Parece que Feinmann (José Pablo, no el primo) y yo andamos más o menos en la misma. Hace unos días, escribió un artículo en el que decía: “No obstante, uno se siente cada vez más raro en este país y hasta en este mundo. Se mete para adentro, se guarda, escribe y dice algunas cosas”. Aunque debería decir andábamos. Unos días atrás. Hoy y solamente hoy, no sé mañana, he decidido que de ahora en más voy a decir más que “algunas cosas”. Me perdí por unos momentos, pero I’m back. Preparensén. Eso sí, prometo que trataré de perfeccionar el arte de decirlo de la mejor manera posible. Pero no creo que me salga. Jodansén.
Para empezar, me ponen de muy mal humor los buenos. Son sospechosos.
Esa gente con cara de buena, actitud de buena, que nunca habla mal de nadie, que siempre tiene a flor de labios una frase optimista y conciliadora, que permanentemente te compele a que veas el lado positivo de las cosas. Esa gente cuya frase favorita es “no hay mal que por bien no venga”. Esas minas que vienen a tu casa y te traen una torta recién hecha (por ellas, obviamente), que te preguntan cómo estás, que todo el tiempo quieren saber si te pueden ayudar en algo. Que no paran de ofrecerte cosas. Que dicen ser tus amigas. Que te regalan para tu cumpleaños una camisa blanca de broderie acompañada de una tarjetita con un osito que dice, por ejemplo, “Buscaba la dicha en la amistad y no me equivoqué porque la encontré contigo”. Esa gente así, como la vecina de mi amiga. Que no paraba de decir que era “floja de corazón” y que llevaba caramelos en su camioneta 4x4 para darle a los chicos que piden plata en las esquinas. ¿Pero quién te pensás que sos? ¿Teresa de Calcuta Revisited? Ojalá que seas floja de corazón y te dé un infarto masivo, hija de una reverenda yegua puta, con perdón de las yeguas y de las putas. Ojalá que la próxima vez que vayas a correr al parque te cagues encima y tengas que limpiarte el culo con una ortiga. Ojalá que, de ahora en más, cada vez que estés desnuda en la
cama con un tipo no puedas parar de eructar y tirarte pedos. O mejor, como todos estos deseos míos casi seguro no se cumplen, la próxima vez que te vea caminando de la mano con el ex marido de mi amiga, te agarro de las mechas. ¿Tu mamá no te enseñó que eso no se hace, nena? ¿Que con el de una amiga, por más ex que sea, no?
Y al final no me salió, voy a tener que seguir practicando.
Para empezar, me ponen de muy mal humor los buenos. Son sospechosos.
Esa gente con cara de buena, actitud de buena, que nunca habla mal de nadie, que siempre tiene a flor de labios una frase optimista y conciliadora, que permanentemente te compele a que veas el lado positivo de las cosas. Esa gente cuya frase favorita es “no hay mal que por bien no venga”. Esas minas que vienen a tu casa y te traen una torta recién hecha (por ellas, obviamente), que te preguntan cómo estás, que todo el tiempo quieren saber si te pueden ayudar en algo. Que no paran de ofrecerte cosas. Que dicen ser tus amigas. Que te regalan para tu cumpleaños una camisa blanca de broderie acompañada de una tarjetita con un osito que dice, por ejemplo, “Buscaba la dicha en la amistad y no me equivoqué porque la encontré contigo”. Esa gente así, como la vecina de mi amiga. Que no paraba de decir que era “floja de corazón” y que llevaba caramelos en su camioneta 4x4 para darle a los chicos que piden plata en las esquinas. ¿Pero quién te pensás que sos? ¿Teresa de Calcuta Revisited? Ojalá que seas floja de corazón y te dé un infarto masivo, hija de una reverenda yegua puta, con perdón de las yeguas y de las putas. Ojalá que la próxima vez que vayas a correr al parque te cagues encima y tengas que limpiarte el culo con una ortiga. Ojalá que, de ahora en más, cada vez que estés desnuda en la
cama con un tipo no puedas parar de eructar y tirarte pedos. O mejor, como todos estos deseos míos casi seguro no se cumplen, la próxima vez que te vea caminando de la mano con el ex marido de mi amiga, te agarro de las mechas. ¿Tu mamá no te enseñó que eso no se hace, nena? ¿Que con el de una amiga, por más ex que sea, no?Y al final no me salió, voy a tener que seguir practicando.





, grito: ¡master of the universe!… Ella: Y a pesar de todo, y a pesar de todo, te sigo queriendo. ¡Qué boluuuuudaaaaaaaaaa!!!! Él: Por tu timidez, por tu sencillez, por tu alma blanca. ¿Qué soy una palomita yo? ¿No entendés que te acabo de decir que estoy en celo? Ella: Por tu buen amor, por tu gran valor... Los dos: Porque sé que nunca me darás la espalda... Repitum ad infinitud… Cuando me di cuenta de que estaba cantando a viva voz, la cuchara de madera como micrófono, que la salsa de tomate de mierda que me estaba haciendo ya se me había quemado y que me había manchado la remera de leopardo que me había comprado mi mamá, decidí llamar a Verónica, antes que ponerme a llorar.

