cómo te rechinan las bisagras, los engranajes...
Quiero.
Vender todos mis recuerdos y comprarme nuevos. Si total cada cual elige el pasado que más le conviene. A lo mejor así me convenzo otra vez de que hay buenos y malos, de que no todo es gris. De que se puede arrancar apariencias y revolear cadáveres sin culpa.
Dejarme adormecer. Para volver de verdad. Para no convertirme en una de esas personas que sufre por costumbre. Para después ver qué hago con lo que ya me convertí.
Mojar y mojarme otra vez. Es como una desesperación, como una urticaria.
Tengo sed.

3 comentarios:

gabriel dijo...

Hablando de "falsa subjetividad"... Acá parece nombrarse lo otro: ese lugar secreto que no nos deja huír, el mismo que conocemos demasiado bien porque en él sobrevive más que una laguna de recuerdos, una necesidad de satisfacción.

Adriana Menendez dijo...

cómo me gustan tus comentarios, Gabi, gracias.

gabriel dijo...

A sus órdenes, gentil dama.