
lunes 2 de noviembre de 2009
Don Raúl.

viernes 30 de octubre de 2009
Máquina de Arte.
Propuesta interesante la de poner una ficha en una antigua expendedora de cigarrillos y sacar una pequeña obra de arte. Se le ocurrió a la gente de Vía Postal hace unos años. Y hace unos meses convocaron, junto con el Centro Cultural Recoleta, para una muestra con motivo del Bicentenario. Mi amiga, la Mori, la misma que me insistió para hacer un blog, (con la que recomiendo que se pongan en contacto porque se está lanzando como agente cultural y es un fenómeno) me convenció y me presenté. Y me eligieron. La serie se llama “Vidriera irrespetuosa”. La idea es unir una frase muy reconocida con imágenes de personajes o hechos que aparentemente no tengan nada que ver entre sí. Estos son los dos bocetos que mandé:
“La base está".
“No habrá ninguna igual. No habrá ninguna".
Ahora a pensar nada más y nada menos que otros cincuenta!!
jueves 29 de octubre de 2009
La Emilia 32: Puedes dejarte el sombrero puesto (y, en realidad, el resto de la ropa también)

lunes 26 de octubre de 2009
Humano, demasiado...

jueves 22 de octubre de 2009
La Emilia 31: Fever Night Fever Night Fever

viernes 16 de octubre de 2009
Abelardo, el admirado.
miércoles 14 de octubre de 2009
La Emilia 30: Las invasiones bárbaras.

domingo 11 de octubre de 2009
No es literatura... pero es arte.


viernes 9 de octubre de 2009
Maldad inocente.
Fueron sus últimas palabras. No habló más esa tarde. Explotó, ella por supuesto.
“No tenés derecho”. La invadió una especie de crueldad necesaria que no pudo contener. “Siempre mirándome con ojos de buitre, como si yo fuera una momia”. Imbécil fue lo menos que le dijo. “Sacás lo peor de mí”. Confesó sus amantes. “Impotente, mariquita, inútil”. No podía parar. “Te veo y me dan ganas de vomitar”. Tuvo la imperiosa urgencia de tirarle el mundo por la cabeza. “La culpa de todo la tenés vos”. No le alcanzaba con humillarlo, quería más. “Poca cosa”. No lo podía evitar. “Sabés que tengo razón, lo sabés”. Quería una especie de resarcimiento que estaba convencida que merecía. “¿Quién te pensás que sos? Estúpido. ¿Barreda? Pero dejá ese cuchillo donde estaba, haceme el favor. Ni que te fueras a animar.”
Fueron sus últimas palabras. No habló más. Nunca más. Se fue a la facultad caminando, él por supuesto.



