viernes, 24 de noviembre de 2017

1. Quémese después de escucharse

Juro que no lo entiendo. Le doy vueltas, le doy vueltas, y cada vez lo comprendo menos. Escucho y creo que lo que escucho es suficiente para que salga una horda de mujeres enfurecidas a lincharlo; y no, lo aman. El pibe logra que hasta la Virgen de la Caramañola de Nuestra Merced de Caballito quiera levantarse la pollerita cual Marilyn Monroe pero sin necesidad del subte. Me explican que es simple y que por eso llega al corazón. No, señoras, simple es, por ejemplo, hablar de pingüinos para expresar frío en la cama, metáfora que envidiaría el mismísimo Becquer Gustavo Adolfo. No digo que haya que esperar al príncipe azul que nos transporte en un caballo blanco hasta el palacio para hacernos reinas. Ya sabemos que por lo general el caballo no llega ni siquiera a la categoría de burro al igual que el que lo monta, pero no por eso nos vamos a conformar con que nos digan que nos quieren aunque seamos gordas, feas, viejas y pedorras con olor a pata.
“Amarte a ti no es lo mejor, eso lo tengo claro”: pero por qué no te vas a la puta madre que te parió, de base, digo, para empezar a hablar.
“Amarte a ti no es lo mejor pero me gusta”: ¿no querés que te pegue con el látigo también?
“Acepto que a veces no soy tierno, que a veces soy frío como invierno”: los zapatitos me aprietan las medias me dan calor y la rima metétela en el toor.
“De vez en mes te haces artista, dejando un cuadro impresionista, debajo, del edredón. De vez en mes con tu acuarela pintas jirones de ciruelas que van a dar al colchón”: a ver, mi amor, si entendemos algo; los amantes no defecan, no eructan, no se tiran pedos y, mucho menos pretenden hacer poesía con mi menstruación; chancho asqueroso, dejate de joder.
“Si me dices que sí, piénsalo dos veces; puede que te convenga decirme que no”: pero por qué no te vas a amenazar a tu abuela y, de paso, te lavás el culo con nafta común.
Podría seguir ad infinitum, pero prefiero, ya que estoy, darle algunas ideas para su próxima producción:
“Ya sé que tienes celulitis pero no me importa ahora hay buenos tratamientos y te aseguro que no te miento”.
“No te preocupes por tu panza, con que la metas para adentro cuando me ves, me alcanza”.
“Tus arrugas no son nada, hazme el peceto al caramelo que te sale al pelo, y conviértete en mi madrina hada”.
“Me calienta el pedacito de lechuga que se te ve entre los dientes cuando te ríes, te lo veo y me meo”.
Por favor, adónde vamos a ir a parar con tan pocas pretensiones. La verdad que antes de ir a escuchar a este tipo, prefiero ir a la Fiesta Nacional del Poncho en Catamarca, por lo menos es más auténtica.


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