martes, 5 de agosto de 2008

Rafa.

Hasta ese momento había sido, como mínimo, peligroso. Tenía plata, mucha. No importaba si propia, ajena o prestada, bastante que fueran grandes cantidades. Nadie supo nunca qué profesión u oficio ejercía. Su tarjeta de presentación informaba: Rafael Cascón – Empresario. Hacía negocios. Con una envidiable creatividad y una regla de oro propia: no subestimar la estupidez.
Según la moda, tuvo canchas de paddle o pistas de patinaje sobre hielo. Importó millones de chucherías. Creó el “yo-yo que nunca falla”, que en vez de hilo tenía una cinta elástica. Con el invento del muñeco del Hombre Invisible logró vender miles de lindas cajas vacías.
Casado desde hacía treinta años con Renata, no tuvieron hijos. Razón por la que ella estaba tal vez un poco, según él, alterada. O a lo mejor Dios, con divina sensatez, no se los había concedido precisamente por eso. Nunca se llevaron del todo bien; aunque las cosas habían ido mejorando paulatinamente.
Tanto que en público, en todo caso, siempre mostraban una sonrisa, un aire de vean-todo-lo-que-se-logra-con-mucho-diálogo-y-psicoanálisis; una versión de la pareja que, en comparación, los Ingalls resultaban unos sádicos depravados.
Se habían conocido en un baile. “Si yo fuera vos, me enamoraría de mí”, le dijo él con esa incontenible originalidad tan suya y siempre a flor de labios. A ella le gustó, y se casaron. Sobre la idiosincrasia femenina, él tenía su teoría: “La mujer, como las locomotoras antiguas, funciona a pito y leña”.
Claro que también era capaz de apabullarla con una generosidad espantosa. A Renata no le faltaba nada.
Hacía veinte años, por ejemplo, que una vez por mes la invitaba a internarse un par de días en un spa donde recibía los más burbujeantes baños de champagne, sales y algas marinas y le aplicaban un tratamiento facial a base de extracto de caviar. No ignoraba, por otro lado, que su marido le había regalado el lavarropas modelo “Inteligente” sólo para humillarla.
Aunque la fiesta que le organizó cuando cumplió cincuenta años fue la envidia del barrio. Ninguna de las vecinas dejó de comentar lo mucho que la debía de querer para agasajarla así. A medianoche hasta apareció un super auto de regalo. Con un moño y una torta gigantes, con un número cincuenta más grande todavía, pero con otra sorpresa adicional: una odalisca que bailó casi exclusivamente para él, y que se llevó unos cuántos billetes.
Rafa bailó, con ella por supuesto, y después con todas; con cada una de las chicas de la fiesta de su esposa, y con las amigas de Renata, sin privarse tampoco de las hijas de las amigas, que lo llamaban tío Rafa y morían de risa con sus chistes, deslumbradas por tanta solicitud.
Total que, cada más o menos media hora, Renata se escapaba al baño, se miraba en el espejo, verificaba las arrugas y la incipiente celulitis y lloraba un poco. Después se retocaba el maquillaje y volvía a salir a escena. Inútilmente claro, pues ya nadie parecía seguir pendiente de ella ni recordar que era su cumpleaños.
Cómo no se iba a permitir entonces aunque más no fueran pequeñas venganzas. Como cuando Rafa se operó de la vista. Se sabía que él iba a quedar ciego por un par de días. Un amigo lo acompaño al sanatorio porque Renata tenía mucho que hacer. Envuelta en un vértigo decorativo, cambió todos los muebles de lugar. Él puteó un poco, y se magulló bastante, nada más. Pero si nunca le había dado importancia a lo que su mujer hacía o dejaba de hacer, por qué ahora habría de dársela: quizás ella se había distraído, simplemente.
Es que, sin ninguna duda, con el tiempo habían logrado limar asperezas y alcanzar ese estado en que el veneno no pasaba por lo general de un simple e inofensivo duelo dialéctico. Pero rencores, lo que se dice verdaderos rencores, ya no los tenían.

12 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

Che, muy interesante!
Así que José Pablo Feinmann dijo eso? Yo sabia que algún día algún grosso iba a hablar de mí... se lo voy a contar a mi mamá!

Nos leemos.

Juliana dijo...

Sigo pasando a deleitarme con tus historias. Genial la de Gregorio, y ésta, terrible!
Es un placer leerte!
Un beso

Cameron West dijo...

muy bueno... como siempre

Adriana Menendez dijo...

juan escritor, muchas gracias y espero que tu mamá se ponga contenta; igual vaya uno a saber qué quiso decir feinmann, a lo mejor piensa que todos somos cipayos con boleadoras. nos seguimos leyendo, beso.

juli, sos un amor, gracias.

zenkiu cameron

Marce D´Onofrio dijo...

No quiero parecer pretencioso, y mucho menos parecer un crítico, pero necesito destacar la prosa de Adriana. Menéndez escribe con un estilo que es casi orial, casi invisible. Esa, justamente, debe ser una de las principales virtudes de un escritor. Adriana lo logra, y lo logra muy bien. Cuando los estilos son estridentes, el lector lo advierte. En cambio, en estos cuentos, el protagonista es el argumento. Uno se deja llevar por la historia. Y allí radica el otro secreto, tal vez más importante que el anterior: no sólo es virtud, si no casi una obligación, que aquel que escribe no aburra al lector; que lo atrape con la historia que cuenta. Por eso es muy placentero encontrarse con los cuentos de esta escritora, que nos lleva, sin darnos cuenta, por la historia de sus personajes, para que les tomemos cariño o nos caigan antipáticos, porque hay en ellos bondad, miserias, problemas, secretos. Hay algo en esos personajes que conocemos sin conocerlos, como este marido a quien podemos adivinarlo como un cretino, aún, tal vez, sin conocer a nadie así. Eso es mérito de esta estupenda escritora que nos cuenta una historia y nos mantiene atentos a ella. Y Adriana, insisto, lo logra, y lo logra muy bien.

Un beso grande y mi agradecimiento por la calidad de los relatos.

Adriana Menendez dijo...

d'onofrio, ¡me hace poner colorada!
miles de gracias y un beso grande.

Diana Laurencich dijo...

gracias Adriana, la invitación a leer tu blog llegó en buen momento, recién acabo de volver de unas petiti vacaciones en Buenos Aires,estoy en Mar del Plata desde hace un par o casi tres años ya que volví de una isla frente a África, y bueno, cada vez que vuelvo, me pongo un poco nostalgiosa.
Tu blog me encantó. Lo voy a linkear.
Te visitaré seguido.
Un beso

CARLOS RODRÍGUEZ IBÁÑEZ dijo...

Un placer el leerte y una suerte el descubrirte.

Muy agradable y placentero...

Saludos desde España

BUDOKAN dijo...

Muy buena calidad en los relatos, quiero darles la bienvenida al mundo de los blogs. Saludos!

Adriana Menendez dijo...

me alegro diana que la invitación te haya llegado en un buen momento y que hayas disfrutado y hecho tantas cosas en tus días en bs. as., es un honor que a una artista como vos le haya gustado mi blog; muchas muchas gracias, beso grande.

gracias por tu comentario murciano carlos... ¿se dice así?

budokan: te agradezco la bienvenida, que hayas pasado y dejado un comentario y que escribas sobre esas películas de las que nadie se acuerda, saludos.

D.M. dijo...

hola adriana, mail-recibí una invitación a visitar el blog, gracias... un placer, revisitaré... p.d: me pareció muy acertada la elección de las imágenes que acompañan los textos y a éste en particular... saludos de otro pelotudo...

Adriana Menendez dijo...

muchas gracias a vos, d.m., por tu comentario, me alegro que te haya gustado, saludos.