lunes, 27 de octubre de 2014

Jodid@s 4: Viejo y Negro


abiertos cerrados rojos, así son los sueños de Claudia
nunca se los contó a nadie
las palabras maquillan
los diálogos quedan lejos
no hay lugar en el cuerpo para más conversaciones
que las que vuelan solitarias con fecha de vencimiento en su cabeza
y las cotidianas inevitables
con Ana Laura, compañera de trabajo,
tan charlatana como ignorada
un pedazo más de vacío flotando a su alrededor
la soledad llega por añadidura
y la agradece,
todas las mañanas
sale para el laboratorio
saluda al vecino Rafael que
todas las mañanas
barre la vereda junto con su perro negro
todas las tardes
vuelve del laboratorio
saluda al vecino Rafael que
todas las tardes
se sienta en la vereda dejando pasar el tiempo junto a su perro negro
es la única rutina que Claudia necesita
ver su pantalón jogging, sus pantuflas, su pulóver de lana o camiseta en verano, su boina sin importar la estación, su perro negro
lo supone viudo abuelo bueno
le da tranquilidad
le empieza a tener cariño
fantasea con sus manos raras huesudas mecánicas metálicas
fantasea con mudarse juntos
la relación perfecta
sin urgencia de cuerpos
sin nadie que quiera activar la máquina reproductora inexistente
sin nadie que la acose en la vulnerabilidad del sueño
sin segundos de incomodidad
profunda sin palabras que la estropeen
sin pasado
la vida es un juego de batalla naval, piensa
en vez de hundir barcos, hundimos testigos
un lunes no lo ve
ni el martes
ni el miércoles
jueves absurdo
¿estará bien?
¿necesitará algo?
¿se habrá muerto?
nadie me va a avisar si le pasa algo
el viernes ve el perro solo en la vereda
le mueve la cola
no se puede contener, toca el timbre
disculpe que lo moleste, don Rafael, es que como no lo vi en toda la semana quería asegurarme que estuviera bien
sí, m’hija, no es ninguna molestia, estuve engripado nomás, ¿querés pasar a tomar unos mates?
Claudia no va a trabajar por primera vez en muchos años
es viudo, tiene una hija, hace mucho que no la ve
se enojó dice el viejo, simplemente
no pregunta Claudia, simplemente
lo único que me queda es el Negro, el día que me falte, m’hijita, me pego un tiro o me tiro abajo del tren
no diga tonterías, ahora me tiene a mí, yo también estoy sola,
se cuentan,
empiezan a verse todas las tardes
él le muestra fotos
ella escucha
hasta que un día
¿por qué se enojó su hija, don Rafael?
por una tontería, le toqueteé un poquito a la nena, pero no mucho, apenitas, no lo entienden a uno, cinco años la pibita y paseando en bombachita por el patio, uno no es de fierro
sorprendida una vez más por un sentimiento vencido antes de empezar
no puede no hacerlo
porque lo quiere
para ayudarlo
protegerse y protegerlo
por los que ella debería haber tenido y no pudo
lo hace con elegancia
esperando que él cumpla con su promesa
si no lo hace, ya verá
que en paz no descanse
envenena al Negro.

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