jueves, 13 de octubre de 2016

Cenizas quedan.

dos personas conviven durante siglos con los restos
de algo que tal vez nunca existió
en una comodidad odiosa, ociosa y amortiguada
con cenizas
grises, opacas, ásperas
que ensucian que enchastran.
un paro cardíaco súbito y feroz
el aire tiembla
y deja a Nancy sola con restos
de carne y huesos y órganos y fluidos y recuerdos,
llorar las tripas no puede
hace tiempo se le acabaron los llantos
y las tripas
“los muertos también se mueren”
“si te he visto, no me acuerdo”
se dice,
pero se siente más provisoria e inconclusa que nunca,
pero sospecha.
entonces, convierte todo en cenizas de verdad.
un insípido empleado
le entrega la cajita
sola sale del cementerio
sola se sube al colectivo
sola besa al colectivero
sola se sienta en el primer asiento
con la cajita en la falda.
lo deja en la mesa del comedor
y se hace una sopa.
dos platos, dos vasos, dos cucharas
como siempre
aunque todo más vacío
murmura palabras que ni ella entiende
lava lo limpio
deja la luz encendida
y se va a dormir
con esa sensación de que siempre
llega tarde
a todos lados
hasta en los sueños.
mira el reloj y sabe que llega tarde otra vez los zapatos le duelen tanto que casi no puede moverse se los saca camina descalza se pone unas zapatillas que encuentra por ahí entra a una sala llena de gente que no la mira se sienta y espera no puede evitarlo es su obligación una mujer se asoma por la ventana del techo y grita y ríe “hoy no va a poder ser, cariño, tal vez otro día” Nancy le ruega le suplica que baje pero ella cierra la ventana la gente desaparece y ella está otra vez en la calle en la puerta de la casa de su mamá hace tanto que no la va a visitar que sabe que de despierta siente culpa y de dormida también es tan de noche y no puede encontrarse desde la esquina se arrastra una procesión religiosa él lleva la cruz sonríe y sin soltar la cruz la agarra del brazo “éste es el tren que tenemos que tomar” es para el otro lado le contesta ella “es lo mismo, tonta, nunca lo entendiste” saltan y ella logra soltarse.
revuelve sábanas hasta el hartazgo
se levanta
el cuerpo cansado de pensar
camina limpia putea pule
toma mate cocina ordena cajones
extraña la ausencia amanece
se hace la hora que abren los negocios
una librería
compra pinturas, pinceles, un bastidor
en un jarro
todo mezcla mezcla y mezcla
pinta un tablero de dardos
“a él le gustaba jugar a los dardos”.
lo cuelga en el comedor
cada noche antes de irse a dormir
la mesa por fin vacía
Nancy toma un dardo y se lo tira.
“buenas noches, mi amor, que descanses en paz”

“los muertos tampoco se mueren”.

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