lunes, 29 de abril de 2024

13 CARTAS Y UN EPÍLOGO

13 CARTAS Y UN EPÍLOGO.

 

1.- Cuca a Pocha


Chivilcoy, 14 de enero de 1980

 

Hola Pocha:

te escribo estas líneas esperando se encuentren todos bien como así
también nosotros.
Llegamos a lo de mi hermana hace apenas dos días así que no tengo mucho para contarte pero te escribo así te mando la dirección y vos me contás las novedades de allá.

Nosotros acá dentro de todo bien. Llegamos el sábado a la noche, mi sobrino y su novia nos estaban esperando en la estación. Bastante avispada está esa chica, por lo menos la pollerita era muy corta. El domingo vinieron los primos de Omar, por suerte se fueron temprano así que nos dio tiempo para ir a dar una vuelta a la plaza y tomar un helado. A la noche queríamos ir al cine, pero no hubo forma de convencer a Angélica, vos viste cómo es mi hermana, terca como una mula, desde que enviudó está peor.

Hoy vamos a cenar a la casa de mi hermano el Rodolfo, mi cuñada es insoportable y re tacaña, capaz que de postre nos da una naranja, no tengo nada de ganas de ir, pero quiero ver a mi hermano y si no vamos se van a enojar.

Suerte de perros che, mi hermana tiene una Pelopincho divina y a vos te parece, llueve y hace fresco. Estamos todos con pullover. Espero que cambie este tiempo de m....a, si no esto va a estar más aburrido que chupar un clavo.

Te quería pedir un favor, Pocha, si no es mucha molestia. Yo le había comprado un regalo a mi hermana y me lo olvidé arriba de la mesa. ¿Podrías mandármelo por encomienda? Nosotros vamos a estar acá como dos semanas así que si te apurás llega antes de que volvamos. Te mando esta carta certificada así te llega enseguida. Te paso la dirección para que me escribas, es la de la despensa que está acá a tres cuadras, la de la Lucina, viste que acá a lo de mi hermana el correo no llega:

Angélica D. de Saráchaga (para Cuca)

Despensa Lucina

Calle 15 entre 40 y 41

Chivilcoy

Hasta pronto, querida. Te quiere,

Cuquita.

PD: Contame cómo anda Ramón de la gastroenteritis.

 

 

2.-Pocha a Cuca


Buenos Aires, 19 de enero de 1980


Querida Cuca:

¡Tenele paciencia a tu hermana! Pobre, pasó las de Caín con la enfermedad de su marido, es lógico que esté así.

Por acá por el barrio no hay muchas novedades. Nosotros por suerte estamos bien, con mucho calor eso sí, llovió pero después salió el sol y no refrescó nada. Qué suerte que tienen ustedes de poder escaparse unos días. Yo ya no sé qué hacer con los chicos, ayer tuve que dormir la siesta con la llave de adelante abajo de la almohada para que no se me escapen a la calle.

Lamentablemente no puedo hacer lo que me pedís, acordate que el año pasado cuando volvieron de Mar del Tuyú me pediste las llaves y no me las volvistes a dar, así que no puedo entrar. Una lástima, espero no se te sequen los malvones con esta calor. Vas a tener que mandar vos la encomienda cuando vuelvan.
Gracias por preocuparte por Ramón, gracias a Dios ya está mejor.

Disculpame que te escriba como telegrama pero me tengo que poner a preparar la cena.

Mañana voy al correo, espero te llegue antes que se vuelvan, te la mando simple porque viste cómo están las cosas.

Te manda un beso tu amiga que tanto te recuerda,

Pocha

 

 

3.-Claudia a Nancy


Chivilcoy, 15 de enero de 1980


Nancy:

¿cómo estás? Yo acá con una bronca te imaginarás por qué. Cuca llegó hace cuatro días y ya no la aguanta nadie. Se instala acá enfrente en lo de la tía Angélica con ese marido pollerudo que tiene y nos mira todo el tiempo como si estuviera oliendo mierda, me tiene recontra podrida. No sé qué se piensa, que porque viene de Buenos Aires es más que nosotros. Un día de estos exploto. Y mi papá es un tarúpido que nunca le dice nada. Dice que nos tenemos que callar porque viene una o dos veces al año nada más y es la hermana mayor, y eso qué tiene que ver. No quiero ni pensar lo que debe ser tenerla de vecina. No sé cómo la aguanta la tía, ella es media hincha sí pero nada que ver con Cuca.

Con el Sergio andamos bárbaro. No sabés el pasacassette que me regaló, hermoso. Ya me dijo que apenitas la mujer se componga un poco se separa así que imaginate. No veo la hora, así nos vamos a vivir juntos y no tengo que soportar más a mis hermanos ni a mi mamá. Y ahí sí vas a poder venir a visitarme, ahora no te invito porque esta casa es un lío.

¿Cómo anda Pocha? ¿Y tu papá? La tía Cuca dijo que anduvo mal del estómago. Supongo que los mellizos les deben sacar canas verdes a todos.

Escribime pronto.

Claudia

 

4.-Angélica a Beba


Chivilcoy, 17 de enero de 1980


Querida prima:

Espero que al recibo de estas líneas se encuentren todos bien quedando así nosotros.

Acá llegó Cuca hace unos días, con Omar, al pobre hombre lo tiene de acá para allá. Yo la quiero y la extraño pero cuando viene a los dos días ya quiero que se vaya. Vos viste cómo es, llega y revoluciona todo. Dice que viene a descansar pero se la pasa haciendo cosas y metiéndose en la vida de todos. Yo sé que lo hace de buena, de querer ayudar, pero a veces se pasa de la raya. Ahora se la agarró con la novia del nene porque dice que se viste como una descocada. La pobre chica es un encanto, trabajadora, de su casa, lo ayuda al padre en el negocio y aparte estudia, está haciendo un curso de dactilografía para poder entrar en la municipalidad como secretaria. Hasta está pensando más adelante en estudiar inglés. Le gusta progresar, qué más puedo pedir yo para el nene. Una quiere lo mejor para los hijos y con esta chica va a poder formar una buena familia como Dios manda, qué me importa que la pollera sea un poco corta, las chicas de ahora se visten así, son modernas, no pavas como éramos nosotras.

A mí me hincha con que tengo que salir más. No entiende que no hace un año todavía que se me murió mi Juan Alberto, para qué quiero yo salir. Aparte adónde voy a ir. Pero ella es así, fuerte, como cuando se murieron papi y mami en el accidente y se hizo cargo de todo mientras los demás no podíamos parar de llorar. 

Bueno, Beba, no te doy más la lata. Disculpame que me descargue con vos pero sos la única con la que puedo hablar estas cosas. Por favor, no le cuentes a nadie.

Mandale un beso a todos, especialmente a los tíos, traelos pronto que tengo muchas ganas de verlos.

Te manda un beso, tu prima que tanto te quiere y extraña,

Angélica

 

5.-Cuca a Beba


Chivilcoy, 17 de enero de 1980


Querida Beba,

espero que al recibo de estas líneas se encuentren todos bien quedando nosotros bien por el momento a Dios gracias. 

Yo acá estoy en la casa de Angélica. Nos vinimos unos días a descansar con Omar, pero parece que es imposible. Mi hermana se está volviendo loca de los nervios con todo lo que pasa en la casa del Juan Oscar. Él se fue unos días a trabajar al campo para hacerse unos manguitos extra y esa casa se convirtió en un quilombo, disculpame la palabra pero no encuentro una mejor. Mi sobrina tiene un “novio” que tiene como quince años más que ella, está casado y tiene dos hijos, a vos te parece. Y el tipo aprovecha que mi hermano no está y entra y sale de la casa como si nada. Ya me callé la otra vez cuando lo del hijo de mi cuñada, porque hijo de mi hermano no es, si es igual al vecino de la otra cuadra, el que tiene la mercería, pero esta vez si me tengo que quedar unos días más no importa, lo voy a esperar y le voy a decir que ponga en caja a su mujer. Y de paso a su hija. Cuando vuelva te llamo por teléfono y te cuento bien porque es imposible decir todo lo que se siente cuando una ve a sus parientes en ese asco. Los que me dan lástima son las pobres criaturas que no tienen ninguna culpa. No sé para qué tienen hijos si no se pueden hacer cargo como Dios manda. Y después una que toda la vida quiso encargar y no quedó, es injusto.

Por favor, esto que te cuento que quede entre nosotras, no les digas nada a los tíos que se van a hacer mucha mala sangre. ¿Cómo andan ellos? Cuando estemos de vuelta en casa los voy a ir a visitar y les llevo la torta marmolada que tanto les gusta. 

Bueno, no tengo nada más para contarte por ahora. 

Cariños para todos.

Tu prima que te quiere,

Cuca

 

6.-Nancy a Claudia


Buenos Aires, 18 de enero de 1980


Hola Claudia:

Cuca es imbancable, mi mamá ya no la puede ni ver, pero bueno en el fondo es buena. Se hace la cheta y es media metiche pero si la necesitás está. Allá se hace la agrandada porque va de Buenos Aires y acá en el barrio viven cachándola porque sale a hacer los mandados toda emperifollada, ni que Villa Caraza fuera la Recoleta. Mi papá dice que es una culo con arandela. Mamá el otro día estaba enojada porque le pidió que le mande por encomienda no sé qué cosa que se olvidó de llevar pero mamá no puede entrar porque Cuca le sacó las llaves el año pasado. Viven sacándose el cuero pero después toman mate juntas todas las tardes, quién las entiende. Mamá aparte está insoportable, los mellizos la vuelven loca. Yo cuando estoy en casa me encierro en mi pieza, lo único que falta que me los encaje a mí, y si no me agarro la bici y me voy.

Qué bueno que estén bien con Sergio, igual no le aflojés, viste cómo son los hombres. Si te dijo que se va a separar que arregle sus cosas y lo haga, la mujer seguro que sabe lo de ustedes y se va a seguir haciendo la enferma para retenerlo.

Tengo novedades. El sábado pasado fui a bailar con mi amiga Silvia y conocí a un chico. Terminamos apretando toda la noche. Quedamos en vernos el domingo pero mi mamá no me dejó ir porque venían de visita mis abuelos. Lo peor es que no tiene teléfono así que no le pude avisar, imaginate la bronca que me agarré. El sábado que viene no voy a ir a bailar porque me dejan ir sábado por medio así que el otro voy sí o sí, espero encontrarlo.

Bueno, no tengo mucho más para contarte. Ojalá nos podamos ver pronto.

Te mando un beso

Nancy

 

7.-Pirucha a Beba


Chivilcoy, 18 de enero de 1980


Querida Beba:

quiera Dios que cuando te lleguen estas líneas vos y los tíos se encuentren bien de salud.

Te tengo que pedir un favor. No sé si sabés que Cuca hace unos días que vino a lo de Angélica. Y la está volviendo loca de los nervios. Vos viste cómo es, buena pero no puede parar de meterse donde no la llaman. Le quiere arreglar la vida a todo el mundo. Acá vino la otra noche a cenar con Omar y no dejó títere con cabeza. Primero, que la novia de Luisito es una ligera, pobre chica, yo me la encuentro todos los domingos en Misa. Después, que la Nancy está saliendo con Sergio, el dueño del quiosco de la plaza, yo no creo que sea verdad si también lo veo a él con la mujer todos los domingos en Misa. Después, que Angélica tendría que salir más, pobre mujer todavía está de luto mirá si va a andar por ahí, bastante que sigue yendo a Misa por lo menos una vez por mes. Encima la escuché cuando le dijo al Rodolfo “no te digo que se ponga a amasar que ya sabemos que no sabe pero por lo menos hubiera ido a la fábrica de pastas, me invitás a comer y tu mujer me da unos fideos de paquete”. Me quería morir. ¿Qué tienen de malo los fideos de paquete? Desde que se fue a Buenos Aires se cree la reina de Inglaterra. Ni hablar la cara que me puso cuando abrí la lata de duraznos para el postre. Ni un “gracias por la invitación” escuché, lo único me preguntó si no tenía crema. Mirá si voy a comprar crema con lo cara que está. Bueno, acá viene el favor que te pido. ¿Vos no podrías venir a charlar con ella y calmarla un poco? Yo sé que a vos te escucha. Porque encima ahora dice que se va a quedar unos días más hasta que Juan Oscar vuelva de trabajar en el campo, imaginate, nos va a volver locos a todos. Con que vengas un par de días alcanza, en lo de Angélica hay lugar. Nos haría muy bien a todos. Ay, qué suerte que tenés vos que no te casastes así no tenés que arreglar los problemas de tu familia política.

Mandale un beso a los tíos. Espero verte pronto, que Dios y la Virgen te acompañen.

Pirucha

 

8.-Beba a Angélica


Buenos Aires, 23 de enero de 1980


Querida prima:

no le hagas caso a tu hermana, ya todos sabemos cómo es Cuca. Le gusta arreglarle la vida a todos y siempre tiene una opinión sobre todo. Hay que dejarla hablar como a los locos, qué sabe ella lo que es quedarse sola. Vos pensá que te va a ver una o dos veces al año nomás. Acá también cuando viene de visita se pone pesada. Encima me trae una torta marmolada que hace que se piensa que a mamá y papá les encanta. La verdad es que le sale horrible, no terminó de irse que ya la estoy tirando, ni los pichichos la quieren.

Yo creo que tantos años de querer comprar y no quedar le alteraron la cabeza, pensá que cuando el Omar se va a trabajar, ella se queda sola todo el día, a la mañana hace los mandados y después no tiene otra cosa que hacer, nada de qué ocuparse. Es una histérica de la limpieza. Yo no fui más a la casa, entrás y enseguida te encaja los patines. Se la pasa encerando. Al pobre Omar lo vuelve loco, pobre, no puede ni ir al baño tranquilo que ella va atrás con un trapo para secar hasta la última gotita. Eso sí, brilla todo y las plantas las tiene hermosas. 

Qué suerte que estás contenta con la novia del nene, ojalá que pronto tengamos confites.

Yo acá en casa siempre igual, haciéndome cargo de mamá y papá. Están grandes pobres, les tengo que hacer una dieta especial a cada uno, a mamá por la diabetes y a papá por el colesterol y la presión. Fuera de eso andan bien. Sigo cosiendo para afuera, ahora más que nada me dan pantalones. Y me compré la Knittax. Recién estoy aprendiendo a manejarla pero yo me doy maña enseguida. Ya hablé con la tienda de la otra cuadra, me dijeron que le puedo dejar los saquitos en comisión. Está todo tan caro, con la jubilación de papá sola apenas llego a los remedios. Qué le vamos a hacer, siempre que llovió paró.

En cualquier momento te vamos a visitar.

Bueno, sin más que decir me despido de vos con un beso grande,

Beba

 

9.-Beba a Cuca


Buenos Aires, 23 de enero de 1980


Querida Cuca:

espero que al recibo de estas líneas vos y Omar se encuentren bien de salud quedando así nosotros. Me parece bien que te quedes unos días más para ayudar a tu familia. Es evidente que te necesitan. Por un lado a Angélica le viene bien, ella está muy sola y encerrada desde lo de Juan Alberto. Siempre fue media quedada, muy dependiente de él, él hacía todo. Me imagino que ahora y encima con lo de tu hermano debe estar bastante angustiada. Eso sí, también aprendé a poner un límite, llega un punto en que que se arreglen querida. Vos siempre te estás haciendo cargo de todos, acordate cuando fue lo de tus padres, Dios los tenga en la gloria. Vos hacés lo que podés, si ellos no solucionan sus problemas y chanchullos, allá ellos. 

Lo que me contás de la casa de Juan Oscar es muy delicado, ni hablar lo del hijo parecido al mercero. No me quiero ni imaginar cómo te debés sentir. Y qué se piensa esa mocosa saliendo con un casado, qué ejemplo para los hermanitos. Unas tanto y otras tan poco, vos por lo menos lo tenés al Omar, yo ni siquiera eso. Lo que daría por tener un compañero para aunque más no sea me ayude con mamá y papá. Pobres viejos, yo los quiero, vos sabés, pero cada día me dan más trabajo. La cintura no me da más de la máquina de coser, y ni siquiera con eso me alcanza, me compré en cuotas una de tejer para hacer algo más. Hay que parar la olla querida.

Ya nos juntaremos cuando vuelvas. Mamá y papá te esperan como siempre. ¡No te olvides de la torta marmolada!

Te mando un beso

Beba

Pd: Quedate tranquila que no le cuento nada a nadie, sabés que soy una tumba.

 

10.-Beba a Pirucha


Buenos Aires, 23 de enero de 1980


Querida Pirucha,

espero que al recibo de estas líneas se encuentren todos bien quedando nosotros igual gracias a Dios.

Lamentablemente, no voy a poder ir a Chivilcoy en estos días, entre el trabajo y el cuidado de mis padres no me queda tiempo para nada. Igual, no creo que podría ser de mucha ayuda. Los problemas de familia, se arreglan en la familia, los de afuera somos de palo, es mejor no meterse entre los hermanos. Si te metés en el medio, ellos después se arreglan y una queda mal parada. No te creas que no te entiendo, la conozco a Cuca mejor que vos, pero bueno, es la hermana de tu marido y sólo tiene buenas intenciones.

Disculpame que te escriba una carta tan corta pero tengo que entregar 10 pantalones para mañana y no quería dejar de responderte para que no me esperes.

Sin más que decir, te mando un beso grande para todos.

Beba

PD: Yo también hago fideos de paquete, los de la fábrica de pastas están muy caros.

 

11.-Cuca a Pocha


Chivilcoy, 25 de enero de 1980


Querida Pocha:

espero que al recibo de esta carta se encuentren todos bien como así también todos nosotros.

No te preocupes por el paquete, si no podés entrar, no podés. No me acordaba de lo de la llave. Igual, creo que Omar se vuelve antes, así que lo mandará él. Y si no cuando vuelva lo mando yo, tampoco es tan urgente. Lo que pasa es que yo voy a esperar que mi hermano el Juan Oscar vuelva del campo. Lo quiero ver y aparte hablar con él, cosas de familia.

No tengo muchas cosas más para contar, por suerte el clima está mejor pero mucho de la Pelopincho no pudimos disfrutar igual. Todos los días vienen mis sobrinos, los más chiquitos, la madre aprovecha que mi hermano no está para sacárselos de encima y los manda para acá. Hacen mucho lío, así no se puede. Ni hablar que hay que hacerles la leche todas las tardes. Y mi hermana no les dice nada, vos viste cómo es, se aguanta cualquier cosa con tal de no discutir. Así andamos.

Contame vos cómo andan ustedes, supongo que la Nancy te dará una mano con los mellizos. Una cosita, el otro día me enteré que se cartea con mi sobrina Claudia, ojo, no es por nada, pero no creo que sea muy buena influencia, ya te contaré a mi regreso, no son cosas que se hablan por carta, digamos que no anda en muy buena compañía. La verdad querida que una tiene que estar en todo en estos días, hay que andar con 4 ojos, las chicas de ahora no sé qué se piensan, hay que estar atenta, más vale pasar por desconfiada que confiarse demasiado y después pagar los platos rotos, lo que abunda no daña.

Bueno, Pochita querida, creo que esta será mi última carta en estas vacaciones si Dios quiere.

Cariños

Cuquita           

 

12.- Cuca a Beba


Chivilcoy, 28 de enero de 1980


Querida Beba:

espero que al recibo de esta carta se encuentren bien quedando nosotros así a Dios gracias. Muchas gracias por tu carta, es tan importante tener a alguien en la familia en quien confiar y a quien contarle los problemas. Tenés razón, tengo que aprender a poner límites, una no le puede solucionar la vida a todo el mundo mucho menos a la familia. Como te conté, había pensado quedarme hasta que volviera el Juan Oscar para decirle lo que opino, pero si a él no le importa allá él. Al hijo ya le dio el apellido y si yo me puedo dar cuenta que es igual al mercero que va todas las tardes a tomar mate a la casa él también se puede avivar. A lo mejor ni le importa. Para qué me voy a meter. Y todos saben que la hija está noviando con un casado y nadie hace nada para enderezarla. Hija mía no es, que se arreglen, y cuando les aparezca con un regalito a llorar a la iglesia. La que me da lástima es Angélica, pero no puedo hacer más, tampoco me voy a venir a vivir acá, descuidar mi casa y mi marido, porque ella está sola. Mi sobrino anda todo el día en la calle con la noviecita, el otro día le dije “mirá que la casa de tu mamá no es un hotel para venir a comer y dormir nada más” pero le entró por un oído y le salió por el otro. Así le paga todos los sacrificios que hizo por él.

Te agradezco tanto que me hayas abierto los ojos. El 2 de febrero nos tomamos el tren de vuelta porque Omar empieza a trabajar el 5. Ni me quiero imaginar cómo se me deben haber puesto las plantitas con estos calores. Le pedí a mi vecina la Pocha que me hiciera el favor de ir a regarlas pero parece que perdió la llave y no pudo. La vida es así, querida, una vive haciendo cosas por los demás pero cuando necesitás algo todos brillan por su ausencia.

Apenas acomode todo un poco los voy a visitar, les llevo la torta a los tíos y me contás cómo andás con esa máquina de tejer, me imagino que te deben salir unos pulóveres hermosos. Capaz te encargo uno pero eso sí me tenés que prometer que me lo vas a cobrar si no no te encargo nada. Cuentas claras conservan la amistad.

Te manda un beso muy grande tu prima que tanto te quiere

Cuca

 

13.- Cuca a Beba


Chivilcoy, 28 de enero de 1980


Beba:

espero que al recibo de esta carta se encuentren todos bien quedando nosotros del mismo modo.

Beba, sos una falluta. No sé si habrás leído la otra carta que te acabo de despachar. Olvidate de todo lo que te dije. Traicionera, te hiciste la buenita y venías con el cuchillo abajo del poncho. Sí, querida, apenas volví de tirarla en el buzón, encontré la carta que le mandaste a la Angélica. Ya sé que el correo es privado pero me tenté. Y gracias a Dios que la leí, así ahora sé bien qué clase de persona sos. A Angélica ya la voy a agarrar y le voy a cantar las 40, vaya a saber qué te habrá dicho para que digas todas esas porquerías de mí. Estoy muy dolida, una viene a tratar de ayudar un poco a la familia y así te pagan. Histérica de la limpieza yo, por favor, será que medís a todos con tu propia vara porque las cosas como son, querida, al pan y al vino vino, tu casa es una mugre, nunca te dije nada por lástima, porque sé todo lo que hacés para aguantar a esa vieja enferma y diabética que tenés y a ese padre que está siempre borracho como una cuba. Como para conseguir novio, así no hay hombre que te aguante. Porque en algo tenés razón, no sé lo que es quedarse sola porque, gracias a Dios y a la Virgen de Pompeya, tengo un marido que me quiere y a quien cuido para que siga así, para no terminar como vos, solterona, amargada y envidiosa. Encima me criticaste a mi hermana, a ella la critico yo nomás que para eso soy la hermana, los de afuera son de palo. Pretender darme consejos a mí, ¡a mí! Siempre fuiste una cursienta.

Cuca

PD: Olvidate de mi torta marmolada para siempre.

 

Epílogo.- 


Cuca le dijo a Omar que en el futuro quería volver a sus vacaciones en Mar del Tuyú y Omar le dijo que bueno. Cuando se van, le deja las llaves a Pocha para que le riegue los malvones, a la vuelta siempre le trae algún regalito: media docena de alfajores, un caballito de mar que cambia de color según el clima y ese tipo de cositas. Pocha sigue luchando con la gastroenteritis de Ramón así que los alfajores los tira para que él no se tiente. El caballito y esas cositas las usan los mellizos para jugar a los soldaditos. A veces, se rompen.

Angélica lo sigue extrañando a Juan Alberto pero los domingos da la vuelta del perro con Luisito y la novia en el auto, después se sienta un rato en la plaza y come un alfajor que siempre le regala Sergio, el quiosquero. Sergio finalmente se separó de la mujer y al poquito tiempo Claudia quedó embarazada, muchos dicen que así lo enganchó pero a ella no le importa. Cuando el nene cumpla un año lo bautizan y aprovechan y se casan (“o algo así”, dijo Cuca, “casarse casarse, no pueden.”), una sola ceremonia y fiesta para ahorrar. Cuando hace calor, los hermanos de Claudia llevan al bebé a la Pelopincho de Angélica. Los hijos de él están chochos con el hermanito. La ex, no.

A Beba no le habla más nadie de la familia pero mucho no le importa porque se puso de novia con el panadero, el viudo; no sabe si lo quiere pero por lo menos tiene un cuarto de miñones gratis todos los días y los domingos una docena de facturas. Él además la ayuda con el cuidado de sus padres y entonces ella le teje pulóveres. 

Juan Oscar volvió del campo y todas las tardes juega al tute con el mercero, mientras la mujer les ceba mate.

Rodolfo sigue casado con Pirucha, por supuesto.

Los cuatro hermanos se juntan sólo para la cena de Navidad, Cuca va a Chivilcoy el 24 y se vuelve el 25. Ya no se queda varios días en la casa de Angélica. Pirucha siempre lleva huevos rellenos, medio para cada uno, y una lata de duraznos y otra de ensalada de fruta, para mezclar.

 

miércoles, 3 de abril de 2024

El mar

yo debía de tener aproximadamente siete años cuando me di cuenta de que mi vagina estaba húmeda, de que si me la tocaba salía un juguito y de que ese juguito era rico, un día me pasé el dedo y, con inocencia, queriendo compartir el descubrimiento con ella, le dije “mirá, mami, olé” y le extendí el dedo y ella olió y la cachetada me dio vuelta como una calesita; yo creo que mi mamá me odia, ojo, me ama, pero me odia; no sé, por ahí pensó que había parido un juguete en vez de una nena. 

a mí el mar siempre me calmó, en el mar me sueño y me sueño bien, me sueño en paz; no como en los sueños de verdad que tengo, siempre corriendo, nerviosa o asustada; como en el de anoche: estaba paralítica, boca arriba en la cama, despierta, los brazos a los costados del cuerpo y por la puerta abierta de la pieza aparece una señora blanquísima con una nariz como península, me mira con ojos verde vidrio y se ríe fuerte, mucho, una risa de metal, áspera, y camina como robot hacia una cuna que hay a los pies de la cama y yo siento tanto pánico que me olvido que estoy paralítica y doy un salto hacia la cuna para evitar que se lleve no sé qué que hay ahí adentro, lo logro pero en la cuna no hay nada, levanto la cabeza, la señora desaparece y estoy adelante de la casa de mi mamá, se ve que hace tanto que no voy que siento culpa hasta en los sueños; entonces, por la esquina viene una procesión religiosa como esas de los viernes santo con un crucifijo gigante a la cabeza, pasan por al lado mío, me duelen los zapatos, me los saco y los sigo hasta una estación de tren, sé que es tarde y que perdí el tren, en los sueños siempre llego tarde a todas partes, en la vida muchas veces también pero ese es otro tema, será que nunca me enseñaron a dormir o será que nunca aprendí qué sé yo. 

por eso me gusta el mar, allá el tiempo va por otros carriles, el mar es llano a pesar de sus olas, no tiene las vueltas de la vida ni las de la muerte, simple; allá pasé mucho tiempo cuando era chica, iba todos los veranos, mi prima me llevaba unos cuántos años pero me quería tanto y yo la adoraba, la admiraba, y me dejaba hacer; mis tíos sabían, yo sé que sabían, pero si alguien les hubiera preguntado se habrían hecho la señal de la cruz y nos hubieran castigado, yo tenía siete años mi prima veinte y me enseñaba muchas cosas. 

mi prima me enseñaba canciones también, como Muchacha ojos de papel; me la cantaba todas las tardes y me la terminé aprendiendo; la detesto, es mentirosa, está escrita por un psicópata perverso celoso y abusador, es poesía engañosa; el papel no tiene color ni vida, se usa para escribir o para limpiarse el culo y se tira, el papel es básicamente un árbol muerto; piel de rayón suena lindo pero el rayón es artificial, no deja pasar el frío ni el calor, todo lo contrario a la piel; no quiero ni entrar a hablar de la cantidad de cosas que dice que me va a hacer mientras duermo; quédate sueña no corras quédate duerme, pará de darme órdenes; no hables más muchacha, me dice, claro sobre todo no hables más, sobre todo el silencio siempre el silencio; a mí me gustaría que vos hagas silencio y me gustaría ayudarte, me encantaría comerte la lengua de a pedacitos con cuchillo y tenedor mientras me tomo un té de frutillas a la luz de la luna porque no quiero que me robes ningún color porque tengo muy pocos; imaginate lo doloroso que debe ser tener un corazón de tiza, un corazón que se parte con tanta facilidad, la tiza no late, la tiza es una piedra muerta, además se usa en el colegio a lo mejor el tipo era pedófilo, aunque por otro lado es blanca y el blanco se asocia a la pureza y nunca somos tan puros como cuando vamos a la escuela; yo una vez empujé a un compañerito por las escaleras. 

siempre me costó el colegio, las maestras tenían cara de vaca atada y las vacas son sospechosas; en tercer grado tuve a la señorita Elina, mi papá decía que tenía buenas tetas, si buenas es grandes, tenía razón; una vez me puse a llorar y me hizo upa, la señorita Elina no mi papá que no me hacía upa nunca, me sentó en la falda y trató de consolarme, las tetas me amenazaban, me puse histérica, más lloraba, más me apretaba; más me apretaba, más gritaba; más gritaba, más me estrujaba; mi cara ya era una feta de jamón en un sándwich de tetas, cuando no aguanté más le mordí una y me soltó; mi papá decía que la vida hay que ganársela a las trompadas y creo que un poco de razón tenía. 

el compañerito ese que tiré a mí me encantaba, era re lindo, tenía una sonrisa que te envolvía, él reía y yo flotaba, pero no me miraba; un día estaba con otro chico, feo, y se reían de no sé de qué y se golpeaban los brazos y se seguían riendo y zarandeaban la baranda y se seguían riendo, los varones son medio pavotes y como yo lo único que quería era que me mirara, me senté en el piso y le clavé los ojos en la espalda mirame mirame mirame mirame mirame mirame mirame pensaba, como cinco minutos estuve así, no me miró, me levanté corriendo lo empujé, se cayó, listo; a los tres días volvió enyesado, lo primero que hizo fue mirarme. 

la que también me miraba era mi prima, mientras mis tíos dormían la siesta, nosotras nos quedábamos jugando a las cartas en su pieza, a mí me encantaba desnudarme porque hacía mucho calor, y ella me ayudaba a bajarme la bombacha; ayer la vi después de mucho tiempo, nos juntamos todos en su casa, ella ahora vive en la ciudad pero no la veo muy seguido; ella vive en un barrio, yo en otro, mis padres en otro y mis tíos como siempre en el mar; anoche, en su casa hubo una mesa y un opíparo lechón de navidad que se deshacía ávidamente en la boca de la tía, que reía como si mañana no existiera, yo miraba embelesada cómo la grasa le chorreaba por entre los dedos y las comisuras, el tío toma vino, se emborracha, mira todo con sus ojos de pescado, papá se calienta con la cuñada desaforada pero disimula, mamá se calla como siempre, son cuerpos sin decoro ni decoración, cuerpos como de carnaval, mi prima come como la madre, chupa lame succiona liba una crocante costillita yo también río yo también tomé vino, abro el pecho dejo de protegerme, a ella le gusta que la miren, yo siempre le di todos los gustos, le alcanzo el pan que me pide y saboreo la distancia que se acorta, los dedos que se tocan, todos van cayendo dormidos sobre la mesa menos ella que huele a terciopelo, tengo miedo en las manos, no me quiero dormir, nunca me quiero dormir porque cuando me duermo me vienen ganas de no despertarme, después cuando me despierto me olvido; ahora me rindo, quiero oler, me gusta oler a la gente, oler para entender.

¿y si aprovechamos que mis viejos se quedan acá unos días y nos vamos al mar? la casa está vacía, me dice, pícara; el mar queda lejos, ¿y si me mostrás tu pieza? le contesto; no pensé que, me dice; no pensés, la interrumpo; no hablemos más, al silencio cuando llega no se lo molesta, se lo deja vivir; nos sentamos en su cama, una enfrente de la otra, abrazándonos las rodillas como cuando éramos chicas bah, yo era chica ella ya hacía rato que se peleaba con su papá y con el mío; cómo se enojaba cuando mi papá me decía que a mí nadie me iba a mirar porque era del montón, ahora dice que no se acuerda pero me defendía; nos pusimos a hablar; de esos veranos en los que yo me quedaba en su casa, de los helados que tomábamos en el pueblo, de los paseos a caballo, las tardecitas en las que me enseñaba a jugar a las cartas a la escoba de quince al chinchón y al culo sucio, de todo lo que genera el volver, de volver a un lugar aunque no nos movamos, de volver con el pensamiento y la palabra; volver a siempre, volver a nunca.

me agarró de la mano y, despacio, como antes, me empezó a sacar la ropa, me acarició el pelo con dulzura me dio besos chiquitos en la nuca, todo como antes igual igual fue como un tornado de recuerdos, cómo creciste, me dice; y, pasaron más de treinta años, le digo; qué linda que te pusiste, me dice; ¿por qué llorás?, le pregunto; no lloro, me emociono, me contesta, nos besamos con torpeza y me gustó, no puedo decir que no, la diferencia ahora es que yo hacía y ella se dejaba, como mostrándole todo lo que aprendí; un cuerpo entero a mi disposición, le hago cosquillas se ríe, le pellizco un pezón, se ríe más, sh no quiero que se despierten, le retuerzo un poquito el otro, gime; bajo, me entusiasmo, muerdo, se queja, callate, enloquezco, escarbo, no puedo parar, me zambullo, todo desaparece todo dura lo que un relámpago; no tenía idea de lo fascinante que puede ser escarbar, un cuerpo desnudo es tan vulnerable, ella huele a sueño y yo a pesadilla, se me pierde la boca, empiezo y no puedo parar, pego pego pego, encuentro una botella, directo a la cabeza, ella abre la boca insinuando un grito, no puedo soportarlo, no los va a despertar, con un cuchillo que sin querer me traje de la cocina le corto la lengua y se lo clavo en el cuello, de pronto encuentro unos ojos que están vacíos o mejor dicho llenos de humo, un cuerpo no del todo muerto, me detengo, tranquila, sin apuro, me dedico a olfatear, con los ojos cerrados, como un ciego frente al mar; la huelo toda completa, sin interrupciones, el pelo la boca el cuello las axilas el ombligo la vagina las rodillas los pies y vuelvo a empezar, me entretengo un rato, sigo quebrando uñas, cuando me cansé me senté al lado del silencio, no es fácil morir a otros pero no me trago más demonios. 

y me vine al mar, deben estar como locos allá en la casa tratando de entender qué pasó, es que la sidra y la sangre no maridan, mucho menos a la mañana, despertarse de la borrachera y encontrarse con los jirones de una fiesta no es fácil ¿de dónde saqué esa palabra? ah sí mi abuela siempre decía aunque deje en el camino jirones de mi vida lo repetía todo el tiempo. 

yo no tenía un plan, no lo pensé por adelantado, una cosa trajo la otra y bueno; me divierte imaginarme las caras, los gritos, mi familia grita mucho.

la vida a veces es inevitable.

 

Diario de una Viejennial

1.-

La vida es una circunstancia por la que hay que atravesar de la mejor manera posible. Tengo más de medio siglo encima, a mí no me la van a venir a contar. Si una hace lo que tiene que hacer y punto, todo fluye. Los demás no te joden. O te joden menos. Porque siempre algún jodido te vas a encontrar. Cerrás los ojos, apretás los dientes y que pase de una buena vez. Si te entra mucha luz en la cabeza terminás con jaqueca. Si no querés saber, no preguntás. Listo. En la puerta de mi casa, por ejemplo, tengo una fuente chiquita con sapitos que escupen agua. Es horrible, me la regaló mi suegra con una tarjetita que decía “para limpiar las malas ondas de la casa” y me dijo “ponela en un lugar que se note, que me salió cara”. Y yo te pongo los sapitos en la puerta, total ni los miro, y a otra cosa mariposa, todos contentos. Hay que aprender a llenar los formularios con la palabra correspondiente. Sanseacabó. Otro ejemplo: cuando me despierto a la madrugada, los ojos como dos huevos fritos, la boca como seca, no me preocupo ni me hago rollos. Me levanto, me voy al living y me pongo una película de esas que dan a esa hora que no entiendo pero quién quiere entender algo a las cuatro de la mañana. Y espero que me venga el sueño otra vez. O saco a pasear al perro. En bata y pijama, por supuesto, no me voy a andar cambiando, quién me va a ver, a esa hora no anda nadie en la calle. Siempre pensé igual, por eso hoy me agarré de sorpresa. No sé qué me pasó.

 

2.-

Resulta que me despierto a las cuatro, me miro el capítulo tres de la temporada cinco de una serie que no conocía, termina, me miro otro, se ve que era una maratón; saco al perro, vuelvo, me cambio, desayuno y me voy al chino a hacer las compras, el que está a la vuelta, el que abre temprano. Aprovechá, me dije, a esta hora no hay nadie. Vuelvo. Me lo encuentro al José Daniel parado en el medio de la cocina, ocho de la mañana, despeinado, no se había lavado ni los dientes. “¿Todavía no me hiciste el mate?”, me dice. “¿Por qué no te vas a la puta que te parió?”, le contesto. No me la vi venir, si yo no puteo nunca. Sin gritar se lo digo. Como quien dice no sabés a quién me crucé en la esquina. Como quien pregunta, ¿dulce o amargo? Me fui a la pieza, puse tres boludeces en un bolso y me vine a un hotelito barato en el centro. Lo dejé solo en Lanús. Bah, solo no, con el perro. Y los chicos. Aunque los chicos ya vuelven poco. No sé qué me pasó. 

 

3.-

Tengo el wassap que me explota. “¿Vas a volver?”, pregunta José Daniel. No, contesto yo. “¿Vas a volver?”, pregunta Sofía, la nena. No, contesto yo. “¿Vas a volver?”, pregunta Pablo, el nene. No, contesto yo. “Volvé”, no pregunta mi suegra. No, contesto yo. Ay, Virgencita de Luján, ¿cuántas veces hay que decir algo para que lo entiendan? Carajo.

 

4.-

Para mí que esto se me venía cocinando y no me di cuenta. Lo digo porque el domingo pasado, como yo estaba media aburrida, José Daniel me invita al Easy a elegir una plantas. A mí me gustan las plantitas. Me elegí un helecho, dos cactus chiquitos y una suculenta. Quería un potus también pero él me dijo que estaba muy caro así que lo dejé donde estaba. Cuando llegamos de vuelta a casa, veo a la chusma de al lado, que nunca tiene nada que hacer, sentada en la vereda. Igual me da lástima, pobre, tiene los ojos muy abiertos y los pelos finitos, se lo deja largo para que no se le note pero no le queda bien porque le quedan pocos. Ella el otro día me contó que toma mucho complejo vitamínico pero se ve que no le hace efecto. Entramos, los chicos no estaban, ya son grandes hacen la suya, no están nunca y lo bien que hacen, y me pongo a plantar las plantitas. Tarareaba y plantaba, tarareaba y plantaba. De golpe, José Daniel me dice: “Estás contenta, ¿qué te pasa?” Tuve la impresión de que se me clavaba una espina en la nuca, entre vértebra y vértebra, pero no me hice caso. Capaz era un mosquito, vienen cada vez más grandes. “Me gustan mis plantitas,” le contesto. Ahora que lo pienso, con el diario del lunes... Será que no me ve, pero a esta altura no le voy a andar comprando una linterna al boludo.

 

5.-

No sé si voy a volver, tengo que pensar, pero me parece que me voy a tomar un tiempito. La verdad es que si vuelvo, no vuelvo, porque no sé pero algo se me cambió adentro. Y esto es muy complicado para explicárselo al José Daniel, no me va a entender, se va a preocupar y cada vez que se preocupa dice estupideces. El tema es que vive preocupado. Para qué me voy a poner a hablar si nadie quiere escuchar lo que no quiero decir. Además, mi amiga Nancy que vive sola porque nunca se casó ni tuvo hijos pobre, bah no sé si pobre, vive en Capital y me dijo que me vaya a quedar con ella todo el tiempo que quiera. Nancy tiene un emprendimiento. Teje al crochet y hace muñequitos, carpetitas, ropita para bebé, chalecos, bufandas, mantas, lo que le pidas te teje, hasta fundas para melones te hace, y tiene tantos encargos que necesita ayuda. En vez de tomar una empleada con todos los problemas que trae eso, voy yo, la ayudo, aumentamos la producción, me paga el sueldo a mí, compartimos los gastos de la casa y ganamos las dos. No, si yo a veces me hago la boluda pero pensar, pienso muchas cosas. 

 

6.-

Ya estoy instalada en lo de Nancy. Lindo el departamento. Es lo que se llama un tres ambientes con dependencias. Por ahora estoy durmiendo en un sofá en el tallercito que se armó en el dormitorio que le sobra. Pero me dijo que la semana que viene compramos una camita y mudamos el tallercito a la dependencia. “No, Nancy, no quiero ocasionarte más molestias, bastante que me recibís, yo no tengo problema en dormir con tus cositas de crochet”, le dije. “¿Con qué necesidad si tenemos el otro cuarto sin usar?”, me contestó, “Si vamos a vivir juntas quiero que estés cómoda.” Ella ya da por sentado que vamos a vivir juntas, así de buena amiga es. Si lo pienso, acá yo soy más yo que allá. A la casa estoy acostumbrada, no voy a decir que no. Pero es mucho trabajo, no se termina nunca, cuando no se rompe una cosa se rompe otra, siempre hay algo que hacer y él, como trabaja, no se encarga de nada. El plomero ya me dijo que la canilla del baño no da para más, hay que cambiarla, si es del tiempo de María Castaña, la arregla y dura dos días nomás y a la noche cuando pierde se escucha como un campanario. A José Daniel no le importa porque duerme y ronca como un tronco pero yo tengo el sueño liviano, y ya me cansé de andar a la madrugada mirando películas que no entiendo. Extraño un poco mis plantitas eso sí, pero Nancy me dijo que cuando vaya a buscar la ropa me las traiga y las ponga en el balcón; es precioso el balcón, es un 5to piso con una plaza enfrente, corre un aire hermoso. Al perro no lo extraño, ya me tenía las bolas por el piso. Hace casi una semana que me fui y la verdad que extrañar las plantas nomás es un poco poco. Me siento tonta escribiendo sobre el plomero pero quiero acordarme de todo. Será por eso que empecé este diario, para no olvidar.

 

7.-

Hace diez días que estoy en lo de Nancy. Nos llevamos muy bien. Nos conocemos de toda la vida, fuimos a la escuela juntas, éramos muy amigas. Después estuvimos muchos años sin vernos, ella se vino a vivir a la Capital, yo me casé, los chicos, la casa y todo eso y perdimos el contacto. Pero hace un par de años nos encontramos en una reunión de ex alumnos. Se habían juntado todos en un grupo por Facebook, yo no tengo Facebook pero como vivo en la misma casa desde que me casé a los 20 me fueron a buscar y me encontraron. Y con Nancy fue como si nunca nos hubiéramos dejado de ver. Ella es muy inteligente y muy bonita, siempre lo fue. En la escuela, todos los chicos estaban atrás de ella. Al José Daniel lo conoce, no del colegio porque no era compañero nuestro, del barrio. Me llama todos los días preguntándome cuándo voy a volver. Dice que ya no le quedan calzoncillos limpios. Dice que el perro me extraña. Y lo peor, que se me están secando las plantitas. ¿Tanto le cuesta tirarles un poco de agua? La semana que viene Nancy me dijo que me lleva en el auto, vamos a buscar mi ropa y de paso las traemos. Van a quedar hermosas en su balcón. Los chicos también me llaman, bah no me llaman, me mandan wassap, me preguntan si voy a volver pero no me preguntan cómo estoy. Yo los quiero a mis hijos pero salieron igual al padre así que que se arreglen. Cuando algo se termina, se termina, es al pedo tratar de resucitarlo. Ay, ¿cuándo se me terminarán estos putos calores?

 

8.-

No sé qué me pasa, desde que me fui puteo cada vez más. Y desde que estoy con Nancy peor, ella siempre fue bastante boca sucia. Cuando yo era chica, mi mamá me decía “te voy a limpiar la boca con jabón”, y por ahí yo había dicho ‘caca’ nomás. Eran otros tiempos. Yo sé que hay gente de mi edad más moderna, pero a mí me criaron a la antigua. Si hasta virgen me casé qué pelotuda. Ya estoy puteando otra vez. “¿Tu mamá vive?,” me preguntó Nancy. “Sí, ya tiene casi 90, pero está bien eh. El otro día le conté que estaba viviendo con vos, te manda saludos.” “¿La viste?” “No, no, todavía no estoy para ver a nadie, le mandé mensaje nomás, para que sepa.” “¿Y qué te dijo?” “Saludos a Nancy.” “¿Eso nomás?” “Eso nomás.” “Siempre fue medio conchuda tu mamá.” “Sí, pero viste que yo mucha bola no le daba, hacía la mía.” “¿Y tu suegra qué te dijo?” “Que vuelva, que el nene está solo y que una buena madre no deja a sus hijos.” “Pero si tus hijos tienen casi treinta años los dos.” “Sí, pero me parece que crie dos boludos, no saben hacer nada; igual mi suegra siempre fue de decir cosas feas y nunca le di bola.” “Al final, nunca le diste bola a nadie.” “No, ¿para qué te vas a enganchar? Si los escuchás a todos te vuelven loca.” “Y por eso a los cincuenta y pico metiste tres boludeces en un bolso y estás viviendo conmigo. Dale, nena.” Silencio. “Más vale tarde que nunca. ¿Cuándo querés que vayamos a buscar tus cosas?” “Cuando vos me digas, cuando tengas tiempo.” “Mañana.” “¿Ya?” “Sí.” “Y bueno, dale, y que se vaya todo a la verdadera mierda de una vez.”

 

9.-

Toda la vida me la pasé no diciendo lo que hablaba conmigo misma. Me imaginaba situaciones, por lo general horribles, las actuaba en mi cabeza y hablaba sola. A lo mejor estaba un poco loca, pero nunca se me chifló el moño del todo. Hasta ese día. Qué sé yo, siempre fui tan delicada con los demás; ni siquiera entraba a un local con la bolsa de otro negocio para no ofender al que me atendía. Hoy a la mañana fuimos a buscar mis cosas. No quise ni usar la llave, toqué timbre. José Daniel nos abrió la puerta en pijama, todo despeinado. “Ah bueno, estás como cuando te dejé, decime por favor que alguna ducha te diste, pelotudo.” No sé qué me pasa, lo veo y lo puteo. No puedo parar. Los chicos por suerte no estaban. Voy directo al cuarto y me pongo a sacar mi ropa del placard. Mientras, José Daniel, sentado en la cama, me hablaba. “Te juro que no entiendo, Gorda, ¿por qué no me explicás lo que te pasa?” “Para empezar me rompe las pelotas que me digas Gorda”. “Antes te gustaba.” “Nunca me gustó.” “Antes no puteabas.” “Para afuera, para adentro no tenés idea.” “El perro te extraña.” “Mirá, José, no digás más pavadas que tengo el campanario muy repiqueteado.” “Yo te necesito.” “No es verdad.” “Sí, es verdad y los chicos también.” “No metás a los chicos en esto, hablo con ellos todos los días y están bárbaro; es más, la nena me super apoya.” “Pendeja de mierda.” “¿Cómo?” “Nada, nada, ¿por qué no hablamos?”, me dice y se pone a llorar. Me siento al lado, le pongo la mano en el hombro. “José, querido, fueron muchos años, no voy a decir que dejé de quererte, pero ya no puedo vivir más en esta casa.” “¿Querés que nos mudemos?” “No, no es eso, lo que quiero decir es que necesito un tiempo, necesito pensar, estoy confundida, tengo que estar tranquila y quedarme en lo de Nancy me hace bien.” “Vos no me podés hacer esto, mi mamá está muy mal, ¿quién me va a cocinar?” “Mariquita Sánchez de Thompson, pelotudo”. “¿Quién?” En ese momento entra Nancy. “Ya puse todas las plantas en el auto.” “Vamos. Chau, José.” “Yo te conozco a vos, te vas a arrepentir.” “No sabés cómo me estás ayudando.” Y nos fuimos.

 

10.-

“¿Sabés qué soñé anoche? Que iba por una ruta en medio de un desierto, pero la ruta era verde, un verde manzana fuerte, yo iba en el asiento de atrás de un auto tapizado de rojo, un auto antiguo, tipo un Ford A, y no sabía quién estaba manejando, le veía la nuca nomás, sabía que era un hombre y que estaba muerto, mirá qué loco, el chofer del auto estaba muerto.” “Ese era José Daniel” “Ay, no, Nancy, no digas esas cosas; es medio pelotudo pero tampoco voy a andar queriendo que se muera. Pará que te sigo contando; me desperté, me volví a dormir y otra vez. Ahora iba caminando por una calle pero como afuera de mí; o sea, yo no movía un músculo y había alguien que caminaba y era yo pero no era yo, era como si yo me mirara a mí misma caminar. Ah, y en la esquina de esa calle había una casa llena de agua. Qué raros que son los sueños, ¿no?” “Vos tendrías que hacer terapia, nena.” “No, ¿para qué? ¿Para que me arruinen los sueños? Yo así los sueño y después me olvido y a otra cosa mariposa.”

 

11.-

Desde que estoy viviendo con Nancy se me ha dado por pensar. Me siento en el balcón después de regar mis plantitas y pienso mirando la plaza. Hoy a la tarde, por ejemplo, se me vino así de la nada a la cabeza la palabra nacimiento. Una puede pensar en el nacimiento de muchas cosas pero yo soy mujer y pienso en lo que te sale del vientre, en lo que sale de un huevo, a mí de los huevos me salen muchas cosas últimamente. Desde que estoy viviendo con Nancy me he puesto un poco guaranga también. Es un momento tan tremendo, todo puede salir bien, todo puede salir mal; tanta sangre, las mujeres podemos hacer eso, sangrar y seguir viviendo. Es como meterte en uno de esos laberintos que se ven en las películas de terror, la diferencia es que no querés salir, te querés quedar perdida ahí adentro un rato largo. Pero salís, como tantas otras veces, lo mirás por primera vez y estás tan contenta y tenés tanto miedo, el cuerpo hecho un enjambre de avispas tenés. Me acuerdo que veía tanta luz que me encandilé, que llegué a casa y lo único que quería era estar con ella arriba mío y que cerraran las cortinas. Es que la panza se extraña también. De golpe me dan ganas de llorar, y lloro. Hoy almorcé con la nena, vino a visitarme. Hablamos mucho. “Si vos estás bien, está todo bien, ma”, me dijo. Qué pedazo de mujer que me salió de la panza.

 

12.-

Antes, cuando yo era chica, te decían que Dios estaba arriba en el cielo y veía todo, entonces te portabas bien porque Dios te estaba mirando. Bastante boludos éramos la verdad. Ahora el que te mira es Gúgel. Siempre hay una camarita chismosa en algún lado, espiándote, diciéndote “ojo, portate bien, no te metas el dedo en la nariz”, y una está sola en el ascensor y ni rascarse el culo tranquila puede. Ni hablar de los teléfonos, que son re útiles pero cómo rompen las bolas. O, mejor dicho, cómo rompe las bolas la gente. O, mejor dicho, cómo rompe las bolas José Daniel. Todos los días me manda un mensajito y, cuando no le contesto, me dice “dale, gorda, contestame que veo que estás conectada”. “Dejá de controlarme, José! Y dejá de decirme Gorda!” “Es que te extraño, era fácil vivir con vos”. Yo no sé si siempre fue tan boludo y yo no me daba cuenta o si se puso peor desde que me fui. 

 

13.-

Yo no voy nunca al cementerio, siempre me pareció medio al pedo. Los muertos, muertos están, qué sé yo. Qué va a solucionar una caminando entre lápidas, tumbas y casitas llenas de huesos. Si quiero decirle algo a alguno de mis muertitos se lo digo en mi casa y listo. Pero el otro día, no sé, es como que necesité ir a llevarle unas florcitas al viejo, como que le tenía que explicar. Me levanté temprano, me tomé unos mates y salí antes de que Nancy se levantara. Ella me había dicho que si quería me acompañaba pero yo le contesté que mejor se quedara, que estábamos atrasadas con unos pedidos. La verdad era que prefería ir sola. Fui, le conté y salí más tranquila. Bueno tampoco es que antes estaba nerviosa. Sé que donde quiera que esté me entendió. Ahora sí. Es como que me dio fuerzas. Salí del cementerio y le escribí a Nancy. “Capaz que llego un rato más tarde. No sé si llego a entregarle el pedido a la clienta al mediodía. ¿Le joderá si voy a eso de las cuatro?” “No, nena, qué le va a joder, y si no puede se lo llevás mañana, qué problema hay.” Enseguida escribo otro mensaje. “Hola, ma, ¿estás en tu casa? Si estás te voy a visitar.” “Estoy”, me contesta. Y bueno, algún día me tenía que enfrentar.

 

14.-

Yo una vez escuché que el Papa dijo que había que ‘amar a tus enemigos’. Que me disculpe su santidad pero eso me parece una pelotudez que suena bien. Yo creo que es mucho más importante que todos amen a sus amigos, familia, parientes, vecinos, conocidos, qué sé yo. El mundo sería mejor si todos tratáramos de de verdad amar a los que tenemos cerca. Hasta me parece más difícil. El esfuerzo que una tiene que hacer a veces para seguir amando a su marido, a su suegra, a su cuñada o hasta a sus propios hijos. Además, dejémonos de joder, ¿cuántos enemigos podés tener? A ver si nos vamos a creer tan importantes.

 Después del cementerio la fui a visitar a mi mamá. “Hola, ma, ¿cómo estás?” “Acá ando, respirando.” Mamá siempre fue la alegría de vivir. Después de contarme que le duele la cadera, que se le rompió la mochila del baño y arreglarla le salió un dineral, que la tía Pocha hace mucho que no la llama, me dice, “Pero no te quiero seguir dando la lata, contame vos, hija, ¿qué pasó? ¿Querés un mate? Yo no puedo creer que José Daniel, que siempre fue tan bueno te haya pedido que te vayas, ¿vos le hiciste algo? Comete un bizcochito. Estás más flaca vos.” “Me fui porque quise, mamá, no porque me lo haya pedido.” “Ah, ¿no te echó él?” “No, mamá, ¿cómo me va a echar?” “Y yo qué sé, pasan tantas cosas raras ahora; y entonces, ¿por qué te fuiste?” “La verdad es que es difícil de explicar.” “Ah, entonces vas a volver, me quedo más tranquila. Yo más de una vez quise dejar a tu padre, pero lo pensé dos veces, eso te faltó a vos, pensar un poco y tranquilizarte.” A lo mejor es que empecé a pensar un poco, no le contesté. Le devolví el mate. “Gracias, ma, me voy a tener que ir yendo.” “¿No te quedás a comer?” “No, no puedo, ahora tengo que ir a entregar un pedido, otro día seguro.” A seguro lo llevaron preso, decía mi papá.

 

15.-

“Pero, decime, ¿yo no te traté siempre bien?” “Sí, José, no es eso.” “No es eso, ¿y entonces qué es?” “Basta, José, ya te dije mil veces que no lo puedo explicar, que necesito estar sola.” “No lo puedo explicar, no lo puedo explicar, necesito estar sola. Yo necesito una explicación.” “Tenés olor a papel de diario.” “¿A papel de diario? Si yo no leo el diario.” “Ay, qué difícil que es hablar con un eco.” “Un eco, no te entiendo.” “No importa.” “Con todo lo que hice por vos, la casa que te compré, todo lo que…” “¿Qué ‘me’ compraste a mí? ¿Vos no vivís ahí?” “Bueno, es una manera de decir.” “Nunca es una manera de decir, detrás de esa manera de decir está todo lo que de verdad queremos decir y no nos animamos, por miedo, por cortesía, por amabilidad, por cobardía, por seguir, por eso no decimos y tenemos maneras de decir.” “Desde que vivís con Nancy vos decís cosas raras, mirá que mi paciencia tiene un límite, un día te voy a dejar de llamar, o por ahí cuando quieras volver yo no voy a estar.” “Y lo bien que hacés.” “No te voy a estar esperando toda la vida.” “Bueno.” “¿Eso es todo lo que tenés para decirme? ¿Bueno?” “Sí.” Y por primera vez en mi vida, corté. Nunca le había cortado el teléfono a nadie. Y me sentí tan bien.


16.-

“Nancy, disculpá que te pregunte, si no querés no me contestes, pero no me dan las cuentas. Está bien que tenés unas cuántas clientas y vendemos bastante, pero me das casi la mitad a mí, ¿cómo es esto?” “Primero, no te doy, te lo ganás.” “Bueno, está bien, lo que pasa es que como yo nunca trabajé no estoy acostumbrada a hablar de sueldo.” “¿Cómo que nunca trabajaste?” “Y, no, siempre estuve en la casa.” “¿Quién cocinaba? ¿Quién limpiaba la casa? ¿Quién hacía las compras? ¿Quién llevaba a los pibes al colegio, al pediatra, a la escuelita de fútbol, a danza, a la mar en coche etc. etc. etc.? Mil trabajos tuviste, nena.” “Está bien, tenés razón, pero no me cambies de tema. Nosotras éramos muy amigas y un día no supe más nada de vos, despareciste del barrio. Al principio tenía noticias por tu mamá, pero después tu mamá se murió y no supe más nada.” Y ahí me contó. Que estudió, que se recibió, que tuvo un trabajo, que ganó mucha plata y que un día se cansó, se quemó y mandó todo a la mierda y se dedicó a tejer al crochet. “Como vos.” “¿Y hace mucho de esto?” “Seis meses más o menos.” “Qué coincidencia.” “Alucinante.” Nos abrimos un vino, nos sentamos en el balcón y brindamos por el comienzo de nuevas etapas. Teníamos casi treinta años para contarnos. Nos acostamos muy tarde.

 

17.-

Estaba un poco nerviosa, no lo voy a negar. Todavía no lo había visto. Antes de que llegara, anduve dando vueltas por el departamento como una loca, limpié todo, le cociné el pollo a la sal con batatas al horno que le gusta. Repasé todos los muebles. Fui al chino a comprar una cerveza por si quería y apenas entré volví a ir porque quería tener una gaseosa por las dudas y me había olvidado. “¡Postre! ¡No tengo postre! ¡No tenemos nada dulce, Nancy! ¡Y ya no tengo tiempo de hacer nada!” “Pedí helado.” “Ya pedí pero quería tener algo más; a él le gusta el queso y dulce, voy al chino a comprar dulce de batata con chocolate.” “Estás insoportable, terminala.” “Es que es el nene.” “Y la nena, vienen los dos.” “Tenés razón, tenés razón, pero el nene…” “El nene tiene 24 años, las bolas con pelos tiene.” “Ay, Nancy. ¿Me tenés que hablar de las bolas del nene?” “Es que no te aguanto más, si seguís así me voy a la mierda.” “No, no, no te vayas, quedate a comer con nosotros que te necesito de apoyo.” “Entonces no me rompas más los huevos.” “Cómo estamos con los genitales masculinos, eh.” “Basta.” “Ok.” Timbre. Ay, Dios. Nancy baja a abrirles. Entran. Pablito me abraza. “La verdad no sé cómo hiciste para aguantarlo tanto tiempo. Es re bueno, pero cómo rompe las pelotas”, me dice. Y lloré. Y me di cuenta de que era la primera vez que lloraba desde que me fui. Y fue un alivio. Como mirar el mar por la ventana.

 

18.-

“hola, te llamo, bah, te dejo este mensaje para avisarte que mañana voy a tu casa… ya sé que no vivís más ahí pero sigue siendo tu casa, y me parece que hasta que vos vuelvas lo voy a cuidar un poco al José Daniel, pobre hombre, si a vos no te molesta por supuesto para nada me quiero meter en tus cosas pero cada tanto me voy a dar una vuelta para ver si necesita algo… mañana le voy a llevar unas milanesas para que tenga en el freezer, algo tiene que comer pobre hombre… siempre te quiso mucho, bah no sé si tanto vos sabrás pero ha sido muy amable y gentil como yerno siempre fue muy bueno y nunca te mintió, no como tu padre, que descanse en paz si puede; bah tu padre tampoco era mentiroso, era un poco económico con la verdad nada más… de paso le charlo un poco si a vos no te molesta por supuesto… no te digo que te riego las plantas porque ya me dijo que te las llevaste estarán lindas supongo… viste que yo de chiquita era de las Hijas de María, iba a la iglesia y le pasaba el plumero a los ángeles, se ve que de esa época que me gusta ayudar al prójimo y José Daniel más que prójimo es familia y a la familia no se la abandona.. qué sé yo por lo menos, eso es lo que me parece a mí… bueno, vos cualquier cosa me decís… te dejo un besito.” Este es el audio que me dejó mi madre. Ni aunque lo ponga en velocidad x3 se me hace más liviano.

 

19.-

“Vos te tenés que sacar un Tinder.” “¿Un qué?” “Un Tinder, nena, para enganchar un chongo.” “Dejate de joder, Nancy, a mi altura.” “¿A tu altura qué?” “Ya estoy grande.” “¿Y?” “¿Cómo y? Ya fue.” “Ah, no, no, no, querida, decime, ¿cuánto hace que no cogés?” “Eso qué tiene que ver.” “Mucho tiene que ver, ¿cuánto?” “Un montón.” “¿Un montón cuánto? Porque ya va a hacer como dos meses que estás acá y venías mal con José de antes, ¿cuánto? ¿seis meses? Es un montón.” “Ya ni me acuerdo.” “¿No te acordás cuándo fue la última vez que cogiste con José Daniel?” “No.” “Ah, pero entonces hace un montón.” “Y qué te estoy diciendo.” “¿Y por qué?” “Qué sé yo, para empezar nunca me gustó demasiado, la casa, la rutina, los años, me aburría, no tenía ganas y aparte me dolía, y un día José Daniel dejó de insistirme.” “Son todas cosas distintas. A mí me parece por lo que decís que, para empezar, José cogía para el orto. Después, lo de las ganas y el dolor puede ser por la edad.” “Qué te dije, estoy grande.” “Hay muchas cosas que se pueden hacer al respecto, nena, hay cremitas, ovulitos… y conseguir el chongo adecuado, obvio.” “Yo así estoy bien, estoy tranquila, no estoy para empezar otra relación.” “¿Quién habló de otra relación? Estamos hablando de sexo, nada más.” “No, no, yo no puedo, así no puedo. Eso es una ruleta y yo las pocas veces que fui al casino perdí.” “Mirá, vamos a ir de a poco; primero, ¿cuánto hace que no vas al ginecólogo?” “Un montón.” “Tus ‘un montón’ me asustan. Vamos a sacar turno con la mía, que es una genia y te explica todo de maravillas. Es un tema de salud, querida.” “Si vos lo decís.” “Sí, lo digo. Y vamos a hacer otra cosa, vamos a renovar tu vestuario.” “¿Qué tiene de mal mi ropa?” “Nada, pero me hacés acordar a mi tía Chola.” “Sos mala, eh.” “Te quiero.” “Yo también.” “¿Mañana vamos a comprarnos ropa?” “Bueno.” “Y de paso unas cremitas, como para empezar.” “Sí, dale, tengo la piel de la cara muy seca.” “Sí, para la cara también.”

 

20.-

Hoy sólo compras, carnicería, pescado, super chino, chucherías, un felpudo, lana, hilos, encontré gente que te trata bien, gente que te trata mal, gente que te trata indiferente, gente que hace chistes desubicados y una que sonríe como le enseñaron, no vaya a ser cosa que piensen que una es una amargada, vuelvo a casa, Nancy salió, tengo la intrascendente y vacía llamada telefónica diaria, como no tengo ganas de cocinar me como dos huevos pasados por agua parada al lado de la mesada de la cocina. Y pienso. Qué sé yo, a veces se me va la olla y siento el paso del tiempo a cada instante. A veces, me gustaría vivir 150 años y a veces me moriría mañana. A veces, me duelen los huesos. A veces, el tiempo es ciego. Ya me fui. Ya se cayó todo. O lo que yo creía que era todo. O lo tiré. No me arrepiento. Estoy aprendiendo. Tengo miedo. Tengo miedo al miedo. Pero no voy a parar. Me parece que ya no voy a seguir con este diario. Lo empecé para no olvidar. Lo termino, por ahora, para seguir.