jueves 9 de julio de 2009

La Emilia 20: Nota al pie.

Parece que Feinmann (José Pablo, no el primo) y yo andamos más o menos en la misma. Hace unos días, escribió un artículo en el que decía: “No obstante, uno se siente cada vez más raro en este país y hasta en este mundo. Se mete para adentro, se guarda, escribe y dice algunas cosas”. Aunque debería decir andábamos. Unos días atrás. Hoy y solamente hoy, no sé mañana, he decidido que de ahora en más voy a decir más que “algunas cosas”. Me perdí por unos momentos, pero I’m back. Preparensén. Eso sí, prometo que trataré de perfeccionar el arte de decirlo de la mejor manera posible. Pero no creo que me salga. Jodansén.
Para empezar, me ponen de muy mal humor los buenos. Son sospechosos.
Esa gente con cara de buena, actitud de buena, que nunca habla mal de nadie, que siempre tiene a flor de labios una frase optimista y conciliadora, que permanentemente te compele a que veas el lado positivo de las cosas. Esa gente cuya frase favorita es “no hay mal que por bien no venga”. Esas minas que vienen a tu casa y te traen una torta recién hecha (por ellas, obviamente), que te preguntan cómo estás, que todo el tiempo quieren saber si te pueden ayudar en algo. Que no paran de ofrecerte cosas. Que dicen ser tus amigas. Que te regalan para tu cumpleaños una camisa blanca de broderie acompañada de una tarjetita con un osito que dice, por ejemplo, “Buscaba la dicha en la amistad y no me equivoqué porque la encontré contigo”. Esa gente así, como la vecina de mi amiga. Que no paraba de decir que era “floja de corazón” y que llevaba caramelos en su camioneta 4x4 para darle a los chicos que piden plata en las esquinas. ¿Pero quién te pensás que sos? ¿Teresa de Calcuta Revisited? Ojalá que seas floja de corazón y te dé un infarto masivo, hija de una reverenda yegua puta, con perdón de las yeguas y de las putas. Ojalá que la próxima vez que vayas a correr al parque te cagues encima y tengas que limpiarte el culo con una ortiga. Ojalá que, de ahora en más, cada vez que estés desnuda en la cama con un tipo no puedas parar de eructar y tirarte pedos. O mejor, como todos estos deseos míos casi seguro no se cumplen, la próxima vez que te vea caminando de la mano con el ex marido de mi amiga, te agarro de las mechas. ¿Tu mamá no te enseñó que eso no se hace, nena? ¿Que con el de una amiga, por más ex que sea, no?
Y al final no me salió, voy a tener que seguir practicando.

martes 7 de julio de 2009

La Emilia 19: Rara, como encendida...

Una sabe, siempre sabe. ¿Qué te pasa, Emilia? Nada, contesto, con la más cara de Emilia que alguien se pueda imaginar. En eso, en hacerme la boluda, convengamos en que tengo un master. Doctorado en cara de nada.
Pero en el fondo, una sabe. Por lo menos eso dice, o decía, mi psicólogo a quién abandoné hace un tiempo porque ya no aguantaba más; pero no quiero, decirlo digo. Ni escucharlo. Ni pensarlo. Ja ja, qué fácil…
Me siento muy sapo de muy otro pozo muy todo el tiempo.
Casi nunca quiero estar en el lugar en el que estoy ni con la persona con la que me encuentro. No es que me caiga mal la gente, todo lo contrario, todo el mundo me cae bárbaro. Menos yo. No me soporto más. Me aburro soberanamente cuando estoy con otros. Cuando estoy sola, peor. ¿Por qué será que siempre tengo la sensación de que los demás tienen vidas mucho más interesantes que yo? Ah, ¿sabés qué hice ayer? Me acosté con mi cuñado y creo que estoy enamorada; me cuenta una, que no sabe que hace diez minutos su cuñado me contó ¿A que no sabés qué hice hoy a la mañana? Finalmente, me acosté con Rafael y creo que estamos enamorados. Eso sí que es no aburrirse, carajo. Qué bello es vivir, decía Capra; que por otro lado nunca había visitado el segundo cordón del conurbano bonaerense.
Cuando hay mucha gente en un lugar, me quiero ir, siempre, y, cuando logro estar sola, siento abandono. Es preocupante. No hay cura. Juro que me esfuerzo por perder el tiempo, pero no me sale. Cuando estoy mala me digo cosas horribles: pelotudona (que, como todos podrán apreciar, es muchísimo peor que pelotuda a secas); mediocre proyecto de intelectual; de qué te quejás si tenés menos atractivo que un cobayo. La verdad es que soy un encanto.
Decir que ya me conozco y mucho bola no me doy cuando me pinta la autoestima baja, que si no…
Es lo que decía al principio, master tengo….

miércoles 1 de julio de 2009

Despojos.



El sol pegaba fuerte en el cementerio. Él, tal cual le había enseñado su madre, no había perdido ni por un instante la compostura. Las amigas de su mujer habían puesto cosas dentro del cajón. Un paquete de cigarrillos, una entrada a la cancha y una petaca. No lo entendía bien. Los veintisiete años de matrimonio se le hacían pedazos. Sabía que en esta historia de origen manchado no había inocentes. Pero aún así, lamentaba no poder comprar recuerdos. De golpe se dio cuenta de que había sido necesario que se muriera para conocerla. Tarde, una vez más llegaba tarde.

martes 30 de junio de 2009

Gracias...

... al escritor y editor Sergio Gaut Vel Hartman y a Miguel Dorelo por incluir mi relato "Sueños rotos" en el excelente blog http://quimicamenteimpuro.blogspot.com/.



jueves 25 de junio de 2009

A quién corresponda.

Yo era una de esas personas que llevan por la vida la carga pesadísima de ser los únicos - casi los únicos - testigos de su propia capacidad, su inteligencia, sus talentos. De esas personas que se ayudan, para levantar ese peso, con la convicción de que si quisieran - si se tomaran el trabajo - harían cosas muy extraordinarias pero no vale la pena tanto esfuerzo, el mundo no lo merece, para qué, cualquier imbécil puede hacer esas cosas que el mundo reconoce. No es fácil renunciar; mucho más fácil es hacerlas. Porque ese ejercicio de desdén no puede evitar caminar siempre por la cornisa del pánico: ¿y si fuera solamente que no puedo?






de A quién corresponda, de Martín Caparrós.

domingo 21 de junio de 2009

La Emilia 18: Tristeza nao tem fin.

Por favor, a todos los que me conocen, les digo que, si no quieren despertar una especie de tsunami verbal en mí, traten en lo posible de evitar pronunciar las siguientes frases en mi presencia:

*Justo ayer estaba haciendo zapping y de casualidad vi… (llénense los puntos suspensivos con el nombre de un programa de TV pedorro)

*Mi mayor defecto es que soy muy sincera (Y el mío que tengo las tetas de la Cucinotta)

*Para salir, hay que tocar fondo de verdad. (¿Qué fondo, la puta madre? ¿No alcanza con abrir la puerta?)

*Yo conocí el infierno de las drogas y me pude salvar. (Disculpame, pero usar la frase “el infierno de las drogas” es prueba suficiente de que no te salvaste)

*¡Qué casualidad que me llamaste! Justo estaba pensando en vos. (Y yo estaba pensando en hacer una donación a la Madre Teresa de Calcuta)

*Te lo cuento a vos pero, ¡por favor! Que no salga de acá. (Ja – Ja – Ja)

*Hay que disfrutar el aquí y el ahora. (Chau entonces, negrito, me voy a disfrutar de la vida en vez de escuchar las boludeces que decís)

*Si la empresa crece, crecemos todos. (Andá a la reputamadrequeteparió)

*Llevátelo, te queda divino. (Andá a la reputamadrequeteparió 2)

*No sos vos, soy yo.

viernes 19 de junio de 2009

La delgada línea roja.

Tonto, necio, estúpido, opa, ganso, hasta pánfilo llegaron a decirme. Limitado, corto, que no tengo todos los caramelos en el frasco, que tengo unos cuantos jugadores lesionados, que no me sube el agua al tanque. Pobrecito. Ah, inimputable también escuché una vez. Y bueh, ella me sacó hacia fuera de mí mismo y la tuve que matar. Total, vamos, si era una puta. Estoy contento porque esto me hace notorio. E importante. Porque no pienso poner cara de conejo en desgracia, al contrario, lo voy a llevar con orgullo. Y ellos, que me conocen de toda la vida, ahora, cuando me vuelvan a ver, me van a empezar a tratar con más respeto. Por las dudas. Pobres, ¿no?

martes 16 de junio de 2009

La Emilia 17: ¿Quién acompaña tu marchaaaaaa?

Yo no soy creyente, pero cuando me dicen que dios me va a castigar, a veces, me asusto. Por eso, cuando llego a casa después de ver a mi madre, me pongo la ropa que me regaló y escucho los cds que me compró. Siempre. Esta vez, debo reconocer que me entusiasmaba la idea de volver a escuchar algunas canciones que formaron parte de mi más tierna infancia, diría el Doctor Socolinsky. Supuse, equivocadamente, lo que es habitual en mí por cierto, que me emocionaría, que me reíría, que me provocaría ternura, que me ….. No. Por poco ni me las acordaba las canciones, así que dejé la música de fondo mientras me cocinaba algo… No debemos de pensar que ahora es diferente, mil momentos como éste quedan en mi mente Empieza la canción y yo empiezo a recordar… No se piensa en el verano cuando cae la nieve… ¡Qué metáfora, lo parió! Deja que pase el momento y volveremos a querernos… ¡Error! Never se vuelve, querido... Tú, aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo…. Escucho esta última frase y no puedo dejar de pensar en la tía Herminia que está totalmente convencida de que todos los músicos y/o artistas de cualquier tipo y factor se drogan, a lo mejor tiene razón. Callada, aguardo tu llamada, espero en celo tu llegada, me abrazo fuerte a la almohada, me embriago de su perfume que huele a nuestras noches de amor. La verdad es que hay que ser muy pero muy inteligente para decir que estás caliente y te hacés una pajota sin que nadie se ofenda. Aplausos. Callada, (canta él, Camilo, obviamente), perdonas con ternura, todas mis locuras, y aunque sé que nada ignoras, y que por mis errores lloras, no soy capaz de cambiar. ¡Qué hijo de puta!, sonrío y, sin querer, grito: ¡master of the universe!… Ella: Y a pesar de todo, y a pesar de todo, te sigo queriendo. ¡Qué boluuuuudaaaaaaaaaa!!!! Él: Por tu timidez, por tu sencillez, por tu alma blanca. ¿Qué soy una palomita yo? ¿No entendés que te acabo de decir que estoy en celo? Ella: Por tu buen amor, por tu gran valor... Los dos: Porque sé que nunca me darás la espalda... Repitum ad infinitud… Cuando me di cuenta de que estaba cantando a viva voz, la cuchara de madera como micrófono, que la salsa de tomate de mierda que me estaba haciendo ya se me había quemado y que me había manchado la remera de leopardo que me había comprado mi mamá, decidí llamar a Verónica, antes que ponerme a llorar.

martes 9 de junio de 2009

La Emilia 16: Parte de la religión.

Mi mamá es de esas mujeres que se compran una blusa aunque le quede grande y le chingue por el solo hecho de que está en oferta. Después, como no sabe qué hacer con el adefesio, me la regala a mí. ¿Y yo qué hago? Me la pongo, por supuesto, y le agradezco. ¿Por qué? Ya todos sabemos por qué, para qué nos vamos a poner reiterativas. A veces, la cosa no termina con la ropa. El otro día, por ejemplo, me esperaba con un par de cds, uno de Franco Simone, y otro de Ángela Carrasco y Camilo Sesto, sólo faltaba el Dúo Candela preguntándome a los gritos ¿Quién extenderá mi cama? Antes de dármelos, por supuesto, no pudo dejar de alabar a la hija de su amiga. Es tan buena, la viene a ver todos los días a la madre. La hija de la amiga de mi mamá es simplemente beige y debe de tener como objetivo en la vida graduarse de telemarketer. Mi mamá lo sabe pero, como practica ese tipo de crueldad que nace de la necesidad (de la necesidad de romperme las pelotas a mí de por vida), no puede dejar de nombrarla y elogiarla cada vez que se le presenta la oportunidad (que son muchas, muchas más de las necesarias). Es tan buena, repite. Una madre que se precie de tal siempre sabe qué botón apretar y una hija a la altura de las circunstancias nunca deja de saltar ante el estímulo. ¿Por qué es buena, mamá? ¿Porque no mató a nadie? Ahí está, ya tenías que repetir la típica frase de tu padre. A papá dejalo en paz, por favor. Tu padre hace rato que duerme en paz…. Decime, nena, ¿vos te alimentás bien? ¿Cómes milanesas de soja? Porque el otro día leí en una revista que hacen re bien. Ok. Es así, mi mamá no usa palabras, usa garrotes. Mejor me voy a casa a escuchar Los grandes éxitos del amor.

sábado 6 de junio de 2009

Aún soltera.

Me hizo recordar todo lo que me faltaba y comencé a llorar. Yo ya era vieja y compleja. Demasiado. Todo lo descripto estaba lejos de mi vida; nunca lo había experimentado y ya no lo podía hacer. Nunca pude llorar por celos, ni por incomprensión. Nunca pude reír porque sí, ni porque escuchaba chistes inteligentes. Nunca pude sentarme en un banco de la rambla a tomar un helado porque me daba vergüenza hacerlo sola. Nunca tuve el tiempo ni la oportunidad para hacerlo. Nunca fui joven, aún soy niña. Una niña de cuarenta años. (...) Volví a la cama y me dormí sin querer.


de "Aún soltera", de Dani Umpi.